Gobierno de Canarias

Las perritas son suyas

No está bien visto preguntar. Preguntar se ha convertido en una actividad sospechosa. Quien pregunta es que tiene dudas y el que tiene dudas es un facha o un rojo, un desquiciado o un lerdo. Preguntar era anteriormente un síntoma de inteligencia o, como mínimo, de punzante curiosidad. Ahora es una ordinariez y se suele entender como un ataque indebido. Así que preguntar al Gobierno de Canarias –por ejemplo – qué tal va lo de la modernización de las islas seguro que es mal recibido. Luego está la referencia automática al covid. Qué bien estaríamos ahora sin covid, suele insinuarse desde el Gobierno canario. Pedro Sánchez, no obstante, no piensa lo mismo. El presidente afirmó hace unos días que la pandemia incluso había contribuido a acelerar la transformación progresista del país. Es una lástima que más de 100.000 muertos no puedan consolarse con haber servido de munición agónica para el despertar de la patria en el siglo XXI.

Las peores preguntas son las que se dirigen, como es obvio, a los silencios sobre la transformación de la economía española y el aumento de la cohesión social que habrían de potenciar los fondos europeos extraordinarios. En agosto pasado llegaron a España los primeros 19.000 millones de euros, el 27% del total de transferencias que recibirá el país, de los que hasta principios de año se habían ejecutado menos de la décima parte. A las comunidades autónomas se les ha entregado más de 7.250 millones para conseguir los objetivos del Plan de Recuperación, Transformación y Resilencia, entre otros, desarrollar la normativa de residuos, corregir tendidos eléctricos, renovar edificios, mejorar los servicios de saneamiento y depuración de aguas, impulsar la movilidad eléctrica, modernizar (sic) la Formación Profesional, reforzar la economía de los cuidados, reducir la brecha digital y mejorar los equipos de alta tecnología sanitaria. El impacto de este pastón en Canarias es hoy por hoy casi inapreciable. Un ejemplo: el Gobierno central aprobó en octubre una consignación de 52,8 millones de euros que se deben invertir en programas para la rehabilitación de viviendas  y edificios públicos y la construcción de viviendas energéticamente eficientes, así como a la rehabilitación residencial en entornos urbanos. Cabe imaginar que los programas ejecutivos aún se están diseñando; mientras tanto las cifras del mamá comunitario llenan los titulares con un triunfalismo ligeramente repugnante. Porque el ciudadano de Las Palmas de Gran Canaria – por poner otro ejemplo– lo que se encuentra en una ciudad patas arriba desde hace años con obras que se eternizan, una desidia convertida en artesanía municipal y pintoresquismos como el socavón en la Avenida Marítima que se rodea con unas mallas y que salga el sol (y el viandante) por donde pueda.  El desempleo supera el 22% de la población activa y la vivienda y los alquileres no han dejado de incrementarse en el municipio en los últimos años. ¿Cuándo se invertirán esos 52,8 millones?   ¿Con qué prioridades y en qué distritos y cómo se conectarán esos proyectos con la planificación de las obras prevista en la capital? Silencio. Una silencio triunfalista, autosatisfecho, impresentable.

Desde un primer momento los fondos del Mecanismo de Recuperación de la UE se entendieron, desde el Gobierno central, como una herramienta política y propagandística, de igual manera que la pandemia se ha tratado como un ejercicio de comunicación.  Nada de un gran acuerdo nacional en las Cortes. Después de un año ni siquiera se ha tramitado como proyecto de ley el decreto ley por el que fue aprobada la regulación de la gestión de los fondos europeos. Todos los grupos parlamentarios (incluidos PP y Vox) votaron a favor del decreto con la condición de que de inmediato se debatiera y aprobara como proyecto legislativo para introducir enmiendas. Pero PSOE y UP han incumplido este compromiso y de facto han bloqueado el debate  desde su mayoría en la Mesa del Congreso de los Diputados: no tolerarán ni cogobernanza real con las autonomías ni entidades técnicas de fiscalización y seguimiento de inversiones y gastos. Las perras son suyas. Aunque las administraciones  públicas revienten de empacho.

 

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?

