Estévanez, ese terroriffta

No deberían tolerarse las quejas por los resultados del llamado debate sobre la nacionalidad que se celebra anualmente en el Parlamento de Canarias. Bueno, podrían admitirse cinco minutos de llanto a los periodistas asistentes y un par de insultos por lo bajines a los funcionarios de la Cámara, pero los demás ya están advertidos y nadie les manda meterse en ese catafalco político e intelectual de ridículo y oro. Exigirles a sus señorías un diagnóstico cabal de lo que ocurre en estas islas es un absurdo: como pedirle al CD Tenerife una explicación solvente por su penosa situación en la tabla clasificatoria. Y todavía los jugadores del Tenerife tienen (o tendrían) que correr y al entrenador no le han pillado ni durmiendo ni twiteando durante los partidos. Sus señorías están para defender grotescamente al Gobierno y su presidente o para achacarle al presidente y a su Gobierno que este último año no ha llovido lo suficiente o no ha llovido demasiado. ¿Propuestas? Pues se los acabo de decir. Que continúe este Gobierno o que se vaya este Gobierno. Que se exilie Paulino Rivero a Ulam Bator, autorizándole incluir en la maleta una cabra machorra, o que Paulino Rivero continúe al frente de nuestros destinos hasta que las chácaras críen pelo. ¿No le parece bastante?
Existen regocijantes matices. El presidente, por ejemplo, habla sin papeles. Le encanta. En el Congreso de los Diputados le envidiaba esta prodigiosa magia verbal a José Carlos Mauricio, que ha discurseado y conducido sin papeles toda la vida. Desde hace tres años, como es presidente, Rivero se ha autorizado a sí mismo para practicarla. Hablar sin un discurso escrito se entiende, en la tradición de la retórica política española, en el castelarismo todavía vivo y letal, como el desideratum del talento discursivo de un líder. En Gran Bretaña, en cambio, Churchill lo llevaba escrito todo pero, especialmente, las improvisaciones. Claro que Rivero (por decirlo suavemente) no es Churchill. Y se refugia en una caverna entre guanchinesca y platónica, entremezclando abstracciones, ocurrencias y profecías, proyectando una sombra de campesino honrado que sabe que cuando más oscura es la madrugada más pronto saldrá el sol. Cuando salga el sol comprobaremos como la granja se ha reducido a un solar destartalado, pero eso será pasado mañana. Soria intenta parecer incluso amable, para simular que se está gobernando con los presupuestos que frangolló entre torpezas innumerables, y nadie, amablemente, se lo recuerda. Y Manuel Marcos se vuelca en una crítica tan enérgica, brillante y animada que podría dejar parapléjicos a todos los Enanos Danzarines de La Palma.
Nota bene: una pedantería de atrevido ignorantón. Como Rivero dijo que prefería Nicolás Estévanez que a Pérez Galdós, Soria replicó que el primero había sido el autor intelectual de un atentado contra Don Alfonso XIII. Estévanez, ese peligroso terroriffta, vino a cloquear Soria. Por cierto, don Benito lideró con Pablo Iglesias la conjunción electoral entre socialistas y republicanos en 1909, y salió diputado por la misma. Que lo investiguen. Igual Galdós estuvo implicado en los atentados del 11-M. Seguro que no se le ha escapado a Antonio Alarcó.

Publicado el por Alfonso González Jerez en General 2 comentarios

2 Respondiendo a Estévanez, ese terroriffta

  1. elclubdelos100

    Sublime. ¿Crees que los políticos entienden lo que escribes, o ya lo das por imposible?

     
  2. Alfonso González Jerez

    En mi vida he escrito pensando en los políticos como lectores. Es lo que faltaba.
    Un saludo

     

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