Chicharrero de corazón

No recuerdo donde leí por primera vez eso de que Santa Cruz de Tenerife es (o fue) una ciudad abierta, liberal y cosmopolita. Parece la afirmación de un humorista, pero en Santa Cruz jamás ha existido un humorista, otra prueba más de que esta soleada y pinturera desolación no ha sido una ciudad abierta, liberal y cosmopolita nunca. Cualquier humorista se expondría a ser lapidado aquí en cuanto ironizara sobre las murgas, o el fracasado ataque de ese cojo resentido, Horacio Nelson o las procesiones de las vírgenes o la inhabitabilidad en invierno o en verano de la playa de Las Teresitas. Como todas las ciudades pequeñas, y aun más las empequeñecidas por sus moradores, las bromas se pagan caro. El simulacro de ciudad no la soporta y te cae encima como un decorado. Todo aquel que ha intentado conquistar esta ciudad con la inteligencia, el humor o la ironía  han terminado, en el mejor de los casos, arrastrando una patita, desde el almirante Nelson a Luis Alemany.
Santa Cruz de Tenerife carece, sobre todo, de sentido eucarístico de ciudad, de intuición de pertenencia, de identidad más o menos compartida que no pase por la libertad irrestricta de mear en las calles los restos de whisky de garrafón durante los carnavales. Nadie se siente especialmente concernido por nada y, menos aun, por lo que ocurre a más de 500 metros de su domicilio. Lo que ocurre a menos de 500 metros, no se diga en los alrededores de mi casa, en cambio, es asunto mío y solo mío. Los vecinos de la avenida de Venezuela, que rechazan la apertura de un centro de acogida de indigentes, se comportan, en fin, como chicharreros normales y corrientes. Chicharreros de corazón: sal a la calle y coge el tambor.  Como si fuera la primera vez. Ni albergues, ni comedores, ni prisiones, ni comisarías o dependencias de la Guardia Civil: en todas esas ocasiones, en diversos puntos de Santa Cruz y del resto de la Isla, se levantan airados los belfos y cloquean las protestas. Mucho cuidado con eso. Los pobres tienen enfermedades, pueden ser violentos, quizás su origen cultural – andaluz, argelino, rumano – les conduzca con naturalidad y un punto de trágica desgana al robo, al asesinato o a la violación. Muy astutamente nadie le ha informado de nada sobre la apertura del centro a los vecinos, caramba, qué distracción más tonta. Cuando aparece la nariz de la izquierda verdadera lanza un suspiro de alivio: las instalaciones del centro de refugio, y en particular las camas, son deplorables, y la izquierda verdadera podrá eludir el peliagudo asunto de si se abre en la avenida de Venezuela o no se abre.
¿Y los míseros canarios? Todo llegará. En un futuro no muy lejano los pobres canarios sabrán defender frente a los mendigos canarios su probidad, su rectitud, sus valores, sus pantallas de plasma y sus móviles. Aunque meen juntos, que no revueltos, en carnavales.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito 1 comentario

Respuesta a Chicharrero de corazón

  1. Damian

    Es de sobra conocida la falta que tenemos los canarios de viajar, la falta de cultura general, la total ausencia de racionalización y relativización de las cosas que nos rodean, etc. Todo esto nos lleva a ser víctimas de nuestros propios prejuicios pueblerinos. El conocimiento de la historia y los viajes nos permiten disminuir estas carencias y el pensamiento «villa arriba – villa abajo».
    Recuerdo cuando trabajaba en uno de los centros de menores inmigrantes de Tenerife y nos llegaron muchísimas quejas de los comerciantes de La Laguna por la mala imagen que daba ver tantos negros y moros paseando por la ciudad (tal cual), hasta el punto de que se nos prohibió tajantemente llevarlos «de paseo» a esta hermosa ciudad. Con lo que tuvimos que empezar a llevarlos a Santa Cruz sin ningún problema.
    También recuerdo un viaje en guagua hasta Garachico, y el recibimiento violento de los habitantes del pueblo hacia los «inmigrantes»…y repito: menores. Que nos hizo dar media vuelta y salir de allí.
    David Hume ya escribió en 1740:
    «Nada es tan cierto como que los hombres se guían en gran medida por el interés y que aun cuando se preocupan por algo que trasciende de ellos mismos no llegan muy lejos» (Del origen del Gobierno),
    y no creo que se refiriera a los habitantes de Santa Cruz de Tenerife. Tampoco parece que el bueno de David cayera fácilmente en prejuicios y generalizaciones como en las que solemos caer por estos lares.
    En fin, no pretendo «dilapidar» a nadie, sino esperar más relativización, conocimiento de la historia, aplicación de la misma lupa para todos, y menos generalizaciones injustas por parte de los ojos de los canarios…por nuestro propio bien e interés.
    Un saludo desde el barrio del Toscal en Santa Cruz de Santiago de Tenerife.

     

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