Una burocracia del consuelo

Los presupuestos generales de Canarias aprobados anteayer en el Parlamento son menos un instrumento para desarrollar políticas públicas bajo una orientación estratégica que un menú de subvenciones, subsidios, exenciones, socorros y ayudas. A estas alturas del milenio todavía se debe soportar a políticos (como a una diputada curbelista, Melodi Mendoza es su gracia) insistir en que “tres de cada cuatro euros que se invierten son para gasto social”, una afirmación estúpida porque, en primer lugar, mezcla gasto e inversión, y en segundo, porque solo con lo que cuestan las nóminas de los funcionarios y empleados públicos en educación y sanidad te explicas tan portentoso resultado. Porcentualmente el otro departamento más privilegiado desde un punto de vista financiero es la Consejería de Transición Ecológica, pero aunque la mayoría de sus programas son singularmente beneméritos y varios de los mismos tendrán un impacto positivo en la vida cotidiana de los isleños –calidad y vertido de las aguas, tratamiento de las basuras y residuos—lo cierto es que las políticas ecológicas, tal y como observó tempranamente Iván Ilich, no son jamás políticas populares, entre otros motivos, porque apenas generan puestos de trabajo. Nuestra nefanda –aunque pequeñita — contribución a la huella de carbón se reducirá en la próxima década, pero nos va a costar una pasta, y es un gasto que tiende a convertirse en estructural.  

Tal y como recordó la oposición parlamentaria en el debate presupuestario resulta imposible detectar en los presupuestos diseñados por el consejero de Hacienda, Román Rodríguez, y su equipo, una estrategia política ordenada, sistemática y jerarquizada de recuperación económica para la era poscovid. Eso irritó bastante a la mayoría parlamentaria, pero es una obviedad muy escasamente discutible. La situación económica del país es mala –la inmensa mayoría del empleo creado desde marzo es precario y barato — y las previsiones de crecimiento francamente mediocres pero no existe un consenso sobre los motores e instrumentos del crecimiento económico de Canarias, con un turismo bajo continua sospecha infecto-contagiosa. No existe en el seno del propio pacto de Gobierno, no se diga en el ámbito parlamentario. Las cosas empezaron prometedoramente con un Plan de Recuperación, Transformación  y Resilencia – el conocido como Plan Reactiva Canarias – firmado con gran pompa y circunstancia, pero muy pronto el Gobierno de Ángel Víctor Torres dejó de lado cualquier voluntad de diálogo, acuerdo y cumplimiento, aun en la coyuntura más grave vivida por las islas en las últimas décadas. En la práctica el Plan Reactiva Canarias sirvió al presidente para mantener en silencio a la oposición durante muchos meses, engatusada por el sortilegio de una unidad de acción que no existió jamás. Torres no deja de recordarnos que vivimos en una situación excepcional, pero gobierna exactamente igual que cualquier de sus predecesores aun en medio de “la peor pandemia soportada en el último siglo” y “una crisis económica que amenaza con destruir nuestro tejido productivo”.

Las acciones de estímulo a la actividad empresarial han sido modestas y pese a la cháchara de Rodríguez el supuesto keynesianismo del Gobierno ni está ni se le espera. Para ahora mismo el Ejecutivo podría haber emprendido un programa ampliado de obras públicas – viviendas, carreteras, autopistas, muelles, parque urbano – y para pasado mañana solucionar la miserable financiación de las universidades canarias –que recibirán apenas 4,5 de euros más que este año – e impulsado un nuevo sistema de I+D+i. Sin pistas de ninguna de estas iniciativas, ¿cómo se va a modernizar la economía canaria, crear empleo, fortalecer su músculo empresarial hacia organizaciones medianas y grandes y consolidar un mercado archipielágico y no cinco, aumentar la productividad y favorecer la innovación? Es así, y no con ingresos mínimos vitales como se lucha contra la desigualdad, la pobreza y la exclusión social. A mí el equipo de Torres me parece, más que un Gobierno, una lenta y autosatisfecha burocracia del consuelo.

 

 

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?

