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Después de los comicios autonómicos y locales, la mayoría de los dirigentes de las izquierdas isleñas han cumplido rigurosamente con su liturgia poselectoral, que se articula en dos ritos. El primero consiste en escarnecer las maldades del sistema electoral, que si bien es un ejercicio coherente y aplaudible en el caso de las elecciones autonómicas y sus malhadados topes, se me antoja bastante grotesco cuando se habla del Cabildo Insular, como lo hizo Ramón Trujillo, quien aseguró que se había birlado a la coalición SXT- Izquierda Unida un consejero al que tenía derecho. Toda vez que el procedimiento para la elección de los consejeros de los cabildos insulares es idéntico al que rige en la elección de los concejales de los ayuntamientos, es decir, se atribuyen en función de los resultados del escrutinio entre los partidos que hayan obtenido al menos el 5% de los votos válidos emitidos, aplicando para la proporcionalidad la fórmula de divisor d’Hont, cabe deducir que Trujillo sostiene su argumentación exclusivamente en argumentos morales. ¿Cómo es posible que nosotros, que somos los buenos, no obtengamos ni ese mísero consejero, que además era yo? Intolerable. Es fruto de una maldad artera y planificada. Al parecer el señor Trujillo no conocía previamente el régimen electoral y se vio sorprendido por su intrínseca villanía en la noche del pasado día 22. Sí, sinceramente, Trujillo, y tantos otros trujillos de las izquierdas en los últimos veinte años, me recuerdan la irritada observación de Max Weber en El político: “Esa manía clerical de utilizar la ética para tener razón…”
El segundo rito consiste en llamar lúcidamente a la unión de las izquierdas en la lucha final. Es un clásico, pero en esta coyuntura, y observando los resultados electorales, existen razones para reformularlo. En un magnífico análisis de los resultados electorales, Daniel Cerdán ha señalado que el voto disconforme con el establhisment partidocrático en Canarias ha llevado a uno de cada tres electores a votar en blanco, a votar nulo o a preferir a opciones políticas sin representación parlamentaria, casi todas de izquierda o centro-izquierda. En todo caso la confluencia de las izquierdas en una sola plataforma político-electoral no puede ser un debate sobre cuotas en las listas o conciábulos ideológicos. Debería empezar pasado mañana. Y no únicamente en las instituciones, sino, sobre todo, en la sociedad civil canaria, cuya fortaleza y autonomía son todavía una hipótesis. Las más importantes fuerzas de las izquierdas canarias tienen que priorizar un trabajo político conjunto y coordinador en el espacio público canario antes que emperretarse en frangollar alianzas electorales tres meses antes de que se abran las urnas.

Publicado el por Alfonso González Jerez en General 8 comentarios
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