Gustavo Matos

Un soñador para un pueblo

Cuando un cargo público socialista con un peluco de 300 euros en la muñeca y chaqueta de Carolina Herrera sobre los hombros se dirige a la militancia para hacerle una propuesta ya se lo que va a pedir: que se escuche al pueblo soberano. O si se prefiere, que se consulte a los afiliados algún asunto estratégico de singular relevancia. Asumir las responsabilidades como representante de militantes y/o ciudadanos no tiene actualmente mucho predicamento pero, en cambio, aprovecharse de los estados de ánimo de la peña en coyunturas de inestabilidad o polarización deviene una tentación irresistible. Es lo que le ocurre al diputado Gustavo Matos, que propone ahora, cuando apenas ha pasado una semana de la moción de censura de Granadilla y el comité federal acaba de defenestrar en medio de una escandalera épica al secretario general, Pedro Sánchez, que se consulte a los militantes socialistas sobre la continuidad o no del pacto regional entre el PSC-PSOE y Coalición Canaria. Votar ahora mismo, que es el instante más adecuado de los últimos lustros. Lo único que no consigo explicarme es que Matos no propugne repartir navajas, granadas  y metralletas entre las agrupaciones locales socialistas para que el debate sea más profundo, más reflexivo y más sereno.
Es curioso, pero cuando Matos, como candidato a la Alcaldía de La Laguna, consiguió unos resultados calamitosos  gracias a una de las campañas electorales más penosas de la historia local  — recuerdo su figura en una valla con barba de tres días y vaqueros desteñidos bajo uno de sus eslóganes: “Yo tampoco creo en los políticos” – ni siquiera pidió que se votara en su agrupación local su generosa decisión de abandonar el acta de concejal a toda velocidad. Por cierto, lo hizo argumentando que a él no se le podía pedir que incurriera en el pecado de gobernar con Coalición Canaria, lo que no fue obstáculo para que, pocas semanas más tarde, fuera designado director general de Comercio del Gobierno autonómico que compartían coalicioneros y socialistas. Matos lo intentó de nuevo en las primeras socialistas en las que salió ganadora, como candidata presidencial del PSC, Patricia Hernández. Desde entonces se ha reservado el papel de crítico insobornable del pacto y su cara resplandeció de felicidad cuando prosperó la moción de censura en Granadilla y los acuerdos entre ambos socios parecían venirse abajo. Matos sabe que ya está a punto de pasar a la condición de exjoven promesa y que su único futuro pasa por la osificación definitiva de José Miguel Pérez y la devaluación de Patricia Hernández por su contaminación en el BOC con Fernando Clavijo y sus compañeros. Matos quiere ruido, mucho ruido, crisis, una gran marejada de crisis, y presión, una presión creciente, como camino hacia un éxito que se le resiste testarudamente, como si no tuviera ideas propias, y no solo respecto a las mascarillas capilares. Y esto es lo peor de las consultas directas a las bases de un partido en coyunturas críticas plagadas de enfrentamientos internos: que está todo lleno de matos y matas donde se esconden las ambiciones más pueriles y chuchurrías.

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Maullidos primarios

Lo que rodea y empapa al proceso de primarias del PSC-PSOE para elegir candidato presidencial a la Comunidad autonómica es la irrealidad. Sí, el proceso es real, y supone un paso indiscutible para mejorar la democracia interna en el PSOE. También son reales la curiosidad de los militantes y los medios de comunicación, los censos, la comisión de Garantías que preside beneméritamente Julio Pérez. Quienes aportan la fantasmagoría que termina relativizando y hasta cuestionando el interés del proceso son, exactamente, los propios candidatos. Una vez que la consejera de Empleo (¡la consejera de Empleo quiso proponerse como candidata a la Presidencia del Gobierno de un país con el 30% de paro!) abandonó sus anhelos (desde entonces los más desalmados la llaman Poquita Luengo) los tres restantes se han entregado a la dulce fantasía de abusar de una inocencia política de la que no pueden disponer. Los tres sueñan Canarias con ronquidos solidarios. Los tres quieren unas Canarias distintas. Los tres están dispuestos a emprender reformar y cambios, presumen de no disfrutar de la tutela del aparato del partido, advierten que no son profesionales de la política, cabalgan sobre unicornios inmaculados hacia un sistema sanitario reuniversalizado, una educación pública con mayores presupuestos, una ecología reverenciada como factor clave de un nuevo modelo de desarrollo, incluso una renta básica que eliminaría las crecientes bolsas de marginación y exclusión social.

