Parlamento de Canarias

Crónica parlamentaria Pensando en La Palma

 

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A alguien se le ocurrió ayer  manufacturar unos lazos verdes – un tanto menesterosos – para que sus señorías los pudieran lucir como recordatorio del martirio de lava que sufre La Palma desde el pasado domingo y que nadie sabe cuándo acabará. Por supuesto la sesión plenaria comenzó con una declaración institucional que leyó el presidente de la Cámara, Gustavo Matos, para recordar que en este momento todas las islas canarias son La Palma. Fue lo mejor del día y apenas duró dos minutos minutos. Pero La Palma, su volcán y sus ocho bocas de fuego, atravesó en realidad todo el pleno extraordinario. El pleno ordinario, que habría que haberse celebrado acto seguido, fue pospuesto por decisión de la Mesa. Por supuesto, por motivo de la angustiosa calamidad volcánica. Los diputados palmeros –algunos son también son alcaldes –se quedaron en su isla, aunque uno no alcanza a entender exactamente sus razones. Un diputado –salvo si también es alcalde, precisamente – no sirve para nada contra el fuego. Pero la presión hacia el turismo de hecatombe indescriptible y lágrima portátil es muy fuerte. Algunas habían apostado porque la Mesa de la Cámara volara hacia La Palma en la tarde de ayer, pero la subyugante ocurrencia no llegó a cuajar gracias a la mesura de Matos. También las lenguas bífidas chismorreaban que Román Rodríguez intentaba meter cabeza en una visita relámpago, espoleado por Miguel Ángel Pulido, presidente de NC en La Palma al que le inventaron una dirección general hace un par de años para que pudiera oler sin problemas los efluvios de Varón Dandy del vicepresidente. En todo caso hoy, miércoles desembarcará en La Palma Pablo Casado, niño factótum del Partido Popular, no solo porque en la isla haya estallado una erupción, sino porque el presidente del Cabildo Insular, Mariano Hernández, es militante del PP y autor de una frase que podrían suscribir al alimón Stephen King y Leticia Sabater: “Vamos a atender a la totalidad de las demandas de los vecinos en esta terrible catástrofe, porque en estos difíciles y comprometidísimos momentos dramáticos tenemos que estar, más que nunca, supercerca de los vecinos”. Supercerca, tío, me siento más seguro y más guay, por algo te llamas Mariano. Casado rodeado de palmeros es algo que ocurre a diario, pero está vez contará con María Australia Navarro (más) a la derecha y Poli Suárez (un fisquito) a la izquierda acompañados por todos los concejales conservadores imaginables. Cabe esperar que ninguno le cuente que en La Palma el PP cogobierna con el PSOE, porque igual desfallecer su corazón de doliente doncel.

Para el jueves, en fin, está prevista la visita del Rey, y hay quien piensa que la capacidad de carga de la isla puede verse seriamente comprometida por el número de cargos públicos atraídos como moscas a la miel dorada de la Jefatura del Estado. Sin duda el presidente Ángel Víctor Torres seguirá ahí, como el dinosaurio de Augusto Monterroso, con Anselmo Pestana a la derecha, enseñándole mapas y vídeos y memes graciosos, porque Pestana es el poncio más simpaticón desde Carlos Arias Navarro, y Jorge González a su izquierda, comiéndose una caja de marquesotes por pura angustia. Don Felipe VI, con Ángel Víctor Torres recitando la lista de los reyes godos a su izquierda y Gustavo Matos las alineaciones del Real Madrid a su derecha, muy probablemente abandone la isla al anochecer del mismo jueves. En las últimas 24 horas la preocupación ha crecido en Presidencia del Gobierno porque se vislumbra una crisis larga y de consecuencias imprevisibles para la sociedad y la economía de La Palma. En un principio se contaba con una violencia volcánica gestionable y que solo duraría entre quince y treinta días. Esas predicciones se han retirado y los científicos son ahora mismo más prudentes: las aseveraciones han sido desplazadas por los circunloquios, un puñado de certidumbres por un montón de hipótesis.  Ahora mismo (y durante mucho tiempo) la prioridad es la seguridad física de los vecinos de las áreas afectadas, no, obviamente, la conservación de sus casas, fincas o haciendas, porque la única defensa posible frente a un volcán en erupción en correr con el mínimo equipaje la máxima distancia posible desde el foco de las llamas. En las primeras horas se denunció el desprecio de las televisiones privadas españolas por la erupción: qué añoranza. Ahora mismo en La Palma se agita un carnaval de equipos de televisión y famosos y famosetes – Fraganillo, Piqueras y otros genios del periodismo catastrófico  — que hacen a menudo el imbécil acercándose a pocos metros de las coladas de lava o subiéndose a un helicóptero como un boina verde de la noticia.  La lava del Teneguía, hace medio siglo, era algo más rápida y traidora por el mismo desnivel del terreno; la del nuevo volcán es más lenta, desde luego, pero parece tomarse su tiempo, con una cruel y detenida paciencia, para aplastar, carbonizar y destruir todo a su paso.

