Antonio Morales

Sombra, humo, sueño, nada

El proyecto Cuna del Alma, en el municipio de Adeje, se extiende por una superficie de casi 500.000 metros cuadrados. La Consejería de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias entendió que los promotores no habían presentado un imprescindible estudio de impacto medioambiental, pero lo decisivo para paralizar cautelarmente las obras fueron dos circunstancias: un pequeño yacimiento arqueológico en el que las palas metieron su metálico josico y varias poblaciones de una especie vegetal altamente protegida por la legislación vigente. Eso bastó para que la Consejería ordenase la paralización cautelar de las obras en su totalidad. El ayuntamiento de Adeje y los promotores del proyecto, obviamente, han expresado su desacuerdo, y acudirán a los procedimientos administrativos y judiciales que estimen oportunos. De hecho están aflorando informativamente elementos relacionados con el planeamiento urbanístico de Adeje y las autorizaciones de la Cotmac en los últimos años que señalan que, tal vez, José Antonio Valbuena y su equipo se han podido precipitar, que no han afinado lo suficiente y la suspensión puede ser fugaz y reversible.

Lo que me ha asombrado de la rápida y contundente decisión del consejero Valbuena es su indiferencia con otras agresiones al medio ambiente y los ecosistemas más graves que las de Cuna del Alma. Es paradójico: Cuna del Alma no tendrá un estudio de impacto ambiental pero su efecto ecológico es limitado. Cierto, pero limitado. Lo que se rechaza argumentada o intuitivamente respecto el proyecto inmobiliario y turístico de Adeje es, sobre todo, que significa una nueva privatización del territorio en beneficio de una élite que ni siquiera es canaria. Menos de un 1% de los isleños podría disfrutar del resort y la mayoría social prefiere, simplemente, que le dejen gozar comunitariamente de su playa y su puertito y sus zonas aledañas. En cambio el proyecto de la mastodóntica central hidroeléctrica Salto de Chira, en la cabecera del barranco de Arguineguín,  impulsado desde hace años por el Cabildo de Gran Canaria y la multinacional Red Eléctrica Española, cuenta con un postinudo estudio de impacto ambiental, pero supone una de las agresiones más aberrantes y estúpidas contra el patrimonio natural y cultural de la historia de Canarias. Para que un estudio de impacto ambiental sea aceptado y aprobado no es siempre imprescindible que sea técnicamente perfecto o incuestionable. Algunas veces las imperfecciones son bien compensadas con algunas distracciones de los redactores y muchas convivencias entre los políticos. Y así queda todo atado y bien atado, según la inmortal sentencia de un gran ecologista que cada día me recuerda más a Antonio Morales. Este engendro conlleva la construcción de ocho kilómetros de carretera, casi siete kilómetros de túneles, una caverna de  casi 3.400 metros cuadrados en Lomo de la Palma, decenas de tuberías, miles de metros cuadrados de plataformas, una desaladora con capacidad de 5.000 metros cúbicos diarios, canalizaciones de varios kilómetros de tendidos eléctricos y fibra óptica. El impacto de esta infraestructura en el mayor reservorio de biodiversidad de Gran Canaria va a resultar aniquilador para la vida vegetal y animal de todo el barranco: afectará a cinco espacios protegidos de la Red Natura 2000 y a parte de la Reserva de la Biosfera. En Cuna del Alma los constructores se tropezaron con restos arqueológicos. En Arguineguín se encuentran siete enclaves arqueológicos catalogados. Este crimen medioambiental en marcha es fruto del mesianismo cesarista de un político incorregible y de la ambición económica de una multinacional rapaz. Pero atención: tanto Ángel Víctor Torres como José Antonio Valbuena son corresponsables. Cada vez es más evidente que la paralización de Cuna del Alma es lo que suele ser todo en este Gobierno: propaganda y sombra, distracción y fingimiento,  humo y adiós.