El poder de un Gobierno rico en una sociedad empobrecida

 

Román Rodríguez: "No vamos a tocar la fiscalidad ni recortaremos el gasto  público" - La Provincia

Estoy aplastado en la tribuna de prensa del Parlamento de Canarias. Sobre mí, como sobre el espinazo de todos los presentes, caen las decenas, cientos, miles de millones que el vicepresidente y consejero de Hacienda, Román Rodríguez, anuncia un día tras otro desde que salimos del confinamiento pandémico. No sé cuánto dinero es ya. Un río de euros incesante que salen triunfalmente de la boca de Rodríguez para salpicarnos de gozo y dejar claro a la oposición que no tiene nada que hacer y a los ciudadanos que no hay que preocuparse: Dios (es decir, el Gobierno) proveerá. Y entonces se consolida mi convicción de que esto no va a salir bien. No quiero decir que, necesariamente, todo este dineral esté cebando una catástrofe, pero no se van a conseguir los objetivos que cacarea el vicepresidente, más retóricos que económicos. En primer lugar la administración autonómica – por no hablar de cabildos y ayuntamientos – no está en condiciones –y me refiero a condiciones técnico-administrativas y organizacionales– de gastar toda esa pasta. ¿Recuerdan esos 1.144 millones en ayudas directas a pymes y autónomos transferidos por el Gobierno central? “Canarias recibirá más dinero que nadie y más que nunca”, gritó entusiasmado Román Rodríguez. Pues bien: el plazo de solicitud se cerró el 28 de julio, y hasta el día de hoy, dos meses después, solo se habían concedido 100 millones. Lo mejor hubiera sido, por supuesto, y tal y como se ha hecho en Estados Unidos, Alemania o Japón, que el propio Estado inyectase este dinero a las empresas desde el conocimiento que tiene el Ministerio de Hacienda de su situación fiscal. Se manda un cheque o se hace un ingreso en la cuenta corriente y sanseacabó. En el hispánico modo se actúa como si esto no fuera una emergencia y las pymes pudieran esperar semanas o incluso meses para disponer de una mínima liquidez. Pese a la ayuda de las Cámaras de Comercio se está haciendo mal, y no por ánimo destructivo o deliberada torpeza: sencillamente los procedimientos administrativos tradicionales son demasiado lentos,  torpes y, en este caso, letales, para una intervención de esta naturaleza.

Pero no es solo eso. En los análisis – o los tropos – del vicepresidente Rodríguez está un fondo perturbador, un fondo ligeramente turbio en el que late la confianza de que el Estado –en este caso la comunidad autonómica – puede y debe jugar a la ingeniería económica y empresarial desde la gestión de fondos financieros muy amplios, como los asignados por la Unión Europea y el propio Gobierno central. Este Gobierno de Canarias, el presidido por Ángel Víctor Torres, es el más poderoso e influyente de toda la crónica autonómica, y tiene a la élite empresarial comiéndole de la mano y a una sociedad civil complaciente y temerosa que no se ha reorganizado y galvanizado por la crisis sino que, muy al contrario, se ha acurrucado en su propia debilidad, una sociedad civil agotada que anhela una gubernalización sistemática las actividades económicas como única vía de salvación. Por eso es tan ridículo, por mencionar solo una estridencia, que Podemos proteste por las campañas contra el Gobierno de Canarias. A este Gobierno ningún poder está en condiciones de hacerle una campaña. Dentro del Gobierno y su zona de influencia estás relativamente a salvo de la catástrofe, fuera crece una oscuridad en la que no hay salvación y como explican las Escrituras, “la noche de Dios es infinita”.

El consejero de Hacienda suele repetir eso de las políticas anticíclicas que le enseñó el vice Fermín Delgado hace varias legislatura, pero es falso. El Gobierno canario no hace políticas económicas anticíclicas. Si ni siquiera sabemos aún si algún proyecto de inversión en las islas será respaldado por los fondos Next Generation. Políticas anticíclicas no son ayudas a pyme, prolongación de los ertes o esmaltar una y otra vez el escudo social, sino crear viviendas, sustituir infraestructuras,  levantar colegios, rehabilitar de edificios y entornos urbanos: dinamización de la economía real y creación de empleo. Y eso ni está ni se le espera.       

Publicado el por Alfonso González Jerez en General ¿Qué opinas?