El contenido del pleno se dilucidó en poco más de hora y media. La Cámara debería emitir informe sobre el proyecto de ley por el que se aprueban medidas de apoyo al sector cultural actualmente en el Senado. Las fuerzas parlamentarias que apoyan al Ejecutivo – PSOE, NC, Podemos y ASG – presentaron un informe y la oposición (CC, PP y Grupo Mixto) presentó otro. De nuevo el diferencial de la tributación al fisco de los rodajes de producciones audiovisuales en Canarias. Se volvió a certificar la extrema irritación de la mayoría –pero muy singularmente del PSOE – por esa testaruda voluntad nacionalista de tener su propio análisis y su propia propuesta, en lugar de votar con el Gobierno, que es lo más inteligente, lo más progresista y lo más patriótico. Es realmente extraño. El PSOE gobierna o cogobierna Canarias, la mayoría de los Cabildos y más de la mitad de los ayuntamientos isleños y, sin embargo, les molesta sobremanera un discurso que no sea el suyo y cualquier conato de disidencia o desacuerdo se eleva a un rasgo de maldad, estupidez, traición de lesa patria o electoralismo. Y falta todavía más de año y medio de legislatura.

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Cada uno a lo suyo

Vamos obviar hoy las ruedas de prensa donde no se informa con precisión de nada y no se admiten preguntas, vamos a no considerar el empalagoso colegueo narcisista que reventó a la media hora de comenzar la transmisión. Aun así, ¿a que esto parece menos divertido y espectacular que ayer con un centenar de casas reducidas a cenizas, muchas familias arruinadas y más de 6.000 personas desplazadas de sus domicilios? Cada día lo parecerá menos. Incluso a los ministros y ministras. No, el volcán no rompió en un buen lugar, sino en una zona maltratada por un incendio feroz hace más o menos un año. En Tazacorte no están está mañana disfrutando de ninguna fiesta de la naturaleza y La Palma se encuentra donde ha estado siempre, no en el centro de un mundo imaginado por un asesor oligofrénico. Todo se va desenvolviendo en dos planos: el de los dispositivos de seguridad y emergencia, con las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado, la Cruz Roja, los bomberos  y los funcionarios municipales, que actúan con una profesionalidad intachable, y los del exhibicionismo político cada vez menos discernible del exhibicionismo periodístico. Veo a un periodista peroratando entre aspavientos frente a una colada y lo tomo por un consejero del Gobierno, descubro a un presidente del Cabildo señalando una humareda mirando directamente a la cámara y se me antoja el redactor de alguna televisión de chichinabo. Admito que no sé qué diablos nos está ocurriendo.

