Derrotado

1. ¿Puede ser uno un buen político y frecuentar los locales de alterne? ¿Y si no los frecuentas habitualmente? ¿Y si, digamos, lo has hecho cuatro, cinco, diez veces en tu vida? ¿Un político es deshonesto porque tenga o haya tenido tratos con prostitutas? ¿Y los políticos reiteradamente infieles a sus esposas? ¿Los que les ponen pisos a las queridas, por ejemplo? ¿Son menos o más repugnantes? Creo que son preguntas que deberían responder ciudadanas como la exconsejera socialista del Cabildo de Tenerife que ha expresado su dolor por el silencio de sus compañeras ante el escándalo protagonizado por Casimiro Curbelo. No son preguntas irrelevantes, a mi juicio. Afectan directamente al concepto de moral pública, así como a los principios de privacidad de los ciudadanos, incluidos los políticos electos, en una democracia representativa. ¿Hasta qué punto es lícito aplicar un código moral a los políticos en asuntos ajenos a sus responsabilidades gestoras, y en especial, en lo que respecta a sus comportamientos sexuales? ¿Y qué código? ¿El tuyo, el mío, una media ponderada de valores a partir de una amplia encuesta del CIS?
2. Los diputados y senadores solo pueden ser detenidos en caso de flagrante delito, y Casimiro Curbelo y su hijo cometieron el delito de agredir a la policía, por lo que…Un momento, solo un momento, por favor. Una pregunta central. ¿Por qué fue detenido Casimiro Curbelo? ¿Por haberse tomado copas en un prostíbulo donde su hijo protagonizó una bronca? No, no fue detenido ni por estar borracho, ni por armar una bronca que el prostíbulo no denunció. Fue detenido por insultar a los policías e intervenir físicamente en el momento en el que el hijo – no él – empujó con el puño, más que pegar empujó, a uno de los guardias. Y según el propio atestado policial, fue entonces cuando se enfureció y recordó a gritos su condición senatorial y berreó denuestos e insultos. Es muy verosímil que la policía tomase sus palabras como las estupideces fantasiosas de un borracho. Y fue entonces cuando lo entalegaron. Cinco o seis horas. Insultar a un policía no es un delito penal, sino una falta. Los protocolos policiales establecen, en estos casos, que se debe proceder a identificar al sujeto y posteriormente denunciarle por una falta de injurias contra la autoridad, y solo en el caso de que se niegue, se le podrá trasladar (es una retención, no una detención) a la comisaría más cercana, para efectuar ahí la identificación. A Curbelo lo enclaustraron en un calabozo hasta avanzada la mañana.
3. ¿Estaba Curbelo obligado a dimitir? Probablemente. Rompió la omertá consigo mismo. Se encontró consigo mismo con testigos delante. Lo que no han podido los juzgados dormidos ni la mierda clientelar lo ha logrado hacer él solito: sólo él se pudo derrotar.

Publicado el por Alfonso González Jerez en General ¿Qué opinas?

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