Una crisis distinta

Se supone que hoy viernes se celebrará un Consejo de Gobierno extraordinario en La Palma y que se tomaran las primeras medidas en beneficio de los damnificados por la erupción. Caben razonables dudas al respecto. El equipo gubernamental, con el presidente a la cabeza, está locamente empeñado en una carrera contra sí mismo para proyectar una imagen indestructible de empatía, eficiencia y eficacia. Pero la realidad no se materializa al conjuro de una nota informativo o una rueda de prensa. Esto no es anunciar por enésima vez la ley de renta ciudadana para ya mismo o parlotear sobre los fondos Next Generation y su capacidad para reformar la economía canaria del blablablá. Quien tome la palabra tras la reunión del Consejo de Gobierno debe saber que se estará dirigiendo en primer lugar a los miles de desalojados – la propia Presidencia es incapaz, hoy, de precisar exactamente su número – y que se le escuchará con cansancio, escepticismo e impaciencia. El Gobierno autonómico no puede tomar apena medidas –salvo abrir algunos procedimientos administrativos y créditos extraordinarios – precisamente porque no dispone todavía de toda la información sistematizada sobre los destrozos que han causado el fuego, la lava y la ceniza. El mismo consejero de Obras Públicas, Sebastián Franquis,  informaba ayer que se está evaluando la compra de unas 280 casas desocupadas que podrían utilizarse. Es grotesco anunciar medidas concretas cuando la evaluación de los daños y amenazas de una situación dinámica y cambiante no ha podido culminarse. No es bueno – ni siquiera responsable – anunciar soluciones antes de haber estudiado todos los aspectos de un complejo problema: restituir una vida normalizada a los ciudadanos que se han quedado sin techo y a veces sin medios de subsistencia.

El Gobierno está empecinado en un error en la gestión política: no distinguir bien la excepcionalidad de esta emergencia. Esto no es un incendio que dentro de quince días pueda estar controlado mientras sobre las llamas, cual querubín televisado, la figura del presidente Ángel Víctor Torres asciende hacia los cielos de la empatía y la gloria. Descontando la erupción submarina de El Hierro en 2011, que solo obligó a evacuar por unas horas La Restinga, esta es la primera crisis volcánica con la que se encuentra Canarias desde 1971, todavía en el franquismo, cuando una erupción bastante menos dañina y peligrosa, la del Teneguía, alarmó a La Palma. No es un incendio forestal, una inundación o un vendaval. Durará muchas semanas, si no varios meses, y exige como ninguna otra no un circo político de tres pistas, sino un mando centralizado e integral que esté dirigido operativamente por los técnicos de seguridad y emergencia, es decir, que se cumplan organizativa y cabalmente todos los protocolos. El Gobierno debe informar; debe centralizar y autentificar, evitando contradicciones y solapamientos, toda la información institucional. No lo ha hecho correctamente y al parecer a nadie le importa demasiado. Tampoco se entiende con facilidad la aquiescencia del Cabildo Insular y de algunos departamentos del Ejecutivo frente la avalancha de donativos (comida, ropa, juguetes) que generosamente se han querido aportar desde otras islas. En la isla hay comida, ropa y juguetes y el Gobierno debería (y podrá) garantizar su compra y distribución. No es Haití, es La Palma.

Después de la gemebunda romería política de los últimos días — el último en practicar este asqueroso turismo de catástrofe ha sido Alberto Garzón de la mano de Noemí Santana — los responsables institucionales deberían aliviar la catástrofe de su presencia. Ángel Víctor Torres ha cumplido intachablemente con su responsabilidad, proyectando una imagen de soledad más preocupante que heroica, pero es hora de que vuelva al despacho: todas las islas, incluida La Palma, necesitan de su concurso y esfuerzo en otros asuntos y frentes. Ojalá se hubiera empleado tanto atención como se ha gastado en la erupción en modificar la ley de Cadena Alimentaria, que arruinará más y peor la isla que las bocas de fuego de Cumbre Vieja. Basta con que se quede al mando Julio Pérez o, en su defecto, su director general de Seguridad y Emergencias, un individuo que después de la que ha caído en estos dos años no ha abierto jamás la boca ni dado nunca la cara. La criatura.  

