Retiro lo escrito

Una carta delirante

He leído con creciente estupefacción la grotesca carta enviada al presidente del Gobierno autonómico por el llamado  colectivo Artemisa sobre (contra) la exposición Pintura y poesía. La tradición canaria del siglo XX  Es delirante. Las firmantes pretende que se apliquen a las muestras artísticas el artículo 26 de la ley orgánica 3/2007 y que sea obligatorio implantar en las mismas –imagino que en las impulsadas por administraciones públicas, aunque cabe esperar cualquier cosa –  “la perspectiva de género” que debe estar presente “desde un principio”. Los comisarios o comisarias del futuro, por lo tanto, deberían abstenerse de cualquier planteamiento o criterio selectivo u organizativo que no incluya “la perspectiva de género” entendida metodológicamente, por supuesto, según las abajofirmantes. Una cosa es asumir y defender la igualdad de derechos de las mujeres o establecer penas y castigos normativos contra la violencia machista y otra muy distinta que tu ideología se incorpore como asignatura obligatoria a la elaboración intelectual y a la interpretación cultural de cualquier agente individual o colectivo. ¿Esgrimirán la ley orgánica 3/2007  si se publican más novelas de escritores que de escritoras en Canarias en este año en las colecciones institucionales? ¿Exigirán a los escritores que incorporen a sus relatos o a los poetas que introduzcan en sus poemas o a los críticos que consideren prioritariamente en sus ensayos “una perspectiva de género”?
Todavía más delirante es que en un penoso tono amenazador las firmantes declaren que buscarán apoyos a nivel regional, nacional e internacional “para acabar con esta situación injusta y al margen de la legalidad”.  A las malas exposiciones –que pueden incluir o no actitudes machistas en sus criterios programáticos – se les responde con críticas argumentadas y con debate intelectual, no invocando estrafalariamente a una legislación que no viene al caso y que no se promulgó para lapidar a comisarios artísticos equivocados, acertados o simplemente groseros en desafortunadas declaraciones públicas. Reconozco que yo soy todavía más alarmante que los señores Sánchez Robayna y Fernando Castro. Descreo que existan las docenas y docenas de poetas canarios valiosos y perdurables.  No, no, existen. Tenemos una quincena de líricos estimables durante cinco siglos de ejercicio literario en estos peñascos atlánticos y la mayoría son hombres, simplemente, porque las mujeres estuvieron aherrojadas en una posición subordinada y con un acceso vetado a la educación y a la cultura. En Canarias, particularmente, esta condición cosificante de la mujer fue más prolongada e intensa, porque la nuestra no es una sociedad posindustrial y con una sólida tradición de democracia y tolerancia a sus espaldas, sino una sociedad que hasta anteayer era rural y agrícola, pobre y desconectada con el exterior, de un conservadurismo brutal y embrutecedor con hondas raíces religiosas que tuvo su última expresión en el nacionalcatolicismo de una dictadura que hasta finales de los años setenta impidió que las mujeres pudieran abrir cuentas en las entidades bancarias sin permiso expreso de sus maridos, por ejemplo.
Respecto a las reclamaciones del colectivo Artemisia para “normalizar” la situación de las mujeres en el sistema de arte  canario, habrá que decirles lo mismo que a sus compañeros, los pintores, artistas, escultores, músicos o cineastas: espabilen. No pidan ser normalizados. Construyen su propio “sistema de arte” y desocúpense del Gobierno y sus infinitas e inútiles majaderías. No exijan obsesivamente ser bien tratados y dedíquense a tratarse mejor (con más imaginación, coraje y autonomía y menos subvencionismo y afeites ideológicos) a sí mismos.

