Patricia Hernández

Fernando Clavijo o la virtud recipendiaria

Quizás los que susurran — con un fisco de espíritu pelotero — que Fernando Clavijo disfruta de baraka exageran ligeramente. Quizás el encantamiento presidencial se acerca más a lo que un crítico literario inglés llamó una virtud recipendiaria: aquella que se recibe, para rentabilizala con astucia, de la estupidez, la incapacidad o la torpeza de los demás. Coalición Canaria obtuvo la mayoría de escaños en las elecciones de 2015, pero también su cifra más modesta de votos en los últimos veinte años. Y aun así gobierna en solitario después de un frustrado pacto con los socialistas y resulta muy probable que puedan seguir en esa relativamente privilegiada situación durante los próximos dos años. Una de las razones que explican esta bicoca es el solitario pero muy valioso voto de Ana Oramas en el Congreso de los Diputados. Pero la otra, que interactúa con la primera, es casi igual de importante: los otros dos grandes partidos de Canarias han atravesado una prolongada crisis de dirección y orientación estratégica (caso del PSOE) o no han encontrado un líder potente ni han ganado un ápice de autonomía respecto a Madrid (el Partido Popular). Los socialistas no han querido (o sabido) mantenerse en el Gobierno autonómico; los conservadores han fracasado a la hora de entrar, y como consecuencia, la figura  presidencial de Clavijo,  al que sostiene menos de un tercio de los diputados, se ha fortalecido, y Coalición ha recuperado en parte la centralidad en el espacio político canario. Si Asier Antona no ha querido pisar los salones de la Confederación Canaria de Empresarios, porque solo ve a amigos y ompadres de Soria,  Clavijo ha conseguido que las grandes fortunas e inversores grancanarios simpaticen con los coalicioneros cuando siempre apoyaron al PP. Si Patricia Hernández se podemiza el presidente del Gobierno extrema su centrismo y su amor por la Constitución y el (reformado) Estatuto de Autonomía. Clavijo no tiene en CC un partido precisamente fuerte, cohesionado  y con profundas raíces en la sociedad civil. Pero tiene el poder. El poder, sorprendente fenómeno que puede conseguir tanto transformar la realidad –a veces– como aparentarla –casi siempre.

Un pacifista para la guerra

Madrid se gastó un dineral en llamadas telefónicas. Desde hace quince días el mismo Pedro Sánchez hizo muchas para repetir siempre lo mismo: Víctor Torres era su candidato, el candidato del cambio, el candidato que sintonizaba con el nuevo PSOE. Y recuerden, compañeras y compañeros, por quién apostaron los otros dos candidatos: por Susana Díaz, por el bucle aparatista del susanismo, por la continuidad mortecina y mediocre de los que solo buscan sobrevivir. La campaña ha ofrecido un espectáculo curioso: el candidato defendido por Pedro Sánchez, el  autor del giro izquierdista del PSOE, el candidato Víctor Torres, secretario general de los socialistas grancanarios, esbozaba un programa firme pero en tono moderado y conciliador. Los candidatos que en su día avalaron a Susana Díaz, en cambio, se lanzaron a un izquierdismo exasperado.  Juan Fernando López Aguilar superó su tradicional cantinflismo apocalíptico  y en un mitin explicó con un alarido lo que estaba dispuesto a decirle a un dirigente de CC si le pedía que moderase a un cargo público socialista: “Le voy a decir ¡jódete, jódete, jódeeteeeeeeeee…!” No está mal para tener un doctorado por la Universidad de Bolonia.
Patricia Hernández y sus voceros explicaban didácticamente que durante su periodo en el Gobierno de Canarias  descendió el número de parados, se acortaron las listas de espera, se agilizaron los expedientes de dependencia, los niños estaban más sonrosados, el aire era más puro y transparente, los isleños comenzaban a encontrar, en fin, un sentido a sus hasta entonces apesadumbradas vidas. Fernando Clavijo no podía soportar tanta esperanza y por eso se la cargó. Hernández repitió varias veces que jamás volvería a pactar con Clavijo, un peligro que no parece correr a corto ni a largo plazo. El patricismo deviene una ilusión adolescente que te cuenta que no es necesaria preparación intelectual, esfuerzo vital, visión de conjunto y una cultura general que te permita saber que, en una conversación sobre patrimonio histórico, un BIC no es un bolígrafo, sino un Bien de Interés Cultural. Luego te haces mayor –siempre ocurre de repente, por ejemplo, cuando se pierde unas primarias – y lloras amargamente sobre tus descoloridas piruletas.
Hernández y López Aguilar no eran verosímiles. La primera no abandonó el Ejecutivo por cuestiones principistas como intenta enmascarar su relato: fue destituida junto a sus tres consejeros. El segundo llegó a Canarias en 2007 como obligado candidato presidencial, no consiguió gobernar y sin embargo exigió el bastón de mando de la Secretario General. No impulsó una sola reforma programática ni organizativa en su breve reinado y abandonó estas ínsulas baratarias en cuanto pudo, para dolorida sorpresa de los que confiaron en su ambición, en su facundia, en su brillantez intelectual. Se presentó a las primarias para intentar sobrevivir encaramándose sobre una baronía territorial. No le creyeron. No le creerán nunca más.
Víctor Torres representa una gestión meditada para ejercer una oposición sin tregua ni personalismos, mantener los acuerdos de izquierda en Gran Canaria e intentar trasladarlos a otras islas y, sobre todo, al Gobierno autonómico en 2019. Lo que es la praxis sanchista en otras comunidades y territorios. Se le ha advertido y ha aceptado que bien pudiera no ser el candidato presidencial: Héctor Gómez sigue siendo el hijo bienamado en Ferraz. Eso es el futuro: lo importante es la reconstrucción del partido y la organización de equipos de trabajo. Resucitar la organización, en especial en Gran Canaria. En un libro donde recogió varios cuentos, allá por los años noventa, el doctor Torres, filólogo y escritor de madrugadas, colocó una cita de Mahoma: “Está escrito que combatiréis y, sin embargo, tenéis horror a la guerra”. Es exactamente lo que le espera al frente del PSC-PSOE

