Ángel Víctor Torres

La salida canaria de la crisis

El coronavirus mata al turismo en Canarias: “Nos han cancelado el 100% de  las reservas. Todos al paro” - NIUS

Espero que el presidente Ángel Víctor Torres se haya recuperado del covid. De lo que muy  evidentemente no se recuperará nunca es del crepitante optimismo dadaísta que es marca de fábrica del líder aruquense. En realidad no cabe reprocharle eso: un presidente es siempre un optimista ocupacional. Como decía el personaje de Meryl Strepp en Don’t Look Up, “no vas a anunciar a la gente que va a morir, con toda seguridad, por la caída de un meteorito”. Torres cree –aquí todo el mundo puede creer lo que quiera –que a finales de año Canarias habrá recuperado el 90% de su cuota turística.  Esta es la cuarta fecha que el presidente ofrece para tranquilizar al respetable. Supongo que algún día acabará acertando. Como argumento nigromántico, Torres recordó que en 2021 se cerró con un porcentaje de desempleados inferior al de antes de la pandemia. Esa cifra – alrededor de un 19% de la población activa – se obtiene haciendo alguna que otra trampa estadística como, por ejemplo, registrar como empleados a los acogidos a los ERTE, pero el aumento de puestos de trabajo y de afiliados a la Seguridad Social es incontestable y está asociado a la débil y muy incompleta reactivación turística y al comercio. Sería interesante conocer detalles –cuesta un poco encontrarnos – sobre las características de las contrataciones. Por lo que he podido comprobar son en su inmensa mayoría contratos temporales, muchos a media jornada, en los que se cobra el salario mínimo o la cuota parte correspondiente. Lo de casi siempre. Trabajos que, en definitiva, fortalecen al precariado en todos los tramos de edad. Porque Canarias jamás ha tenido proletariado pero desde finales de los años setenta cuenta con un creciente precariado que, en realidad, ha devenido la clase social predominante en el país. En los últimos cuarenta años ya son tres las generaciones de isleños que han vivido encadenando trabajos basurientos, pero se sobrevive y no entra en crisis  la estabilidad social gracias a una sanidad y una educación pública, a algunos servicios sociales y a la red de apoyo de la familia.  Con la excepción de las élites políticas y económicas, el funcionariado y algunos sectores profesionales la mayoría de los canarios viven entre el desempleo y la precariedad. Y lo seguirán haciendo.

Tal vez el rasgo más definitorio de la gestión de la crisis covid en Canarias es la clara renuncia de Torres y sus compañeros a dos condiciones parcialmente conectadas: la cooperación y complicidad entre el Gobierno y la oposición y el diseño de una alternativa de tratamiento de la crisis fuertemente autónoma, propia, centrada en las características de la catástrofe económica en el archipiélago. Los socialistas canarios han diagnosticado la crisis como una oportunidad excepcional no para transformar Canarias – eso es un desideratum que solo sirve de estímulo a la moral y a la propaganda– sino para recuperar un papel política y electoralmente hegemónico en las islas. Es el diagnóstico sanchista aplicado a nuestras ínsulas baratarias: solo el Gobierno dispone de recursos en esta espantosa situación; aprovechémoslo y que quede claro quien concede el mínimo vital, mantiene los ERTE, aumenta y distribuye las subvenciones, elige compañeros de baile en proyectos de capital público-privados, financia propuestas de inversión, firma cheques para abaratar el alquiler. Lo segundo es más penoso aun. El 30 mayo de 2020 se firmó pomposamente el Plan Reactiva Canarias apoyado por todas las fuerzas parlamentarias, salvo el PP, y por las organizaciones empresariales y sindicales. Un año y medio después es un documento prácticamente amortizado cuyo papel como directriz básica del proceso de recuperación económica ha desaparecido. Jamás se han reunido sus firmantes para evaluar su desarrollo y  fiscalizar sus resultados. El Gobierno canario discreta gestiona o adjudica las perras que vienen de Madrid y Bruselas sin atender a su propios criterios estratégicos y programáticos definidos en el Plan Reactiva Canarias. Se ha optado por una gestión sucursalista de la crisis. Desde luego que es más descansado. Pero el menos eficaz y eficiente para las reformas que necesita el país.