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Arte, pasado, misoginia

Las protestas (supuestamente feministas) ante la exposición Poesía y pintura. La tradición canaria del siglo XX, financiada por el Ejecutivo regional y comisionada por Andrés Sánchez Robayna y Fernando Castro Borrego, rezuman confusión y trivialidad. Habría que empezar señalando que una exposición es, al mismo tiempo, una interpretación. Las exposiciones – y en especial aquellas que se definen programáticamente desde un principio – son siempre interpretaciones más o menos argumentales de sus promotores o sus comisarios. Y esta no es, estrictamente hablando, una exposición historicista. Su objeto no consiste en reunir a los mejores talentos literarios y plásticos de la modernidad canaria sino registrar valorativamente, tal y como señalan Andrés Sánchez Robayna y Fernando Castro Borrego, a aquellos poetas y pintores que articularon un imaginario simbólico compartido a través de una red de relaciones a veces sólidamente evidentes y otras sutiles y esquivas. Para los profesores Sánchez Robayna y Castro Borrego solo tres mujeres artistas han compartido ese repertorio simbólico, basado en un concepto (y una praxis) moderna, modernista y luego vanguardista de la imagen: Maribel Nazco, María Belén Morales y Maud Bonneaud. Sospecho que es una decisión excesivamente limitativa incluso desde sus premisas, pero se me antoja disparatado tachar la muestra como una deplorable exhibición de misoginia. Otra cosa es que a uno le guste o no. Personalmente estimo que es una muestra bastante desafortunada, conceptualmente endeble, precipitada y al borde de la irrelevancia. Pero la ausencia y presencia de mujeres entre las figuras convocadas nata tiene que ver con este pequeño desastre.
En realidad es necesaria una verdadera inmersión en la más profunda ignorancia para lanzar semejante acusación a ambos catedráticos. Sin entrar en excesivo detalle, basta recorrer las brillantes páginas que le ha dedicado Sánchez Robayna a Sor Juana Inés de la Cruz o a María Zambrano para evitar el ridículo charloteo sobre la misoginia de uno de nuestros principales poetas y críticos literarios. Porque la embobada polémica sobre la exposición  Pintura y poesía es una manifestación más de esa ideología de género que, con un espíritu imperialista satisfecho de sí mismo, pretende infectar cualquier espacio público e imponer una absurda, pazguata y desinformada jerarquía valorativa. El hecho de que la Dirección General de Cultura del Gobierno autonómico se haya apresurado a afirmar que se trata de una situación “que será corregida de inmediato” solo se entiende desde la ignorancia común entre altos cargos y escandalizados críticos. ¿Quién la va a corregir? ¿Se echarán a un bombo una veintena de nombres de escritoras y artistas para que el azar elegida a las más meritorias? ¿Qué porcentaje de mujeres debe alcanzar la exposición para que la misoginia se disuelva en la buena voluntad de género? ¿Quizás un mínimo del 50%?
Los criterios que informan la muestra importan un bledo a los escandalizadores. Deberíamos entender que nuestra sociedad, la sociedad canaria, ha sido pobre, muy pobre, y que todavía en los años sesenta más de un 30% de los isleños padecía analfabetismo. Los escritores, pintores y escultores de la vanguardia histórica en Canarias – para no hablar del romanticismo o del modernismo – eran una exigüa minoría dentro de una minoría social compuesta por las élites agroexportadoras y las muy estrechas clases medias urbanas. Y como nadie ignora en esa ínfima minoría cultivada que se dedicaban a la creación artística en una sociedad azotada por la hambruna, las enfermedades, la ignorancia y el caciquismo la presencia de las mujeres – sometidas a una vida dependiente y subalterna en lo político, lo jurídico, lo social y lo cultural – resultaba casi irrelevante. Esa es la otra clave de su escasa relevancia numérica en una exposición como la que se ha podido ver en el TEA: no  un imaginario supremacismo machista de los comisarisos, sino las atroces injusticias del pasado que transformaba casi siempre a las artistas y escritoras en figuras estrafalarias y esquinadas.