Un liderazgo de rapadura

Algunos relevantes cargos públicos del PP comienzan a despertar de la breve y triunfal siesta antónica para reparar en que se ha concedido carta de naturaleza a un liderazgo que no existe. Porque Asier Antona, simplemente, pasaba por ahí. El sintagma pasaba por ahí suele constituir la explicación más evidente en el campo de la política canaria y española. Desde 1999 todos los secretarios generales del PP de Canarias fueron floreros más o menos decorativos en las estancias palaciegas de José Manuel Soria, cuya despiadada férula era indiscutible. Si el ex ministro de Industria y Energía  no hubiera caído en desgracia – tropezando él solito en sus mentiras, arrogancias y pringues – y dimitido en abril de 2016 Antona, muy probablemente, hubiera sido una fugaz anécdota en la crónica de los conservadores canarios o habría regresado a La Palma para reventar devorando marquesotes. Soria utilizaba a los secretarios generales para labores de intendencia y mensajería y luego los apiolaba sin conmiseración, para que a nadie se le ocurriera que pudiera plantearse un hipotético delfinato.
Antona maniobró velozmente para embutirse, como una ansiosa salchicha parrillera, en la Presidencia del PP. En principio su dirección era provisional, por supuesto, aunque se enredó, según su costumbre, emitiendo algún  comunicado confuso que supuraba una indisimulable ansiedad por la corona. En su vocación de despiojar concienzudamente de cualquier liderazgo al PP de Canarias Soria había sido muy eficaz y esa avitaminosis carismática le vino estupendamente a Asier Antona. Si no existían líderes de altura regional sustentados en amplias mayorías electorales, la mejor opción para la estabilidad de la organización se apotaba en la sucesión jerárquica. Antona vendió muy bien frente a Génova que por su juventud y su virtuosa lejanía de élites empresariales y financieras podía venderse estupendamente – aunque sin grandes alharacas– como parte de un proceso de renovación del PP canario: una renovación que, por supuesto, no cambiaría absolutamente nada. Antona dispuso de cerca de un año para pactar con el PP de Gran Canaria – y sellar una alianza con María Australia Navarro – y consolidar sus relaciones con la dirección nacional. No tuvo dificultades, el pasado marzo, para derrotar en las primeras elecciones primarias del PP a Cristina Tavío. El siguiente paso consistía en entrar en el Gobierno de Canarias. La ruptura del pacto entre CC y PSC-PSOE pocos meses antes parecía ponérselo en bandeja. Sorprendentemente lo primero que dijo Antona a finales de abril es que el PP no tenía ninguna prisa. Cada vez que un periodista le preguntaba al respeto le recordaba que él, como presidente del PP de La Palma, había bendecido acuerdos entre socialistas y conservadores en el cabildo insular y en varios ayuntamientos. Y sonreía con la maliciosa sonrisa de un gato capaz de deglutir cualquier ratón.
La mayoría de CC – sin excluir al presidente del Gobierno autonómico, Fernando Clavijo – estaba más o menos resignada a un acuerdo con el PP. Las líneas rojas: el PP tendría la Vicepresidencia y tres consejerías; el PP no utilizaría la negociación para sembrar discordias y tensiones en el seno de CC; el PP aceptaría que los acuerdos fueran ratificados por su dirección nacional, con rúbrica de Mariano Rajoy o María Dolores de Cospedal incluida. Antona terminó por atravesar todos los límites y lo hizo por puro tacticismo cuellicorto. Después de aceptar tres consejerías, pidió cuatro; después de definir las áreas que asumiría el PP, cambio de criterio y demandó, entre otras cosas, la Consejería de Agricultura y Pesca, para ver si los herreños de AHI se largaban furibundos y el grupo parlamentario de CC perdía dos diputados. A lo largo de la negociación amenazó nada veladamente con mociones de censura  –imposibles – y con abandonar la mesa y con cortar abruptamente las conversaciones. Todo fue muy asombroso, porque Antona actuó como el líder que no es al frente de un partido que no existe. Ambas cosas, fuerte liderazgo y partido renovado que decidía en Canarias y solo en Canarias su política de pactos, eran fantasías autopropagandísticas que se terminó creyendo, y al final se lanzó a una carrera alocada para tapar sus propias torpezas e ingenuidades. Clavijo le decía telefónicamente –el pasado fin de semana — que veía la situación muy difícil: Antona llamaba a los medios y proclamaba un ultimátum. Clavijo se reunía con Cospedal en una visita oficial de la ministra de Defensa en Canarias: María Australia Navarro declaraba rota las negociaciones. Por supuesto, todo acabó cuando los presidentes Rajoy y Clavijo se reunieron y el primero le aseguró al segundo que el PP canario no obstaculizaría la acción política de CC, aunque no esxistiera amor ni mucho menos frenesí. Asier Antona, por supuesto, seguirá siendo el presidente del PP de Canarias. Pero si se acerca lo suficiente al espejo descubrirá que ya no es Asier Antona, sino un zombi capaz de comerse su propio cerebro si no lo hubiera hecho ya.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?