 

 

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Torres, sin novedad

Ángel Víctor Torres - Wikipedia, la enciclopedia libre

Los que esperaban a que después del XIV Congreso del PSOE el presidente y secretario general Ángel Víctor Torres procediera a cambios en el Gobierno pueden tomar una silla,  sentarse e incluso echar una siesta. El Hombre que Detiene a los Volcanes está decidido a no mover ficha, salvo en muy contadas y puntuales  circunstancias, como la sustitución del director general de Dependencias, un individuo tan inútil en la gestión como penosamente desvergonzado, por una militante socialista técnicamente solvente. Un cambio, por lo demás, diseñado de tal manera que parece un proceso interno de Podemos o un avatar cosmológico sin conexión alguna con Presidencia del Gobierno. Torres es un dirigente político muy conservador y sabe que un cambio conduce a otro y éste tiene su repercusión en otro ámbito y por ese camino puedes construirte un cadalso o, al menos, una colección de fricciones y neuralgias. Necesita a Nueva Canarias como socio multinivel que además apoya con su único diputado al Gobierno de Pedro Sánchez. Necesita a Unidas Podemos para que se siga desgastando en la Consejería de Derechos Sociales pero sin privarles de su cuota de poder: que dos de sus diputados vayan a parar al PSOE pero que Noemí Santana saque tres para aportarlos –si es factible- a una nueva mayoría en 2023. Necesita – obviamente — a Casimiro Curbelo. A todo el mundo le urge un trasero donde sentarse y los de la ASG están dispuestos a ejercer como leales glúteos de cualquier Ejecutivo, aunque cobrando, por supuesto. Estén atentos – por si se le pasa desapercibido a alguien – por la situación de toda la feliz gente que ha entrado a trabajar durante los últimos dos años en las empresas y entidades públicas que controlan los casimiristas, porque muchos juran y vuelven a jurar que les han prometido dejarlos de funcionarios para siempre jamás.

Sobre su propia organización ya todo quedó claro el pasado noviembre. El PSOE –también en Canarias –ha culminado ya plenamente su proceso de cartelización, que había arrancado en los años ochenta, y socialdemócratas isleños lo han podido hacer, precisamente, gracias a alcanzar amplísimas cuotas de poder político-institucional desde julio de 2019. La forma-partido es básicamente una maquinaria propagandística y una herramienta electoral que tiene como principal función ganar elecciones, no examinar y debatir ideas en el espacio público ni reformar profundamente la realidad social. La teoría es un eslogan y la praxis válida vencer en las urnas.  Todo lo demás es un decorado retórico de pompa y circunstancia alrededor de algunos ritos – congresos, discursos, mítines – y abandonada cualquier reflexión dialógica, la elaboración de un discurso narrativo esencialmente sentimental y polarizante hacia el exterior y legitimador a través de la nostalgia hacia el interior. La jerarquía del partido cartelizado se articula alrededor de la lealtad perruna, el oportunismo adaptativo y los acuerdos y desacuerdos intestinos.  En Canarias, y para demostrar lo canarios que son (el doble objetivo es edulcorar su dependencia estratégica de Ferraz y levantar la quijada ante el nacionalismo) el PSOE se puesto en el sobaco unas gotitas de cultura identitaria.                                                           

Los equilibrios que debieron hacer Torres y sus acólitos para la nueva comisión ejecutiva regional tienen más importancia estética que práctica, como demuestra el caso de la organización insular tinerfeña, contentada con migajas de poder partidista, migajas con nombres y apellidos a cambio de un voto hondo y oscuro como un profundo pozo. Mandan los secretarios insulares que, desde el control de las corporaciones de sus respectivos territorios, han sabido construir un sistema sólido de caudillaje más o menos clientelizado en el que participan alcaldes y concejales y del que dependen laboralmente muchos cientos de personas. Con ellos negoció Torres el congreso para apuntalar una comisión ejecutiva elefantiásica e inoperante que desde entonces solo se ha reunido dos veces. ¿Y para qué más? Ni cambios en el Ejecutivo ni reconfiguraciones partidistas: queda año y medio del eslogan como teoría y ganar las elecciones como praxis y ya no hay tiempo que perder. Ni siquiera se exige hacerlo especialmente bien. Basta con que la gente sienta que la pesadilla ha terminado y venderles esa vaga, ahíta y atemorizada percepción como la mismísima realidad. 