 

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Permítame el cansancio

Permítanme el cansancio. No, no creo que la obra que han bautizado como Salto de Chira sea, como ha aseverado el presidente Ángel Víctor Torres, “un punto de inflexión para  el futuro de Gran Canaria y de Canarias en su conjunto, una instalación esencial para lograr la soberanía energética de Canarias y para aminorar los efectos del cambio climático”. Canarias no logrará la “soberanía energética” en 2040, porque durante décadas el petróleo y el gas (ojalá fuera el gas) seguirá siendo un elemento irremplazable en su mix de consumo energético. En cuanto a aminorar los efectos del cambio climático, se han elegido en este proyecto unas herramientas realmente curiosas. Primero, arrasar la mayor cuenca de Gran Canaria, el barranco de Arguineguín, el más rico reservorio de biodiversidad de toda la isla; segundo, garantizar el suministro de agua con una estación desaladora, que como nadie debe ignorar, puede producir un agua de excepcional calidad para el consumo humano, pero que genera un subproducto, la salmuera, con efectos aniquilantes en la biomasa del medio marino de las costas. Y desde un punto de vista jurídico, ¿de veras que Red Eléctrica Española va a ser la garante de la soberanía energética de Gran Canaria? ¿No es eso un chiste demasiado obsceno?

Permítanme el cansancio, pero un periodista, que digo, un ciudadano no puede dejarse avasallar por una puesta de largo cursi y modernoide, un cegador verde fosforito que no es una casualidad, una convocatoria de ringorrangos trufada de ministras y directoras generales, presidentes, consejeros, diputados, alcaldes y concejales, una concentración de discursos, ambiciones, prejuicios e ignorancias, una cacofonía de felicitaciones a sí mismos y de profecías invariablemente trascendentales. Se cantan a sí mismos, se felicitan a sí mismos, se ensalzan a sí mismos, se publicitan a sí mismos, y no conviene olvidar, por hondo y resabiado que sea el cansancio que se arrastra, que lo hacen con nuestras perras. Ese escenario, esa pantalla gigante de televisión donde fulge la calva mesiánica, esos efectos de luz y sonido los hemos pagado a través de nuestros impuestos, como se han pagado con nuestros impuestos los millones arbitrados para difundir evangélicamente las bondades incuestionables y el efecto milagroso de una infraestructura que más que con la vulgar tecnología linda con la magia libre y descarbonizada.

Discúlpenme, sinceramente, por el cansancio acumulado que ya te horada el alma, pero ese rutilante universo marquetinero, ese exhibicionismo impúdico de estar llevándonos – a rastras sin no queda más remedio – a una nueva era de comunión con la madre Naturaleza, a una ecoisla (sic) recuperada de una contaminación infernal,  prefiere ignorar ya apenas un 30% de nuestra superficie está más o menos protegida jurídicamente – hasta que llegan técnicos complacientes y reducen de facto el porcentaje – y que precisamente el proyecto que inspiran e impulsan, paradójicamente, provocará un daño que insisten que quieren evitar. Por muy agotado que estés, en efecto, cada vez que te presenten uno de estos onerosos proyectos transformadores recuerda lo que decía Salvador Pániquer: la palabra es lo único que oculta lo que la palabra dice. Ellos quieren decir ecología y en realidad aluden a su ideología, ellos dicen sostenibilidad y otros se llevan la rentabilidad, ellos dicen cambio climático y se refieren a que nadie les pueda cambiar en sus despachos.

Pero, sobre todo, el cansancio no debería confundirlos. Cuando sea evidente el destrozo medioambital, la débil rentabilidad social, el abandono de un concepto obsoleto de generación y almacenamiento de energía, no les servirá de nada ser abuelitos jubilados con una calle con su nombre en su pueblo. Se les pedirá responsabilidades. Y deberán afrontarlas.