Publicado el por Alfonso González Jerez en General ¿Qué opinas?

Último informe

En la discutible hipótesis de que existan buenos y malos Diputados del Común, Jerónimo Saavedra, sin duda, ha sido de los primeros. Se ha tomado en serio el desempeño del cargo y ha actuado con una diligencia no exenta siempre de inclinaciones hacia la coquetería mediática. Desde el principio corrió un riesgo que  veces ejerció como una tentación: asumirse como una suerte de conciencia moral de la Comunidad autonómica. Saavedra fue durante treinta años un político de poder y que luchaba por el poder. Lo hizo en el seno del PSOE, en los pasillos palaciegos y en las contiendas electorales. No creo que las conciencias morales le entusiasmen mucho. Pero es el papel que le quedaba después de empecinarse a los setenta y tantos en continuar bregando en las instituciones.
Algunas de las reflexiones y comentarios de Saavedra en los últimos seis años dejan entrever lo que hubiera significado disponer de su inteligencia política en otras circunstancias. Pero las circunstancias, en fin, deberían haber sido muy diferentes, empezando por la principal: el propio Jerónimo Saavedra. Todo su carrera política – con diferencia la más sostenida y brillante en el archipiélago durante el último medio siglo – se ha fraguado desde una situación de superioridad que extrañamente jamás conoció un éxito duradero ni construyó un legado vivo. Francois Mitterrand defendía que la mejor actitud para un dirigente político – desde luego, fue la suya –consistía en una indiferencia apasionada. Y algo de eso compartió siempre el Diputado del Común en Madrid y en Canarias, en el gobierno y en el partido. Situado olímpicamente por encima de las contingencias, nunca pareció, sin embargo, particularmente interesado en controlarlas. Como un águila aguda y desdeñosa Saavedra sobrevolaba trampas, crisis,  enfrentamientos y catástrofes políticas y electorales y parecía inmune a cualquier tormenta. Y se las arregló para serlo. Quizás en lugar de un águila imponente de ojos celestes habría que emplear como metáfora el canario que los mineros llevaban en una jaula a las profundidades: si el monóxido de carbono era demasiado alto el canario caía tieso y los trabajadores huían. En la vida política de Saavedra ocurría algo similar, salvo que eran los mineros los que se asfixiaban y el pájaro el que escapaba volando hacia un nuevo destino de luz. Después de la rocambolesca moción de censura de Manuel Hermoso y sus compadres dejó Canarias y se desinteresó. Abandonó los ministerios felipistas y no quiso seguir en la política nacional como diputado y se desinteresó. Perdió la Alcaldía de Las Palmas – de la mayoría absoluta a la derrota más inapelable –y se desinteresó. Dejó el partido en manos de Juan Carlos Alemán, virtuosa quintaesencia del aparatismo burocratizado, y se desinteresó.
En los años de ligero delirio saavedrista, simbolizados en ese manifiesto espeluznante titulado Jerónimamente tuyos, parecía que era el único líder capaz de vertebrar el país y desarrollar una política reformista. Le sobraban condiciones políticas e intelectuales para hacerlo. Pero era un espejismo basado  tanto en el desconocimiento de la realidad socioelectoral fuera de las grandes capitales –y particularmente en las islas menores – como en la suposición de que bastaba con los (entonces) limitados recursos autonómicos para materializar reformas progresistas en ausencia de una sociedad civil potente y articulada. El despertar de la ficción de un Médici democrático y socialista en tierras subsaharianas fue muy amargo aunque, como siempre, ya encontró a Saavedra fríamente sonriente al amanecer.
Ayer los diputados lo despidieron entre aplausos tras rendir su último informe como Diputado del Común. Un buen informe, lúcido, preciso, pugnaz. Tuvo un último gesto. Con un fisco de irritación, tal vez no impostada, pidió menos aplausos y más cumplir con los compromisos. Quizás no se dirigiera únicamente a sus señorías. Quizás, de alguna manera, se apelaba a sí mismo o a lo que encarnó durante tantos años. Luego abandonó la tribuna y salió del salón de plenos entre sonrisas. Relajado, satisfecho, apacible. Se había desinteresado.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?