Partidos en crisis y crisis del pacto

Una de las raíces de la actual crisis del pacto de gobierno entre Coalición Canaria y el PSC-PSOE — es la extremada debilidad de ambas organizaciones políticas y la ausencia quebradiza de sus liderazgos. Supuestamente tanto los coalicioneros como los socialdemócratas abrían legislatura y sellaban un acuerdo que coronaría la llegada de una nueva generación política al poder autonómico, encarnada en Fernando Clavijo y Patricia Hernández.  Y en efecto, ha cambiado algunos (pocos) nombres, pero se trata de un asunto puramente nominal. Tanto CC como el PSC no han cambiado lo más mínimo ni es previsible que lo hagan. Como todas las viejas fuerzas políticas casi se han reducido a maquinarias electorales: partidos cártel que funcionan como lobbys incrustados en las instituciones. No se transformarán, entre otras razones menores, porque ni Clavijo ni Hernández cuentan con la suficiente potencia política y con unos aliados sólidos para intentarlo. Hablando con propiedad: ni uno ni  otra tienen incentivos para hacerlo. Jóvenes sí, pero profundamente conservadores también, porque introducir cambios en la praxis de sus partidos, en sus criterios de organización, en sus programas y sus relaciones con la sociedad civil, en el método de selección de su personal político, en fin, pondría en marcha una dinámica interna de democratización y fragmentación a la vez que muy probablemente no podrían controlar. Ni el presidente ni la vicepresidencia están dispuestos a jugársela. Cambios, los mínimos indispensables, en un proceso cuyo control esté en sus manos.