 

 

 

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Su santa impunidad

El columnismo es un esfuerzo digno de mejor causa. Hay días en los que las miasmas son tan penetrantes que escribir se convierte en un riesgo respiratorio. Hace unos días, en conversación con varios compañeros encargados de información política, coincidimos todos en que los responsables públicos – sobre todo los de los partidos gobernantes – en la mayor parte de las ocasiones ya ni responden a las llamadas telefónicas de los periodistas. Que nos den y bien duro. Los excelentísimos y sus señorías se reservan para cosas más importantes. Está cuajando, como una placa de mierda cristalizada sobre las ventanas de la democracia, un desprecio absoluto por los medios de comunicación y una sensación de impunidad entre los que mandan que riéte tú de Ricardo Melchior a principios de siglo. Un ejemplo al azar. El ayuntamiento de La Laguna. El gobierno municipal que preside Luis Yeray Gutiérrez con la apostura de un maniquí de Mango lleva hasta dos años sin responder a numerosas preguntas de la oposición ni entregar documentación oficial. Por supuesto, tienen un tiempo tasado para contestar. No lo cumplen. Les trae absolutamente igual. Ah, aquel lejano pasado en el que Rubens Ascanio  –todavía sin endocrino ni pajarita – y Santiago Pérez – aun ignorante de que el PSOE solo deseaba parecerse a él hasta en los andares –bramaban en los plenos porque el gobierno de coalicioneros y  socialistas  — en el que por cierto participaba Gutiérrez — llevaba tres meses sin entregarles un decreto. Tres meses, obviamente, empapados en fascismo. Cuando, por fin, anteayer entregan parte de la documentación, se comprueba que esta peña se ha gastado cientos de miles de euros, todavía en plena pandemia, para gestionar sus redes sociales. El alcalde, él solito, más de 100.000, aparte de 15.000 púas para una estrategia de marketing sobre su augusta presencia así en la tierra como en el cielo. ¿Para transmitir qué noticias? Bueno, para repetir por enésima vez, verbigracia, que María José Roca, concejal de Comercio y Movilidad, mandó pintarrajear el suelo de la calle Heraclio Sánchez de vivos colores. Qué hermoso paso hacia una movilidad sostenible, inclusiva, pluricultural y respetuosa con la identidad sexual de todos los transeúntes.

¿Y lo de los cursos de Servicio Canario de Empleo en colaboración fraternal con el Cabildo de Gran Canaria? Esa tampoco decepciona. De repente aparece por la pantalla la pequeña colibrí del Gobierno autónomo,  Elena Máñez que pía sobre un micrófono que el SCE va a impartir cursos para aumentar las habilidades digitales de los trabajadores de la construcción. ¿Para trabajar dónde? Pues donde va a hacer, en el Salto Chira Soria, el brutal y mesiánico capricho de Antonio Morales, presidente del Cabildo grancanario. Además de disfrutar excomulgando a los críticos y a los descreídos y premiando a los fieles seguidores, Morales sacó un concurso millonario para la contratación y funcionamiento de una empresa que practica oficios marketineros repartiendo pasta en publicidad directa e indirecta del proyecto, y ahora consigue el apoyo decidido del Gobierno para legitimar el Salto Chira Soria como fuente de creación de millares de empleos. A los albañiles se les enseñará a utilizar el ordenador para destruir su propio país, y cuando terminen las obras pues ya pueden divertirse junado al Fornite el resto de su vida.

Tercera. El ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, ante la evolución de la covid, traslada las fiestas de carnaval a junio, y se plantea utilizar para celebrar concursos y actos la explanada donde se desarrollan concursos y conciertos como el que ofrece tradicionalmente la Orquesta Sinfónica en Navidad. La Autoridad Portuaria se niega sin detallar mayores razones. Y entonces aparece el presidente del Cabildo, Pedro Martín, para salvar la situación. Todo de una espontaneidad fabulosa. Nada, hombre, que lo hagan bambón honorario, diablo loco en excedencia, triquitraque sustituto. El muy carnavalero.