Ayer estaban previsto dos plenos (uno extraordinario y otro ordinario) en el Parlamento de Canarias. Pues bien, asombrosamente, la Cámara ha decidido suspender el segundo. Parece que el secretario segundo de la Mesa, el diputado palmero Jorge González, a su vez secretario de Organización del PSOE, se puso en modo Guillén Peraza, do está tu escudo, do está tu lanza, do tu pepito de lomo con ensalada de cada mañana. ¿Cómo se iba a celebrar un pleno con lo que estaba pasando en San Miguel La Palma? Ayer incluso circulaban rumores sobre un viaje de la Mesa del Parlamento a La Palma bajo la extraña consigna de la “solidaridad”. ¿Y qué pinta ahí el órgano de gobierno de la institución parlamentaria? Absolutamente nada. No es el momento de que pululen diputados sacándose fotos por los alrededores del volcán con expresión acongojada. Sus señorías son absolutamente prescindibles en la emergencia palmera y pueden llegar a molestar. De la misma forma, solo puede agradecerse (de verdad) la presencia del presidente Pedro Sánchez, un gesto que deberá recordase en el futuro, pero carece de sentido prolongar su estancia: mejor que prepare una declaración de zona catastrófica y en su momento suelte las perras necesarias.

Los diputados palmeros (y los de todas las islas) sirven más y mejor a La Palma cumpliendo con su deber estatutario, es decir, debatiendo y aprobando leyes y fiscalizando la acción del Ejecutivo. Esta desdichada situación puede prolongarse semanas e incluso meses, con coyunturas de estabilidad y súbitas crisis de emergencia. La Palma va a atravesar un largo periodo de incertidumbre y adaptación a los cambios e incidentes que se puedan producir. Después de mantener un comportamiento ejemplar durante toda la crisis covid bajo la presidencia de Gustavo Matos, el Parlamento no puede suspender los plenos más o menos indefinidamente por una situación que desgraciadamente no acabará pronto. En La Palma están funcionando los puertos y el aeropuerto, se están impartiendo clases en escuelas e institutos, abren los negocios y establecimientos comerciales y se atiende a las explotaciones agrarias y ganaderas, salvo, como es obvio, en las zonas afectadas y en los perímetros de seguridad establecidos por los técnicos. El Gobierno autonómico y el Parlamento deben hacer exactamente lo mismo sin caer en la abyecta tentación del turismo de catástrofe y la solidaridad televisada.

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Ni raza como mi raza

La presidenta del Parlamento de Canarias, Carolina Darias, ha blandido un informe encargado a la Real Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel  — si, existe algo así – para desactivar la babieca polémica alrededor de los lienzos que adornan las paredes del salón de plenos de la cámara regional. Si el lector no ha seguido esta estupidez puede sintetizarse así: algunas de sus señorías, de epidermis nacionalista, es decir, ideológicamente atópica, se muestran incómodas porque las pinturas representan escenas de la conquista de Canarias por los castellanos. He escuchado a algún mendrugo proclamar que ningún pueblo celebra con pinturas, en la sede de la soberanía política, la victoria de quienes los esclavizaron. Claro que el diputado en cuestión es lo suficientemente idiota como para olvidar que sin contacto entre castellanos, andaluces, levantinos, aragoneses, catalanes, florentinos, franceses, genoveses, portugueses y moriscos, contactos entre sí y con aborígenes isleños jamás hubiera alcanzado el escaño, simplemente, porque su señoría no habría existido.  Es un extraño racismo implícito el que supone que somos descendientes de una raza noble y espléndida que fue sojuzgada, pero cuya aniquilación, misteriosamente, no impidió que siga viviendo en nuestros pechos y todo eso. Pues no: somos un país mestizo y una tierra de aluvión cultural y en los primeros siglos estos peñascos constituían una tierra de frontera donde venían a parar lo mejor y lo peor de cada casa.
Lo extraordinario, sin embargo, es el propio informe de la Real Academia de Bellas Artes, que afirma portentosamente que los lienzos de Manuel González Méndez “representan un momento histórico” y “aluden al diálogo y al entendimiento entre los pueblos”. Por supuesto, los cuadros no representan ningún momento histórico. Ninguna pintura –si merece ese nombre –lo hace. En el caso de González Méndez sus lienzos únicamente proyectan el imaginario que existía a finales del siglo XIX sobre los aborígenes y su relación con los conquistadores peninsulares. El imaginario que construyó el romanticismo isleño de las escuálidas burguesías locales sobre el pasado aborigen y que por desgracia, consiguió una amplia popularización y en buena parte se mantiene todavía vivo, y que entre otros investigó y describió espléndidamente el desaparecido Fernando Estevez. Este guanche pintado es un invento, como todos los guanches, con una doble ancla en el concepto russoniano del buen salvaje y en un raciología ágrafa y entusiasta: no hay tierra como ni tierra ni raza como mi raza. El informe de la Real Academia es tan tontorrón e inmotivado como la indignación de Lorenzo Olarte o Mario Cabrera. Están mascando sus propios prejuicios, su propia ignorancia, sus propias fantasías, y en realidad se reflejan como en un espejo en unas pinturas mediocres. Les debe sobrar mucho tiempo.