El caso de Clavijo es particularmente agónico. Después de alcanzar la designación para la candidatura presidencial, y de conseguir encabezar el Ejecutivo regional, Clavijo reparó en que si pudo desplazar a Paulino Rivero fue porque logró la secretaria general d la Coalición tinerfeña. El fin de Rivero, en el seno de CC, llegó cuando perdió el control partidista de Tenerife, que le cuidaba como una huerta   –al final como un chalet que visitaba un par de veces al mes –  Javier González Ortiz.  Era, por tanto, inexcusable mantener el control de la organización insular,  aunque suponga una muy llamativa circunstancia – por decirlo suavemente — que el presidente del Gobierno desluzca su neutralidad regional – o nacional – asumiendo los intereses de una de las islas. El presidente se ha encastillado en esta posición, empujando de una patada el balón del Congreso Nacional de CC hacia 2017, y ha contaminado su pequeña magistratura con las crisis municipales en su isla de origen. Es disparatado y contraproducente. Es irracional. Es impolítico. Pero entre los tinerfeños de la cúpula de CC se pretende hacer pasarlo como normal, como se pretende hacer pasar como normal que no se debata políticamente con tu socio político, hasta llegar a un consenso operativo,  un buen proyecto legislativo como es la Ley del Suelo o un criterio de reparto caprichoso como supone el propuesto para la inversión del ahora Fondo de Desarrollo de Canarias: es perfectamente posible una fórmula mixta que integre la priorización de proyectos concretos con el equilibrio interinsular a partir de la aportación de cada territorio al PIB regional.

Sí, existe una crisis política que pone en peligro la continuidad del pacto que sostiene al Gobierno autonómico. Pero no es únicamente el precipitado de intereses bastardos, fulanismos exasperados, desconfianzas y puñaladas municipales. Es una crisis de cohesión y coherencia de los grandes partidos, de una concepción inteligente e integradora del liderazgo político, de responsabilidad hacia un país que está perdiendo sus penúltimas oportunidades para no terminar como un balneario abaratado, envejecido y destartalado al oeste de África.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?

Cáfila de supervivientes

Finalmente, y después de una intentona la pasada semana, impedida a penúltima hora por la comisión gestora nacional que preside Javier Fernández, José Miguel Pérez presentó su dimisión como secretario general del PSC-PSOE.  Es falso que Pérez no quisiera hacer otra cosa. El exconsejero de Educación no quería perpetuarse en el cargo, pero anhelaba condicionar el futuro inmediato del partido. No lo pudo hacer por la endemoniada crisis que atravesó el PSOE y que se saldó con la expulsión de Pedro Sánchez como secretario general, en la que Pérez tomó partido activamente. Y no lo pudo hacer, tampoco, por su asombrosa torpeza como dirigente político, y porque nadie le hacía ya puñetero caso, salvo Julio Cruz en las horas pares de los días impares. Javier Fernández y su equipo negociarán con Patricia Hernández, vicepresidenta y consejera de Empleo del Gobierno autónomo, la composición de una comisión gestora regional, que estará en funcionamiento hasta el siguiente congreso del PSC-PSOE, previsiblemente, a  finales de la próxima primavera (el Congreso Federal Extraordinario se celebrará, en cambio, después de las fiestas navideñas). Como  presidente de la comisión gestora del PSC-PSOE se mencionan nombres como Julio Pérez, José Miguel Rodríguez Fraga o Dolores Corujo.
La lógica de la correlación de fuerzas – y la cultura interna del partido – señalan a Patricia Hernández como una secretaria general casi obvia, aunque en Gran Canaria se comentan razones de equilibrio territorial para que el máximo liderazgo del PSC recaiga en un grancanario como Ángel Víctor Torres, actualmente vicepresidente del Cabildo Insular. Y no hay muchas otras opciones. Sin embargo, sorprendentemente, aparecen ahora en horizonte, en una parranda dominical tratada como un publirreportaje en las redes sociales, tres tenores alrededor de lo que, modestamente, consideran la única vía para salvar al PSOE y recuperar el honor calderoniano que ha perdido por el sadismo sin escrúpulos de CC.  Hace un par de años hubieran podido congregar a 300 o 400 militantes,  ahora apenas llegaron al centenar. Juan Fernando López Aguilar, Javier Abreu y Santiago Pérez. López Aguilar fue el un candidato obligado a la Presidencia del Gobierno de Canarias por decisión indiscutida e indiscutible de Rodríguez Zapatero, acatada sin un murmullo por el PSC. Ganó las elecciones, pero no gobernó, y reclamó la púrpura de la Secretaría  General, que incluso pretendió mantener una vez elegido eurodiputado. López Aguilar había llegado a la conclusión de que aquello que vivió como una caída – su salida del Ministerio de Justicia y su exilio en la pequeña, agorafóbica y limitada política canaria – podría convertirse en  tabla de salvación reconvirtiéndose en barón territorial. Es poco más o menos lo mismo que considera ahora, promesa malbaratada del zapaterismo,  porque López Aguilar carece actualmente de cualquier apoyo entre las grandes figuras de este PSOE agónico y desguarnecido. Javier Abreu también intenta sobrevivir y sabe muy bien que solo lo conseguirá con una dirección amiga capaz de entender, por ejemplo, que uno sea teniente de alcalde y cobre un sueldo estupendo y se niegue a firmar el pacto en virtud del cual uno es teniente de alcalde y cobra un sueldo estupendo. La actitud menos comprensible es, como suele ocurrir, la de Santiago Pérez, que ha dicho, después de la épica parranda, que el siempre está dispuesto a echar una mano por la unidad de la izquierda socialista, lo que ha demostrado en los últimos ocho años a bordo de distintas listas, restándoles dos o tres concejales al PSOE de La Laguna. Pero es que hace tiempo Pérez no es un político ni quiere serlo. Quiere ser un símbolo. Y a un símbolo, sobre todo cuando envejece, le trae sin cuidado quien lo agite, con tal que lo agite una y otra vez, hasta que se cuartee y reduzca a algo irreconocible.