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Gracias por venir

el blog de don benito: Doña Lina Morgan

Puteros acontecimientos desplazaron la atención pública de la emocionante presentación de la Agenda Canaria 2030, un acto de mucho tronío en Los Majeos del Agua presidido –por supuesto –por Ángel Víctor Torres y con una buena representación de las élites políticas, empresariales y sindicales del país y una asombrosa fanfarria que incluía profesores universitarios, productores audiovisuales, deportistas e incluso niños inocentes. Una amplia selección de los presentes – niñita rubia incluida – firmaron el texto de la agenda y las 316 “metas” que traza para conseguir unas islas más sostenibles, más prósperas y menos desiguales. Torres, sin demasiados miramientos — se trató en realidad de un acto descaradamente propagandístico y esencialmente cantinflesco – se apresuró en bautizar la convocatoria como “Pacto de los Jameos” y empleó una metáfora particularmente impactante: gracias al compromiso ahí rubricado el futuro se acerca al presente. A algunos de los invitados pareció torcérseles algún músculo delicado. Pero los organizadores no cobran para abochornarse, sino para tener contento al señor Torres, al lado del cual se sentó el presidente del Parlamento, Gustavo Matos, que firmó la agenda “en nombre del Parlamento”, porque hasta ese punto llegó el disparate de un guión que parecía escrito para Royal Hostal Manzanares. La única razón por la que Lina Morgan no firmó es porque está muerta. Por lo demás su papel lo encarnó el jefe del Gobierno quien agradecido y emocionado les dijo a todos: “gracias por venir”.

Si gobiernas y pretendes desarrollar una agenda política con un montón de objetivos glamurosos, por ejemplo, reducir a la mitad de población en riesgo de pobreza y exclusión social, precisando incluso porcentajes y todo, lo que debes emprender es el diseño de leyes y políticas públicas con un amplio grado de consenso político. Es decir, negociar con la oposición. Máxime cuando se asume que dicha agenda es de naturaleza transversal y debe ser implementada durante los próximos ocho años nada menos, a la salida –si todo va razonablemente bien – de la crisis económica derivada de la pandemia. Es en el parlamento donde la agenda debe debatirse y consensuarse para a continuación trasladarla a
los espacios deliberativos de cabildos y ayuntamientos. Lo que ha hecho el Gobierno autonómico en Lanzarote – porque se trató de un acto por y para el Gobierno – no fue ni siquiera una propuesta metodológica para una acción política multinivel, sino una logomaquia presidencial rodeada por la entusiasta claqué de la que siempre dispone quien ordeña los presupuestos. ¿Qué valor político y operativo tiene poner cifras y porcentajes en un papel y emborronar firmas testimoniales? Pues ninguno. Alguien debería preguntar en la Cámara regional el coste de este sarao absolutamente prescindible en el que, como de costumbre, se volvió a tomar el nombre de César Manrique en vano.

Por último: definir actualmente un conjunto más o menos ordenados o interrelacionados de objetivos políticos, sociales y medioambientales exige perentoriamente que de disponga de equipos y reglas para evaluar su cumplimiento, su éxito o su fracaso. Los mecanismos de control y evaluaciones de las políticas públicas y de los objetivos consagrados en la agenda canaria, como cabía esperar, son casi inapreciable. Deberían estar
ahí, acompañados de un protocolo de transparencia accesible para
cualquier ciudadanos que desee hacerlo. Pero, al fin y al cabo, ¿quién está pensando en los malditos ciudadanos? Las elecciones autonómicas y locales están próximas. Apenas queda año y medio de legislatura: el mejor momento para lanzar una agenda con voluntad de consolidación y continuidad. Pasan los años, años y más años, y todavía me maravilla cómo nos vacilan, con qué arte sabio, sangre fría y señorío presupuestario.