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Fruslerías Morales

Después de dos años de mandato ya puede aventurarse cual es la estrategia política de Antonio Morales: el insularismo progresista. El presidente del Cabildo de Gran Canaria ha armado un discurso que juega a una suerte de territorialización ideológica: es quien resiste a Tenerife que, además, está gobernada por la derecha o, si se prefiere es el que lidera la  resistencia a la derecha, que mora en Tenerife y a través del control del Gobierno autónomo quiere imponer los crasos intereses que defiende en todas las islas. Con esto se puede ir tirando otros dos años sin mayores problemas. Se adoba este progreinsularismo con un montón de comisiones palabreras y programas rimbombantes – y estériles – sobre las energías sostenibles o el empleo solidario y ya está. Morales, sin embargo, ha tenido un tropiezo, por otra parte, perfectamente pronosticable: Podemos le ha salido rana. Podemos se equivocó, ciertamente, y la razón correspondía al presidente. Pero la ruptura ya es insuperable. De hecho, en el plazo de quince días, el presidente pasó de ser el compañero Morales a un diabólico representante de las fuerzas más retrógradas que jamás se arrastraron por Gran Canaria.
El problema es que el tripartito deviene prácticamente irrepetible con los únicos votos de NC y el PSOE. Si las urnas confirman en 2019, con ligeras variaciones, la actual correlación de fuerzas, Antonio Molares tendría muy difícil repetir como presidente. Por eso ha mimado a  Juan Manuel Brito, que una vez expulsado de Podemos –donde pusieron precio a su cabeza desde antes de tomar posesión: cosas de Meri Pita y sus odios sarracenos — quiere convertirse en la franquicia de Sí se Puede en Gran Canaria. Brito trata a Morales como al Papá Pitufo de la izquierda grancanaria y le consulta con piedad filial sus movimientos.
– Con Podemos no se puede ir a ningún lado.
– Está en riesgo la continuidad de un gobierno de izquierda.
– Si puedo voy a  montar  aquí Sí se puede.
–Soy de la misma pitufopinión.
Ahora el Partido Popular – la única oposición real en el Cabildo, porque Bravo de Laguna se limita a elegir chalecos y ofertas políticas  — ha revelado que  una modificación de crédito que figura en el orden del día del próximo pleno está destinada a concederle una subvención directa de 45.000 euros al Grupo de Estudios sobre Movimientos Sociales, una entidad más o menos cabalística entre cuyos fundadores está Juan Manuel Brito, que a su vez figura desde junio como coordinador de actividades (sic). Como bien han recordado los conservadores,  otra asociación liderada por Brito hasta pocos meses antes de ser elegido consejero, Acción en Red Canarias, ha recibido, ya con el flamante heraldo de Sí se Puede como vicepresidente de la corporación, subvenciones de decenas de miles de euros. Pueden dedicar ustedes la tarde para intentar justificar estos comportamientos. No lo conseguirán. Verán, la matriz moral de semejantes indecencias admite reconocer que se trata de comportamientos reprobables, pero que, al fin y al cabo, están justificados por una buena causa. Si lo hacen las derechas (o los corruptos) para sus innobles fines, ¿por qué no hacerlo para procurar el bien, un objetivo que coincide con que sigamos gobernando?
En el libro El Flaco, en el que el escritor argentino José Pablo Feinmann recoge conversaciones con Néstor Kirchner en su etapa presidencial, el líder peronista le cuenta que, para ganar unas elecciones, debe corromper a un intendente del interior del país. “Por suerte podemos convencerlo y no saldrá muy caro pero…¿imaginás lo que pensarían las almas bellas del partido si se enterasen que hacemos esto?” Feinmann asiente, asiente profusamente. Porque no es la izquierda quien habla, sino el poder, y el poder es inapelable y tiene como primer objetivo u autoreproducción. Fruslerías Morales: qué eslogan para las próximas elecciones, qué nombre para una mercería de bisutería ideológica.