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Un cuento de ruido y furia

La Audiencia de Cuentas de Canarias constató, en el informe de fiscalización sobre la gestión económico-financiera del ayuntamiento de Agüimes durante 2013, un número no precisamente escaso de irregularidades que, en ciertos casos, podrían contener elementos de muy dudosa legalidad. Para ser más preciso, la Audiencia de Cuentas, en su informe, se refiere a deficiencias y debilidades en la estructura administrativa y de control interno del ayuntamiento, “alguno de los cuales son contrarias a las disposiciones legales vigentes”. La publicación del informe ha sacado de quicio (por enésima vez) al entonces alcalde de Agüimes y hoy presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, que ha calificado como “patrañas” y “chorradas” los hechos constatados y documentados por la Audiencia de Cuentas. Y de nuevo, también, todo resulta una feroz campaña de LA PROVINCIA con el objetivo de destruirle. LA PROVINCIA es el periódico del régimen y, por supuesto, el régimen no soporta a un individuo tan peligroso como el señor Morales, y no lo soporta porque el señor Morales es libre como el viento, es un espíritu crítico e insobornable, es el alma barbada de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Su despliegue de un cuento de ruido y furia pretende exonerarle de cualquier explicación racional de su gestión financiera al frente del ayuntamiento de Agüimes.

Quizás convenga, en fin, una modesta puntualización. Antonio Morales no representa un peligro para nadie. Ni siquiera para sí mismo, como demuestran los treinta años que lleva dedicados exitosamente a la política desde las instituciones públicas. Ningún empresario, pequeño o grande, se pone a temblar cuando escucha al señor Morales, aunque algunos sonrían con cierta piedad o con moderado hartazgo. Tampoco lo hacen los periodistas, los tenistas, las acupuntoras o a los aficionados al sushi. El señor Morales es tan régimen como Fernando Clavijo: el régimen constitucional y autonómico bajo el cual estas islas han conseguido –con todas las dolorosas adversidades, insuficiencias, miserias, corruptelas y errores, más deudoras de la gestión que de la estructura política-administrativa – los mejores instrumentos para consolidar un proyecto democrático. Coalición Canaria no puede estar peor en Gran Canaria – básicamente por culpa de la estupidez de los propios coalicioneros – así que el señor Morales tampoco supone ninguna amenaza para las expectativas electorales de Clavijo y sus compañeros.

Estoy absolutamente convencido –salvo que se presenten pruebas abrumadoras en sentido contrario – que Antonio Morales ha actuado con absoluta honestidad personal y que jamás se metió una peseta o un euro en el bolsillo. También es inverosímil que un partido minúsculo como Roque Aguayro – con el que se presentó electoralmente hasta federarse primero con Ican y luego con Nueva Canarias – haya sido financiado de forma irregular con fondos municipales. Muy probablemente Morales se encontró a finales de los ochenta con un ayuntamiento que era un paupérrimo caos administrativo y tuvo que tomar una decisión: o construir un ayuntamiento moderno, más operativo, estructurado y transparente, o priorizar la gestión para conseguir resultados en su municipio. Una vez acomodado en el poder a caballo de sucesivas mayorías absolutas la modernización organizativa y administrativa de la corporación se antojaría cada vez más prescindible frente a los ininterrumpidos apoyos electorales y a un cesarismo liliputiense pero pugnaz. Porque la raíz del comportamiento administrativo de Morales como alcalde y de sus grotescos insultos contra LA PROVINCIA (y otras cabeceras y periodistas) es exactamente la misma: el ensoberbecimiento de un individuo que se ha terminado por creer un hijo secreto de Chico Méndez y Nelson Mandela y que no tolera crítica, cuestionamiento, datos negativos ni informes de la Audiencia de Cuentas. La santurronería de izquierdas chilla de indignación cuando se pilla el dedo con una puerta que cerró mal y su malestar es tan intenso como cuando pide guillotina al descubrir un contrato fraccionado en el ojo ajeno sin percibir una cuenta bancaria opaca en el propio. Una vez agotados los insultos y las ramplonerías ya es hora de que el presidente se explique, como le ha exigido la oposición en el Cabildo grancanario. Que Román Rodríguez, que ha hecho de la incontinencia verbal un estilo de vida, no haya dicho una palabra sobre este asunto es un prolegómeno interesante para la próxima rueda de prensa del señor Morales.