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Pagar la deuda

 

El 40º Congreso federal del PSOE, en directo | España | EL PAÍS

Desconfío de la expresión patriotismo de partido, como descreo de cualquier patriotismo y su alcantarillado semántico. Pero puede admitirse como una dulce hipocresía. Leo a hermeneutas de
derecha e izquierda garrapatear análisis sobre el espectáculo de
luz y sonido del XL Congreso Federal del PSOE y los orígenes
de la renovada unidad del partido bajo el hiperliderazgo de Pedro
Sánchez y no encuentro la explicación más obvia. El partido está
unido y se emociona por su unión porque tiene el poder. Tiene el poder en España y tiene el poder en numerosas comunidades autonómicas y ayuntamientos. Tiene un poder sorprendente por encima de sus porcentaje de voto gracias a sus pactos con poscomunistas, con independentistas y regionalistas de toda ralea. Pero ahí está: ondeando la bandera (la suya) en casi todas las proas.
El PSOE le debe haber regresado al poder a Sánchez y ya era hora
de que pagara la deuda. Puedes estar durante años recordando sus
sablazos, sus mentiras y falsedades, su aventurismo, su diligente
sinvergüencería y sus apuestas inescrupulosas. Pero al final de
terminas rindiendo porque gracias a todo eso, gracias a traicionar
convicciones socialistas de siempre y de no rechazar populismos
degradantes, gracias a lo que ha representado el sanchismo desde
hace cuatro años, precisamente, el PSOE ha conseguido estar y
permanecer en el poder. Al final todas las lealtades y simpatías
gravitan alrededor del sol que te ilumina la poltrona, que nos ha
rescatado de la insignificancia, que nos permite seguir en marcha
y mantener a pleno funcionamiento esta maravillosa maquinaria
de marketing político, que curiosamente no se dedica a transmitir
o exaltar argumentos, ni propuestas, ni análisis, sino a publicitarse sí misma. El patriotismo de partido es una forma respetable de denominar a la adhesión acrítica y desmemoriada al triunfo. El patriotismo del partido es compartir entusiásticamente el éxito milagroso de una organización política que hace un lustro parecía en vías de obsolescencia acelerada, desgastado, semirroto, carente de cualquier relato u oferta legitimadora y en polvorienta
decadencia en sus dos principales graneros electorales, Andalucía
y Cataluña.
Curiosamente esa maquinaria prodigiosa se ha dedicado, entre
otras funciones, a abonar y justificar la polarización ideológica,
desde un malestream progresista que atraviesa el espacio público
español alimentado por periódicos, televisiones, productoras,
tertulianos y chistosos, y sin embargo, en el Congreso Federal no
se ha debatido sobre una puñetera idea, por diminuta que sea. Las
ponencias se limitaron a poco más que a ordenar gramaticalmente
las consignas. Lo importante de la celebración eucarística ha sido
la propia ceremonia, en especial, cuando las encuestas empiezan a
torcerse seriamente y todos los sondeos, salvo los de Tezanos,
indican que el PP está tomando la delantera en la intención de
voto. Hasta a Felipe González invitaron a hablar, y Felipe lo
hizo: uno sospecha que por una penúltima vanidad antes que por
una convicción básica sobre un proyecto político que muy
dudosamente puede identificar con el suyo.
La organización canaria no se puede quejar. No ha empeorado
sustancialmente, pero tampoco ha mejorado demasiado. Finalmente Nira Fierro no entró en la comisión ejecutiva federal;
su destino será un fortalecimiento político de su posición en la
dirección regional o en el Parlamento. En realidad dos de los tres
isleños que se incorporan a ejecutiva federal lo hacen designados
por Sánchez: Héctor Gómez –que ya estaba ahí – como miembro
nato al ser portavoz en el Congreso de los Diputados, y Carolina
Darias, la ministra de Sanidad, que sigue siendo tratada por el
Altísimo como una pieza política cargada de futuro. Cuatro
compañeros en el comité federal – máximo órgano entre congresos – no está mal, pero se trata de un órgano más
tenuamente representativo que otra cosa, en especial en etapas de
tranquilidad y pacificación interna. Como Sánchez, Ángel Víctor
Torres tendrá las manos casi libres para elegir su dirección, y si a
alguien le molesta demasiado y Torres no puede tranquilizarlo,
que salga, pero que no apague la luz: la oscuridad está allá fuera.

 

 

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