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Las nuevas especificidades

Leo que el próximo sistema de financiación autonómica “mimará” las especificidades canarias. Eso está muy bien. Las especificidades descienden en línea directa – no conceptualmente, pero sí como estrategia económica y de legitimación del bloque de poder en Canarias– de las peculiaridades que defendían los puertofranquistas a mediados del siglo XIX. Hay que proclamar bien alto las especificidades que dios o el diablo nos dieron y así figuran en lo más alto de la agenda política regional. Las especificidades canarias son un emblema: la versión local del santo grial que hay que arrancar de las manos de los sarracenos. Desde luego, no es muy inteligente negar su importancia, pero ha llegado el tiempo de atender a las especificidades que se han consolidado en Canarias en las últimas décadas: un alto desempleo estructural que en los mejores coyunturas no ha bajo del 10% de la población activa, una productividad vegetativa y en picado, un universo empresarial fragmentado en miles de pequeñas o diminutas empresas, una actividad económica con bajísima creación de valor añadido, una desigualdad de rentas creciente, una internacionalización puno menos que frustrada, una situación medioambiental que emite señales preocupantes de degradación. Ciertamente se han creado servicios educativos, sanitarios y asistenciales que solo disfrutan un pequeño grupo de países europeos pero, por lo dicho anteriormente, su sostenibilidad financiera resulta muy cuestionable, y los signos de colapso ya se antojan abrumadores.
Desempleo crónico, inversión ridícula en I+D+I, desigualdad creciente, ineficacias e ineficiencias de empresas liliputienses, estrategias insuficientes o errátiles de incorporación a la globalización económica. Todas esas debilidades y rasgos disruptivos llevan tanto tiempo con nosotros que ya pueden considerarse  las nuevas especificidades canarias. Las que deben analizarse y resolverse. Las que deberían priorizarse en la agenda política del país. El REF – incluso en la peculiar transformación que ha sufrido en su última reforma – es un medio que parece haberse transformado en un fin, al igual que las subvenciones y ayudas de Estado. A riesgo de repetir una obviedad, el nuevo REF, las inversiones presupuestarias, las subvenciones al transporte, en fin, no son una política económica, no deben ni pueden suplantar el lugar – ni en el discurso ni menos aun en la gestión – de una política económica. Esta asombrosa costumbre tribal de luchar heroicamente por el acervo económico y fiscal de Canarias, según la expresión ritual más sagrada, con la convicción de que bastará con esperar su benéfico efecto en el tejido económico de las islas, conduce inevitablemente a la melancolía, al fracaso lastimado, a un menesteroso balneario turístico que nos mató el hambre pero que ahora puede matarnos el futuro. Un instrumento como la Reserva para Inversiones, por ejemplo, contribuyó al apalancamiento financiero de empresas, pero no a su crecimiento, ni a su mejora organizativa y tecnológica, ni a la creación de empleo, contribuyendo, en cambio, a la brutal acumulación del ladrillo de finales del siglo XX y  principios del XXI.
Pero no existe una revisión crítica y basada en la evidencia empírica de los éxitos y fracasos de esta deriva basada en especificidades salvíficas, programas de inversión y subvenciones a granel. Vivimos enterrados hasta los ojos en una inercia mental e intelectual que a una élite empresarial básicamente extractiva le viene magníficamente bien. En vez de mimar tanto a las viejas especificidades habría que tratar con más respeto y atender con más eficacia a los problemas que estrangulan nuestro desarrollo y amenazan con seguir abaratando y afantasmando el sistema democrático.

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Fernando Clavijo o la virtud recipendiaria

Quizás los que susurran — con un fisco de espíritu pelotero — que Fernando Clavijo disfruta de baraka exageran ligeramente. Quizás el encantamiento presidencial se acerca más a lo que un crítico literario inglés llamó una virtud recipendiaria: aquella que se recibe, para rentabilizala con astucia, de la estupidez, la incapacidad o la torpeza de los demás. Coalición Canaria obtuvo la mayoría de escaños en las elecciones de 2015, pero también su cifra más modesta de votos en los últimos veinte años. Y aun así gobierna en solitario después de un frustrado pacto con los socialistas y resulta muy probable que puedan seguir en esa relativamente privilegiada situación durante los próximos dos años. Una de las razones que explican esta bicoca es el solitario pero muy valioso voto de Ana Oramas en el Congreso de los Diputados. Pero la otra, que interactúa con la primera, es casi igual de importante: los otros dos grandes partidos de Canarias han atravesado una prolongada crisis de dirección y orientación estratégica (caso del PSOE) o no han encontrado un líder potente ni han ganado un ápice de autonomía respecto a Madrid (el Partido Popular). Los socialistas no han querido (o sabido) mantenerse en el Gobierno autonómico; los conservadores han fracasado a la hora de entrar, y como consecuencia, la figura  presidencial de Clavijo,  al que sostiene menos de un tercio de los diputados, se ha fortalecido, y Coalición ha recuperado en parte la centralidad en el espacio político canario. Si Asier Antona no ha querido pisar los salones de la Confederación Canaria de Empresarios, porque solo ve a amigos y ompadres de Soria,  Clavijo ha conseguido que las grandes fortunas e inversores grancanarios simpaticen con los coalicioneros cuando siempre apoyaron al PP. Si Patricia Hernández se podemiza el presidente del Gobierno extrema su centrismo y su amor por la Constitución y el (reformado) Estatuto de Autonomía. Clavijo no tiene en CC un partido precisamente fuerte, cohesionado  y con profundas raíces en la sociedad civil. Pero tiene el poder. El poder, sorprendente fenómeno que puede conseguir tanto transformar la realidad –a veces– como aparentarla –casi siempre.