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Fruslerías Morales

Después de dos años de mandato ya puede aventurarse cual es la estrategia política de Antonio Morales: el insularismo progresista. El presidente del Cabildo de Gran Canaria ha armado un discurso que juega a una suerte de territorialización ideológica: es quien resiste a Tenerife que, además, está gobernada por la derecha o, si se prefiere es el que lidera la  resistencia a la derecha, que mora en Tenerife y a través del control del Gobierno autónomo quiere imponer los crasos intereses que defiende en todas las islas. Con esto se puede ir tirando otros dos años sin mayores problemas. Se adoba este progreinsularismo con un montón de comisiones palabreras y programas rimbombantes – y estériles – sobre las energías sostenibles o el empleo solidario y ya está. Morales, sin embargo, ha tenido un tropiezo, por otra parte, perfectamente pronosticable: Podemos le ha salido rana. Podemos se equivocó, ciertamente, y la razón correspondía al presidente. Pero la ruptura ya es insuperable. De hecho, en el plazo de quince días, el presidente pasó de ser el compañero Morales a un diabólico representante de las fuerzas más retrógradas que jamás se arrastraron por Gran Canaria.
El problema es que el tripartito deviene prácticamente irrepetible con los únicos votos de NC y el PSOE. Si las urnas confirman en 2019, con ligeras variaciones, la actual correlación de fuerzas, Antonio Molares tendría muy difícil repetir como presidente. Por eso ha mimado a  Juan Manuel Brito, que una vez expulsado de Podemos –donde pusieron precio a su cabeza desde antes de tomar posesión: cosas de Meri Pita y sus odios sarracenos — quiere convertirse en la franquicia de Sí se Puede en Gran Canaria. Brito trata a Morales como al Papá Pitufo de la izquierda grancanaria y le consulta con piedad filial sus movimientos.
— Con Podemos no se puede ir a ningún lado.
— Está en riesgo la continuidad de un gobierno de izquierda.
— Si puedo voy a  montar  aquí Sí se puede.
–Soy de la misma pitufopinión.
Ahora el Partido Popular – la única oposición real en el Cabildo, porque Bravo de Laguna se limita a elegir chalecos y ofertas políticas  — ha revelado que  una modificación de crédito que figura en el orden del día del próximo pleno está destinada a concederle una subvención directa de 45.000 euros al Grupo de Estudios sobre Movimientos Sociales, una entidad más o menos cabalística entre cuyos fundadores está Juan Manuel Brito, que a su vez figura desde junio como coordinador de actividades (sic). Como bien han recordado los conservadores,  otra asociación liderada por Brito hasta pocos meses antes de ser elegido consejero, Acción en Red Canarias, ha recibido, ya con el flamante heraldo de Sí se Puede como vicepresidente de la corporación, subvenciones de decenas de miles de euros. Pueden dedicar ustedes la tarde para intentar justificar estos comportamientos. No lo conseguirán. Verán, la matriz moral de semejantes indecencias admite reconocer que se trata de comportamientos reprobables, pero que, al fin y al cabo, están justificados por una buena causa. Si lo hacen las derechas (o los corruptos) para sus innobles fines, ¿por qué no hacerlo para procurar el bien, un objetivo que coincide con que sigamos gobernando?
En el libro El Flaco, en el que el escritor argentino José Pablo Feinmann recoge conversaciones con Néstor Kirchner en su etapa presidencial, el líder peronista le cuenta que, para ganar unas elecciones, debe corromper a un intendente del interior del país. “Por suerte podemos convencerlo y no saldrá muy caro pero…¿imaginás lo que pensarían las almas bellas del partido si se enterasen que hacemos esto?” Feinmann asiente, asiente profusamente. Porque no es la izquierda quien habla, sino el poder, y el poder es inapelable y tiene como primer objetivo u autoreproducción. Fruslerías Morales: qué eslogan para las próximas elecciones, qué nombre para una mercería de bisutería ideológica.

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