Memoria y olvido

Sí, estoy de acuerdo en que retiren los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos, un conjunto monumental de una vulgaridad ciclópea creado por el dictador a mayor gloria de su triunfo criminal y de su propio caudillaje. Cuando el 1 de abril de 1959 la Basílica fue inaugurada, Franco se acercó al arquitecto y director de las obras, Diego Méndez, y le comentó: “Bueno, Méndez, y en su momento, yo aquí, ¿eh?”. El franquismo nunca se asumió como un régimen abierto a todos los españoles. Por su propia naturaleza ni podía ni quería suscribir ningún propósito conciliatorio, Su  mundo ideológico distinguía perfecta y aviesamente entre vencedores y vencidos y así se mantuvo hasta el final.  Por lo demás el Valle de los Caídos forma parte del patrimonio del Estado y resulta bastante repulsivo que acoja el mausoleo de un déspota sanguinario. Y, sin embargo, no deja de ser entre decepcionante y cansino escuchar a las izquierdas hablar de Franco en el Congreso de los Diputados como si fuera un enemigo al que se debe exterminar cuarenta años después de muerto. Este país sería un lugar adulto y maduro si un simple decreto estableciera la desaparición del mausoleo y la entrega de los restos a la familia del dictador, sin una derecha que remolonea estúpidamente para no correr el inaudito riesgo de parecer rogelia ante las muchas decenas de miles de votantes filofranquistas, y una izquierda empecinada en mantener a Franco con respiración simbólica asistida.

En uno de sus últimos libros Todorov señalaba la aparición en Europa de un culto nuevo y obsesivo, “el culto de la memoria”.   Recuperar una memoria falseada, secuestrada, olvidada deviene sin duda un deber ético, pero insistir en rescatar toda memoria y cualquier memoria con porfía y dramatismo supone entrar en un dédalo de contradicciones en el que todos los materiales e intenciones no son dignos ni nobles. Entre otras razones, porque cualquier operación de rescate de la memoria se realiza selectivamente desde unos supuestos culturales e ideológicos concretos y que, por supuesto, no se comparten con unanimidad. Hace unos días el Parlamento de Canarias decidió que en los museos de las islas “debería explicarse el genocidio de los guanches”. Admitamos que se trató de un genocidio para no lastimar la sensible piel de sus señorías.  En todo caso, un acto cruel y bárbaro sin duda. Pero me pregunto – sin demasiado entusiasmo — cuándo pediremos perdón los canarios por haber sido plaza de compraventa de esclavos, por ejemplo. En Las Palmas de Gran Canaria, en Santa Cruz de Tenerife, en La Laguna y en algunas otras localidades isleñas se vendieron esclavos, fruto de las sacas que se practicaban bajo estrictos criterios empresariales en las costas africanas. Algunos se quedaron aquí, comprados para trabajar, en condiciones bastante peores que las de un diputado, en los ingenios azucareros.

También en numerosas ciudades españolas las nuevas fuerzas izquierdistas, izquierdosas o izquierderas han multiplicado propuestas para llenar todas las calles de lápidas y paneles que divulguen y exalten a víctimas del pasado próximo y remoto, con especial preferencia por la Guerra Civil y la II Guerra Mundial. La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, pretende señalar, para que no se olviden jamás, los lugares de tortura y confinamiento durante el franquismo más duro. Arcadi Espada ha preguntado inmediatamente si se incluirá una placa en el domicilio natal del prócer catalanista Franscisco Cambó, que financió a Franco y a sus ejércitos con cientos de millones de pesetas de la época. Lo peor de esta tendencia son dos cosas. Primero que si existe una serpiente peligrosa agazapada en la memoria histórica es fundamentar su rescate y asun su reivindicación misma en el patetismo y la victimización. Y segundo, que el número de víctimas, individual y colectivamente consideradas, es virtualmente infinito, y pronto no se dispondría de espacio para los peatones. Ni para la convivencia. Ni quizás para la memoria misma, que está hecha de recuerdos y olvidos, y no de una luz cegadora y justiciera. No se debe recuperar ni conservar la memoria para tener siempre la razón.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito 3 comentarios

3 Respondiendo a Memoria y olvido

  1. arnaldo martin

    1)Todorov es un autor que leí hace años, sus libros de critica literaria, especialmente sobre literatura fantástica, son de lo mejor. Me ha sorprendido que la gente lo cite en sus comentarios políticos. No era ese su punto fuerte.
    2) La historia que se olvida se repite, y hemos olvidado, a Franco, a nuestras guerras civiles, y por eso tenemos ahora, un numero de emigrantes, que solo tuvimos con Franco, una desigualdad social y pobreza que solo tuvimos con Franco, una falta de libertades civiles que solo tuvimos con Franco, etc..
    3) Vivimos en un pais escasamente liberal y girado a la derecha. Nuestro derecho laboral, nuestras leyes sobre el desahucio, no cumplen el principio liberal de igualdad jurídica, como ha avalado la UE. No es de extrañar con una cultura antiliberal, franquista, en el subsconciente colectivo.
    4) la Constitución de 1978 no se cumple, no se aplica el derecho a la vivienda, la división de poderes, el derecho al trabajo, y la soberania popular, que reside en el Congreso, de donde emana esta PNL, que debería ser de obligado cumplimento por ello, en una sociedad con democracia representativa.
    5) El PSOE o pacta con Podemos o con el PP, las dos opciones son malas y dan asco, pero entre unos mindundis, y unos salteadores de caminos, no hay color.

     
    • Alfonso González Jerez

      1. Todoror hacúa sus reflexiones políticas a partir de consideraciones y contextos culturales que conocía muy bien. No me atravería a decir que no sea su punto fuerte.
      2. Mire, con sinceridad, ¿de qué olvido habla usted? Durante los últimos cuarenta años se ha acumulado una casi inabarcable bibliografía sobre el franquismo. De olvido nada.
      3. E disparatado, simplemente disparatado, comparar la actual situación política, social económica con el franquismo de 1940 o de 1970.En particular la frase “sufrimos una falta de libertades civiles que solo tuvimos con Franco” es grotesco.
      Me voy a dormir.

       
  2. maria pensado

    no usarás, arnaldo, el nombre de tvetan todorov en vano.
    Fantástico AGJ en esa certera foto de la memoria selectiva de sus señorias, pero entienda que el profesor JMGarciaRamos no está pa coherencias académicas. Ahora nos enganchan con una polemica La Matanza y La Victoria y descubrimos que los nombres de los municipios son la causa del fracaso escolar, la violencia machista y que todos los canarios se comportaron al otro lado del charco como fray andresito o el santo hermano pedro. A mirarnos el ombligo y verlo bonito, bonito

     

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