Un pacifista para la guerra

Madrid se gastó un dineral en llamadas telefónicas. Desde hace quince días el mismo Pedro Sánchez hizo muchas para repetir siempre lo mismo: Víctor Torres era su candidato, el candidato del cambio, el candidato que sintonizaba con el nuevo PSOE. Y recuerden, compañeras y compañeros, por quién apostaron los otros dos candidatos: por Susana Díaz, por el bucle aparatista del susanismo, por la continuidad mortecina y mediocre de los que solo buscan sobrevivir. La campaña ha ofrecido un espectáculo curioso: el candidato defendido por Pedro Sánchez, el  autor del giro izquierdista del PSOE, el candidato Víctor Torres, secretario general de los socialistas grancanarios, esbozaba un programa firme pero en tono moderado y conciliador. Los candidatos que en su día avalaron a Susana Díaz, en cambio, se lanzaron a un izquierdismo exasperado.  Juan Fernando López Aguilar superó su tradicional cantinflismo apocalíptico  y en un mitin explicó con un alarido lo que estaba dispuesto a decirle a un dirigente de CC si le pedía que moderase a un cargo público socialista: “Le voy a decir ¡jódete, jódete, jódeeteeeeeeeee…!” No está mal para tener un doctorado por la Universidad de Bolonia.
Patricia Hernández y sus voceros explicaban didácticamente que durante su periodo en el Gobierno de Canarias  descendió el número de parados, se acortaron las listas de espera, se agilizaron los expedientes de dependencia, los niños estaban más sonrosados, el aire era más puro y transparente, los isleños comenzaban a encontrar, en fin, un sentido a sus hasta entonces apesadumbradas vidas. Fernando Clavijo no podía soportar tanta esperanza y por eso se la cargó. Hernández repitió varias veces que jamás volvería a pactar con Clavijo, un peligro que no parece correr a corto ni a largo plazo. El patricismo deviene una ilusión adolescente que te cuenta que no es necesaria preparación intelectual, esfuerzo vital, visión de conjunto y una cultura general que te permita saber que, en una conversación sobre patrimonio histórico, un BIC no es un bolígrafo, sino un Bien de Interés Cultural. Luego te haces mayor –siempre ocurre de repente, por ejemplo, cuando se pierde unas primarias – y lloras amargamente sobre tus descoloridas piruletas.
Hernández y López Aguilar no eran verosímiles. La primera no abandonó el Ejecutivo por cuestiones principistas como intenta enmascarar su relato: fue destituida junto a sus tres consejeros. El segundo llegó a Canarias en 2007 como obligado candidato presidencial, no consiguió gobernar y sin embargo exigió el bastón de mando de la Secretario General. No impulsó una sola reforma programática ni organizativa en su breve reinado y abandonó estas ínsulas baratarias en cuanto pudo, para dolorida sorpresa de los que confiaron en su ambición, en su facundia, en su brillantez intelectual. Se presentó a las primarias para intentar sobrevivir encaramándose sobre una baronía territorial. No le creyeron. No le creerán nunca más.
Víctor Torres representa una gestión meditada para ejercer una oposición sin tregua ni personalismos, mantener los acuerdos de izquierda en Gran Canaria e intentar trasladarlos a otras islas y, sobre todo, al Gobierno autonómico en 2019. Lo que es la praxis sanchista en otras comunidades y territorios. Se le ha advertido y ha aceptado que bien pudiera no ser el candidato presidencial: Héctor Gómez sigue siendo el hijo bienamado en Ferraz. Eso es el futuro: lo importante es la reconstrucción del partido y la organización de equipos de trabajo. Resucitar la organización, en especial en Gran Canaria. En un libro donde recogió varios cuentos, allá por los años noventa, el doctor Torres, filólogo y escritor de madrugadas, colocó una cita de Mahoma: “Está escrito que combatiréis y, sin embargo, tenéis horror a la guerra”. Es exactamente lo que le espera al frente del PSC-PSOE

