Hospitales

Algún día se descubrirá, en una oscura cámara secreta de la pirámide de Keops, una venerable tablilla en la que, en lenguaje jeroglífico – es su verdadero idioma – el dios Ra, representado por un señor bajito o con un caballero panzudo y con bigote, anuncia la construcción de hospitales en el Norte y Sur de Tenerife y su entrada en funcionamiento para ya mismo. Muchos años más tarde lo han vuelto a hacer. Los centros hospitalarios donde solo reposa la Eternidad – así lo asegura la Consejería de Sanidad del Gobierno autonómico –abrirán sus puertas en el año 2012. La diferencia de las antiguas y apolilladas promesas y este último pronóstico es la que existe entre la incertidumbre y la falsedad.
Si los hospitales del norte y del sur de Tenerife no son una realidad operativa es a consecuencia de un dubitativo y pésimo diseño en la planificación de las infraestructuras hospitalarias, la priorización de otras inversiones –como el Negrín o la reforma de La Candelaria – y la creciente presión social y asistencial sobre los recursos financieros públicos, que en Canarias se ha disparado en la última década. Uno de los mantras más queridos de la crítica bullanguera – “paralizan las inversiones en beneficio de la sanidad privada” – no se sostiene racionalmente, porque los futuros centros hospitalarios apenas significarán estadísticamente un desahogo en la atención sanitaria que se demanda en sus respectivas zonas y, muy especialmente, en el sur tinerfeño. En esta coyuntura económica y presupuestaria, en medio de una crisis de todos los demonios, lo gravoso para las arcas públicas no será acabar de una maldita vez la construcción y puesta a punto de los hospitales, sino su mantenimiento financiero. El coste anual del hospital del Sur superará los 35 millones de euros y el hospital del Norte estará muy cercano a los treinta millones por año, aunque la gestión privada de los servicios sociosanitarios podría abaratar los costes. Una observación menor entre otras muchas: los futuros centros hospitalarios dispondrán de una cartera de servicios en absoluto insignificante, pero no encajan en el imaginario popular de “hospitales completos”. Cada uno de los mismos dispondrá de dos quirófanos (2) para la práctica de cirugía mayor ambulatoria y entre 50 y 60 camas para la hospitalización de media estancia.
Simplemente no existirán recursos públicos en 2012 para poner en marcha los hospitales. Al contrario: la cartera de servicio y la calidad de la atención asistencial de los hospitales ya existentes se verán erosionados en los próximos años. Y mucho y mal.

Publicado el por Alfonso González Jerez en General 2 comentarios

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