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El perseguidito

Es muy difícil encontrar entre los políticos (sean de izquierdas o de derechas, céntricos, centristas o centrados, de partidos tradicionales o de organizaciones emergentes) una comprensión cabal del papel de los medios de comunicación en una sociedad democrática. Sin periodismo no existe democracia, por supuesto, y sin democracia el periodismo solo puede ser la pálida promesa que se dibuja en la crítica a desperfectos municipales (el único contenido crítico en el ABC de finales de los sesenta, por ejemplo, era la columna de Cándido sobre las obras del ayuntamiento de Madrid). El periodismo no es necesariamente subversivo, pero su misión es contar lo que pasa y eso, a muchísimos responsables políticos, suele molestarles si lo que pasa les pasa por encima o, menos cruentamente, les pisa los callos. Cuando su vanidad o sus juanetes son atropellados por lo que cuenta el periódico, en fin, el dirigente político sabe lo que hacer por instinto: denunciar una crasa conspiración, una manipulación artera, una conjura atroz.  Es una víctima del atropello de comunistas sin entrañas o fascistas que buscan sangre. Es lo que le ha ocurrido a Antonio Morales con una información publicada por LA PROVINCIA, que recogía las críticas empresariales a su gestión como presidente del Cabildo de Gran Canaria. “Los empresarios ven un cabildo parado y en riesgo de perpetuarse en la inacción”, rezaba el titular de la información que provocó una airada réplica de Morales en su página de facebook. “El periódico me trata mal una vez más”, apunta el presidente en una frase muy reveladora.  La función de un periódico no es tratar bien o mal a nadie.  Pero, por supuesto, Morales lo que quiere es que lo traten bien, es decir, cómo se merece. Y como el periódico tiene el atrevimiento de reproducir la opinión de un grupo de empresarios Antonio Morales solo encuentra una explicación: LA PROVINCIA desarrolla una campaña contra él “al servicio de la derecha más intransigente” – él es la izquierda más estupenda, aunque no esté dispuesto a transigir con críticas empresariales ni periodísticas — y para darle “un balón de oxígeno a CC” – como si Fernando Bañolas pudiera hacer otra cosa con un balón que sufrir un infarto.
En realidad no es necesario ser un empresario para detectar la parálisis política que vive el Cabildo de Gran Canaria. Es evidente, como es perfectamente reparable en los tres años que quedan de mandato. El Cabildo grancanario necesita, en primer lugar, reformarse a sí mismo para modernizarse organizativa y técnicamente como órgano de gestión insular. Por supuesto, y como todos sus antecesores, Morales se ha cuidado muy mucho de intentarlo. En vez de ensuciarse las manos con el puerco dinero, puaj, el presidente prefiere crear comisiones y subcomisiones para diseñar un modelo de desarrollo sostenible donde se intercambian tópicos y buenas intenciones con un beatífico ritmo de conversa cafetera, apostólica e interminable. Esa doble tensión – la aversión por el sórdido billetaje y los crasos intereses empresariales y la inclinación irresistible por la cháchara progresista como medalla de buen comportamiento – es la que alimenta el hueco discurso de Morales, que siempre es una defensa del Bien frente al Mal, porque él está, por si no se han enterado, a favor del Bien y en contra del Mal. Y si es necesario se ayuda al bien con alguna medida valiente, como cuando durante su larga etapa de alcalde de Agüimes llegó a establecer una suerte de toque de queda para adolescentes tentados por los demonios del alcohol y la carne (en) fiesta. Este espíritu, cristianón y pobrista, jalonado por una jerga izquierdosa y autosatisfecha, no da para un programa de gobierno. Pero Morales lo intenta, y si es necesario posar de perseguidito, se hace. También en facebook.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?

Tocamientos

En una de sus pizpiretas reuniones, un club matinal que se denomina Consejo Asesor de la Presidencia del Gobierno se ha entretenido un rato hablando con el jefe del Gobierno quien, como siempre, les atendió con el interés de un metereólogo de vacaciones. Mientras los sindicatos pedían que no se siguiera desangrando los servicios públicos básicos los empresarios aclararon que subir determinados impuestos moderadamente no serviría para nada. No sé por qué se preocupan los empresarios en repetirlo, porque el Gobierno regional está absolutamente de acuerdo, y el expediente para incrementar la tasa fiscal sobre el tabaco lleva trimestres avanzado a paso de oruga entre los pasillos de la administración pública, si no es que algún interventor lo ha aplastado, sin darse cuenta, al acercarse a la máquina del café (*). Otra cosa es que los empresarios isleños tengan razón, que no la tienen. Gracias a la tímida subida del IVA ha aumentado en apenas tres meses un 44,8% de lo recaudado con este impuesto, lo que ha tenido un papel relevante en la apreciable reducción del déficit público entre julio y octubres pasados.
Son debates que ya viven de prestado. Debates anacrónicos que la realidad económica se llevará aceleradamente por delante. Verán ustedes, el Gobierno central tiene como objetivo básico – compromiso adquirido con Bruselas y sobre el que afilan sus guadañas los mercados de deuda – una reducción del déficit público equivalente a un 6% del PIB para diciembre de 2011. Pero sus previsiones – bastante optimistas—establecen que tal déficit se situará en el 9,3% a finales de este año. Nadie cree que puedan eliminarse nada menos que tres puntos porcentuales del PIB en el plazo de un año. Nos esperan nuevos recortes – en los presupuestos que aprueben las Cortes y en los que se diseñen para 2012 – más amplios y estructurales todavía, con su inevitable correlato en las comunidades autonómicas. ¿Cuánto deberá extirpar de nuevo Canarias en las cuentas públicas de 2012? ¿Doscientos, trescientos, quinientos millones de euros más? Y eso si contar que Portugal entre en quiebra – le debe 110.000 millones de euros a administraciones públicas y bancos y empresas españolas – o que España – más improbablemente –sucumba a sus estrangulamientos, mentiras y debilidades financieras. ¿Alguien, desde los poderes públicos canarios, está previendo escenarios, estrategias, impactos como estos? Los empresarios canarios creen que los impuestos no se les debe tocar, porque es como tocarles las partes íntimas. Muy bien. ¿Alguna otra idea antes de la siguiente ronda de imbecilidades?

* El Consejo de Gobierno aprobó hoy, me dicen, el aumento de la tasa del tabaco. Un incremento muy chiquitín y restringido al tabaco rubio. ¿Será que la mayoría de los concejales de Coalición fuman negro?

Publicado el por Alfonso González Jerez en General ¿Qué opinas?