Democratitis

La democracia. Uno de los signos inequívocos de una democracia  patologizada es que nadie está de acuerdo en qué consiste. Para algunos las recientes (y venideras) mociones de censura en el Archipiélago son un ataque a la democracia, para otros su expresión más auténtica. La democracia tiene muchos rasgos, desde luego, pero uno de los más valiosos es el establecimiento de normas y reglas que emanan de la soberanía popular y de sus representantes. Así que presentar una moción de censura, si cumple la legalidad vigente, no es más ni menos democrática que no presentarla.  Sin embargo algunos identifican un ataque a la democracia con perder la poltrona y un triunfo de la misma con conseguirla. Eso es todo. Presentar como una mártir a Guadalupe González Taño es tan grotesco como alabar babosamente a los socialistas palmeros que pactan con el PP para desalojarla. Cuando uno se mete en un partido – no se diga en el PSOE – lo hace con  todas sus consecuencias y una de las consecuencias deriva del principio jerárquico de disciplina. Si no, querido, no ingreses en un partido: móntate el tuyo, organiza un club de golf o súmate a una orquesta de pulso y púa. Es profundamente estúpido presentar al PSOE de La Palma como un grupo de héroes que se rebelan contra el abominable, lejano, mezquino yugo de Ferraz. Después de las elecciones autonómicas y locales de 2011 pactaron con el PP en más de la mitad de los ayuntamientos y nadie les tosió. El Cabildo Insular fue considerado, sin embargo, como una línea roja por las direcciones federal y regional. La traspasaron. El partido está roto. Por supuesto, José Miguel Pérez tiene una enorme responsabilidad en este desaguisado. Pero Anselmo Pestana y sus compañeros también. Con una Coalición profundamente desgastada y un PSOE atomizado el futuro a medio plazo se presenta rutilante para el PP, cuya organización palmera es quizás la más acendradamente derechista de toda Canarias. José Miguel Pérez y Anselmo Pestana pueden adjudicarse ex aequo tal timbre de gloria.
La democracia.  También, a propósito de la sentencia sobre el naufragio del Prestige se ha hablado, por supuesto, de atentado contra la democracia, como en el caso del cierre del Canal 9. Ignoro lo que se esperaba. Acaso una condena a galeras. Los jueces (es una definición de Tsevan Rabtan) no son oráculos de la divinidad ni del pueblo sino intermediarios reglados para la declaración de consecuencias jurídicas obligatorias. No dictan – en la denostada democracia representativa – sentencias políticas. Tres años después del naufragio el PP conseguía el 45% de los votos y quedaba a un solo escaño de la mayoría absoluta. Y el ridículo ministro de los hilillos de plastilina es, actualmente, el presidente del Gobierno. Pero esto no ocurre porque se pierda el caso del Prestige. Ocurre porque en las urnas y en combate político e ideológico ha ganado la derecha.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?

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