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Tercermundistas

Por decisión soberana del Parlamento de Canarias a  Antonio Brufau, presidente ejecutivo de Repsol, no se le invitará ni a un cortadito en ninguna recepción, celebración, guatatiboa o convocatoria que organicen las autoridades autonómicas. Sin duda un golpe duro para el hombre que mancilló el honor patrio llamándonos tercermundistas. Después de aprobada la propuesta de resolución  — solo el PP se abstuvo – los diputados, supongo, respiraron aliviados. Particularmente espero mi turno. Porque no, yo no creo que Canarias sea un país tercermundista, pero tiende a ser un país idiota. Un país idiota es aquel que tiene, por ejemplo, más de un 26% de su población activa en el desempleo. Un país idiota es el que lo apostó casi todo al turismo, a la construcción y al maná de los fondos europeos. Si quieren ustedes se trata de la idiotez egoísta y cortoplacista de una élite empresarial ampliamente garrula y oportunista, pero es que los curritos se lanzaron con entusiasmo a poner ladrillos, cargar bolsas de cemento y alicatar apartamentos y miles dejaron los estudios porque se ganaba una pasta en los sures mitológicos. Ahora, cuarentones y cincuentones con un futuro castrado  y el alma sepultada en zapatos remendados, se momifican en las plazas y en los baretos de los barrios. Es una prueba de nuestra indigencia política, social, intelectual que al señor Brufau le importa un bledo, pero que a nosotros también.

Fernando Clavijo abocetó en el debate parlamentario un ambicioso plan educativo para que los niños y jóvenes canarios  — que viven en una comunidad que se dedica básicamente a actividades turísticas – aprendan inglés. Por cierto, la mayor debilidad de esta iniciativa no está – contra lo señalado por el PSC-PSOE – en que carezca de ficha financiera. El error central del plan es que la adhesión al mismo por profesores y centros docentes tendrá un carácter voluntario.  Simplemente, no se puede trazar un objetivo académico estratégico en el ámbito educativo – que incluye nada menos que inglés como idioma vehicular en las aulas isleñas — fiando su consecución a la voluntariedad de profesores y centros en el esfuerzo. Bajo esta disparatada premisa el plan está destinado al fracaso. Y la responsabilidad de que la inmensa mayoría de los escolares canarios no hablen inglés fluidamente no cabe achacarla exclusivamente a los sucesivos gobiernos autonómicos. A la llamada comunidad educativa el aprendizaje de idiomas extranjeros le ha importado un higo-pico. Sí, es un poquitín tercermundista que los canarios no hablen aceptablemente un inglés básico, algo que sí ocurre entre adolescentes y jóvenes de países no precisamente nórdicos. Es muy, pero que muy imbécil pensar en una modernización y diversificación  de la economía regional sin una población bilingüe que maneje el inglés con corrección y naturalidad y con una proporción de licenciados en Derecho o en Filología que triplica a los titulados en ingenierías: así no hay manera de hacerse un hueco habitable en la economía globalizada. Y apenas exagerando algo: así, con un ejército de leguleyos de secano, filólogos sobrevenidos y auxiliares administrativos es difícil enfrentarse con las actitudes depredadoras de grandes empresas multinacionales y avanzar en el control de nuestras propias vidas como individuos y como pueblo.