Lo que ocurre, dicho brutalmente que, si se excluye a grupies, familiares y mascotas,   no son creíbles.

Sus pregonados sueños — en días en lo que se exige es una atenta vigilia — devienen eslóganes escarchados por la caspa de una ilusión finiquitada. El PSC-PSOE cogobierna esta comunidad autonómica desde hace casi tres años y medio. En Tenerife también cogobiernan en el Cabildo Insular y en los ayuntamientos de Santa Cruz y La Laguna, entre otros, y resulta insólito que los candidatos ignoren tan pachorrudamente esta obviedad. Los tres son cargos públicos y están integrados en ese siempre tan sospechoso aparato de dirección: Patricia Hernández es secretaria general de la agrupación de Santa Cruz, Carolina Darias, vocal de la ejecutiva federal del PSOE, Gustavo Matos, secretario de Política Municipal de la comisión ejecutiva del PSC. Todos juegan al juego pueril de suprimir sus condicionantes y sus responsabilidades en el actual status quo del partido. Lo primero que reclaman los votantes y exvotantes del PSOE es una explicación sobre lo que le ha ocurrido al partido en los últimos tres años y medio, precisamente, cuando Rodríguez Zapatero volatizó el compromiso con sus votantes. Qué hacen en el Gobierno de Canarias y en otras administraciones. Y por qué no van a seguir haciendo lo mismo. Las invocaciones al cambio ya no convencen y se quedan en maullidos grandilocuentes cuando otras izquierdas han aparecido ya en el horizonte político y electoral y están dotadas con esa gracia ambigüa, atractiva y peligrosa que es la inocencia.

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José Miguel Pérez y el resto

El secretario general del PSC-PSOE, José Miguel Pérez reunió a su comisión ejecutiva en Santa Cruz de Tenerife para evitar que sus más fieles lo lapidasen por las esquinas de Las Palmas. Porque los más irritados con la decisión de Pérez de no repetir como candidato presidencial socialista en las elecciones autonómicas del próximo mayo han sido sus seguidores más cercanos: los que por convicción (los menos) o interés rastacueril (los más) lo apoyaron como secretario general para alcanzar un mondo y lirondo 53% de los votos en el último congreso regional. La estupefacción fue general, un reconocimiento unánime al malévolo apodo de El Mudito que Pérez se ganó al principio de su carrera política. Pero conviene no confundir el asombro irritado con la decepción dolorosa. Nadie (incluyendo los cocodrilos más sensibles) derramará una sola lágrima en el PSOE por el actual vicepresidente y consejero de Educación del Gobierno autonómico.
Como a muchos periodistas les interesa hoy su relato por encima de los hechos, no han faltado los que vinculan la decisión de Pérez de no presentarse a las primarias socialistas con la hipotética derrota que sufrirá este viernes Paulino Rivero en el Consejo Político Nacional de CC. Según estos fabulistas la continuidad del pacto entre coalicioneros y socialistas en la próxima legislatura se evaporaría con el triunfo de Fernando Clavijo, lo que hubiera llevado a Pérez a retirarse. Es una tesis que únicamente demuestra lo fácil que es ganarse la vida (o los follower) como comentarista político. En realidad no hay nada de eso. José Miguel Pérez tiene su propia agenda. El flamante secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, lo incluyó en la comisión ejecutiva federal, y le ha ofrecido apoyo para encabezar la lista al Congreso de los Diputados el próximo año. Si no lo consigue se marchará a su casa y volverá a su cátedra. Y eso es casi todo. El resto es únicamente el PSOE, una fuerza política dividida, debilitada, osificada y agorafóbica a cuya urgente reforma Pérez no ha dedicado ni un segundo de su precioso y pachorrudo tiempo. El resto es Gustavo Matos agitando su melenita panten y proclamando que ahora empieza (porque él quiere) una nueva etapa del PSC-PSOE; es Carolina Darias aposentada diligentemente donde le digan para poner un huevo imposible; es Patricia Gutiérrez tuiteando compulsivamente porque cada retuiteo, compañeros y compañeras, es un símbolo del avance del progreso, la libertad y la igualdad en una España sojuzgada por la derechona. Exactamente: el resto es un desastre.

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