Un liderazgo de rapadura

Algunos relevantes cargos públicos del PP comienzan a despertar de la breve y triunfal siesta antónica para reparar en que se ha concedido carta de naturaleza a un liderazgo que no existe. Porque Asier Antona, simplemente, pasaba por ahí. El sintagma pasaba por ahí suele constituir la explicación más evidente en el campo de la política canaria y española. Desde 1999 todos los secretarios generales del PP de Canarias fueron floreros más o menos decorativos en las estancias palaciegas de José Manuel Soria, cuya despiadada férula era indiscutible. Si el ex ministro de Industria y Energía  no hubiera caído en desgracia – tropezando él solito en sus mentiras, arrogancias y pringues – y dimitido en abril de 2016 Antona, muy probablemente, hubiera sido una fugaz anécdota en la crónica de los conservadores canarios o habría regresado a La Palma para reventar devorando marquesotes. Soria utilizaba a los secretarios generales para labores de intendencia y mensajería y luego los apiolaba sin conmiseración, para que a nadie se le ocurriera que pudiera plantearse un hipotético delfinato.
Antona maniobró velozmente para embutirse, como una ansiosa salchicha parrillera, en la Presidencia del PP. En principio su dirección era provisional, por supuesto, aunque se enredó, según su costumbre, emitiendo algún  comunicado confuso que supuraba una indisimulable ansiedad por la corona. En su vocación de despiojar concienzudamente de cualquier liderazgo al PP de Canarias Soria había sido muy eficaz y esa avitaminosis carismática le vino estupendamente a Asier Antona. Si no existían líderes de altura regional sustentados en amplias mayorías electorales, la mejor opción para la estabilidad de la organización se apotaba en la sucesión jerárquica. Antona vendió muy bien frente a Génova que por su juventud y su virtuosa lejanía de élites empresariales y financieras podía venderse estupendamente – aunque sin grandes alharacas– como parte de un proceso de renovación del PP canario: una renovación que, por supuesto, no cambiaría absolutamente nada. Antona dispuso de cerca de un año para pactar con el PP de Gran Canaria – y sellar una alianza con María Australia Navarro – y consolidar sus relaciones con la dirección nacional. No tuvo dificultades, el pasado marzo, para derrotar en las primeras elecciones primarias del PP a Cristina Tavío. El siguiente paso consistía en entrar en el Gobierno de Canarias. La ruptura del pacto entre CC y PSC-PSOE pocos meses antes parecía ponérselo en bandeja. Sorprendentemente lo primero que dijo Antona a finales de abril es que el PP no tenía ninguna prisa. Cada vez que un periodista le preguntaba al respeto le recordaba que él, como presidente del PP de La Palma, había bendecido acuerdos entre socialistas y conservadores en el cabildo insular y en varios ayuntamientos. Y sonreía con la maliciosa sonrisa de un gato capaz de deglutir cualquier ratón.
La mayoría de CC – sin excluir al presidente del Gobierno autonómico, Fernando Clavijo – estaba más o menos resignada a un acuerdo con el PP. Las líneas rojas: el PP tendría la Vicepresidencia y tres consejerías; el PP no utilizaría la negociación para sembrar discordias y tensiones en el seno de CC; el PP aceptaría que los acuerdos fueran ratificados por su dirección nacional, con rúbrica de Mariano Rajoy o María Dolores de Cospedal incluida. Antona terminó por atravesar todos los límites y lo hizo por puro tacticismo cuellicorto. Después de aceptar tres consejerías, pidió cuatro; después de definir las áreas que asumiría el PP, cambio de criterio y demandó, entre otras cosas, la Consejería de Agricultura y Pesca, para ver si los herreños de AHI se largaban furibundos y el grupo parlamentario de CC perdía dos diputados. A lo largo de la negociación amenazó nada veladamente con mociones de censura  –imposibles – y con abandonar la mesa y con cortar abruptamente las conversaciones. Todo fue muy asombroso, porque Antona actuó como el líder que no es al frente de un partido que no existe. Ambas cosas, fuerte liderazgo y partido renovado que decidía en Canarias y solo en Canarias su política de pactos, eran fantasías autopropagandísticas que se terminó creyendo, y al final se lanzó a una carrera alocada para tapar sus propias torpezas e ingenuidades. Clavijo le decía telefónicamente –el pasado fin de semana — que veía la situación muy difícil: Antona llamaba a los medios y proclamaba un ultimátum. Clavijo se reunía con Cospedal en una visita oficial de la ministra de Defensa en Canarias: María Australia Navarro declaraba rota las negociaciones. Por supuesto, todo acabó cuando los presidentes Rajoy y Clavijo se reunieron y el primero le aseguró al segundo que el PP canario no obstaculizaría la acción política de CC, aunque no esxistiera amor ni mucho menos frenesí. Asier Antona, por supuesto, seguirá siendo el presidente del PP de Canarias. Pero si se acerca lo suficiente al espejo descubrirá que ya no es Asier Antona, sino un zombi capaz de comerse su propio cerebro si no lo hubiera hecho ya.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?