A mí el tiempo me ha enseñado dolorosamente la ambigüa lección de la esperanza. Seguiré disfrutando de la degradación de nuestras expectativas como pequeño pueblo atlántico mientras espero que el Parlamento – o en su defecto La Garriga – me declaren persona non grata  por creer que la única claridad que nos inunda es la del sol de nuestra eterna primavera.

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300 propuestas

Las más de 300 propuestas de resolución presentadas al término del debate sobre el estado de Canarias – a ver si aparcamos la estupidez de la nacionalidad de una vez – se votaron una a una: tres horas de agonía verbosa. Discursos, intervenciones, quejas. Tres rasgos notables. Primero: el PP se ha quedado sin discurso. Es imposible – deberían saberlo ya – que nadie tome en serio sus denuncias sobre los escasos recursos y el deficiente funcionamiento de los servicios sociales y asistenciales después de los recortes presupuestarios y la soberbia política con la que ha actuado el Gobierno de Mariano Rajoy durante los últimos cuatro años. Más que inverosímil es grotesco, sencillamente. El PP de Canarias se encamina hacia una crisis gestionable, pero que encierra peligros, y que se abrirá definitivamente cuando José Manuel Soria decida marcharse – y lo hará si los conservadores no siguen en La Moncloa – para ser más alto, más rico y más rubio en la empresa privada. Lo único que garantizaría la continuidad del status quo actual en el PP canario – las jerarquías y entorchados de Asier Antona, María Australia Navarro y compañía – sería, precisamente, entrar en el Ejecutivo regional, y por eso, y no por otra cosa, siempre mantienen la sonrisa abierta hacia Fernando Clavijo, no por simpatías o empatías ideológicas.

–¿Tú no has leído a Cánovas del Castillo, Fernando?

— Desde que era un pibito, Asier, desde que era un pibito.

Una de las cosas más divertidas de esta legislatura es que CC gobierna con el PSC-PSOE, que cuenta con departamentos estratégicos en el equipo de Fernando Clavijo, pero las minorías – Nueva Canarias y Podemos – insisten con testarudez digna de mejor causa que los coalicioneros gobiernan para satisfacer obscenamente  al PP. Quizás los socialistas ignoren que por la noche, cuando duermen en sus casas, Antona y su tropa entran en los despachos y se dedican a gestionar desde el empleo y los servicios sociales hasta las relaciones con el resto de administraciones públicas. Cuando los socialistas llegan por las mañanas ya se encuentran hechas las políticas de derechas que desean Clavijo y Soria y se marchan, desolados, a tomar un barraquito. Cuentan que una madrugada, en la sede de la Presidencia del Gobierno, Patricia Hernández escuchó ruidos raros y bajó en bata roja pasión por las escaleras y ahí se encontró con Asier Antona, siempre Antona, sentado en su despacho y redactando un decreto para legalizar la esclavitud como medida de urgencia para crear puestos de trabajo sin la cuel  necesidad de abaratar los despidos:

–¿Pero qué haces aquí a estas horas, Antona?

–Eeeeh, bueeenooo, vengo a proponerte un conjunto de medidas de regeneración democrática…

— ¿Y ese calcetín que llevas en la cabeza?

–Es la primera medida. Que la gente no nos vea el jocico y así recuperar la legitimidad del sistema democrático.

— Pero ven por la mañana, cristiano, que tengo sueño…

Tampoco ha estado mal lo de Podemos, calificando de insólito “el desprecio” y la “actitud machista” de Clavijo hacia su portavoz, Noemí Santana, cuya integridad moral resulta indignantemente lesionada si la llamas señora, señorita o doña. A partir de ahora solo admitirá como apelativo  ECTHSC (Ente Corpóreo Trufado de Humanidad y Sueños por Cumplir ) Noemí Santana.
La financiación autonómica y el REF muy bien, muy  apoyados, muy respaldados, muy jodidos en definitiva.

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