Publicado el por Alfonso González Jerez en General, Retiro lo escrito ¿Qué opinas?

José Miguel Pérez y su codo derecho

El conocido como el Mudito, José Miguel Pérez, catedrático de Historia Contemporánea de profesión e insignificancia política de vocación, apuñaló ayer en el quinto espacio intercostal a Pedro Sánchez, que fue quien lo metió en el comité ejecutivo federal para lucir – según su costumbre, no ha hecho nada más – la vocalía de Educación. ¿Recuerdan cuando el propio mandamás decía que Pérez sería su ministro de Educación y el piropeado miraba al suelo, azorado?  La decisión de Pérez no tiene el amparo de ningún órgano representativo del PSC-PSOE y obedece exclusivamente a sus intereses y cálculos personales. En la organización socialista canaria el debate sobre Sánchez – o sobre el REF, o la política fiscal, o el cromatismo de las chirimoyas – ha sido inexistente. El PSC-PSOE, bajo la batuta fantasmal de Pérez, ha sido y es todavía una nada nadeante, y si se ganaron las elecciones de 2015 no fue precisamente por una gestión partidista irreprochable.  El principal objetivo del doctor Pérez consiste en sobrevivir, precisamente, al casi exsecretario general, y si es posible, integrarse cómodamente en la comisión gestora que gobernará el PSOE y preparará el próximo congreso federal sin esas primarias que carga el diablo. El movimiento de Pérez apunta, asimismo, en que en absoluto está dispuesto a desaparecer en el horizonte del partido. O, mejor dicho, que está más que dispuesto a seguir desaparecido – con la que ha llovido en el último año y medio es vergonzosa y miserable la silente inactividad de Pérez – pero que a él la silla no se la quita nadie.
En una situación tan delicada como esta no parece muy prudente tomar la decisión de romper el Gobierno autonómico o, al menos, hacerlo ahora mismo. No en beneficio de la ciudadanía, por supuesto: me refiero a la prudencia que se le supone a José Miguel Pérez y sus escasos conmilitones. Un dato que me llena de curiosidad es que un sujeto como Pérez disponga de innúmeros corifeos para aplaudirle una suerte de sagrada limpieza de sangre, cuando solo es un político mediocre, limitado y comodón que no pisa una agrupación local ni a palos y que se ha desentendido brutalmente de los gozos y las sombras de la gestión de sus compañeros en el Gobierno que vicepreside Patricia Hernández, y que disculpe el caballero de cabeza nevada si le mento a la bicha.
¿Granadilla vale un Gobierno? ¿Cómo se puede entender esta situación? Con el gesto de ayer de Pérez gana fuerza una tercera hipótesis que explica, al menos parcialmente, esa mezcla singular de torpeza y desgana con que la dirección del PSOE negoció (o no) la paralización de la moción de CC contra Jaime González Cejas, y es que los negociadores tenían instrucciones de enterrarse en la arena de una playa hasta el cuello antes de impedir la explosión. Y que el abandono del Ejecutivo por Patricia Hernández y sus compañeros es un efecto buscado por José Miguel Pérez y su codo derecho, Julio Cruz, a fin de devaluar el capital político de la vicepresidenta para la futura lucha por la Secretaría General del PSC-PSOE. Quizás si se pudieran consultar ciertos mensajes telefónicos y algunos wasaps Pérez y su Cruz no quedarían muy bien retratados en la crisis granadillera. Queremos esa crisis. Queremos los diálogos, las preguntas, las respuestas y los silencios. Puede ser la sitcom de la temporada.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?

Idiotez mutua asegurada

“De todas las historia de la Historia/la más triste es la de España/porque termina mal”. Recordé hoy los versos de Jaime Gil de Biedma ante la moción de censura más estúpida, redundante, inútil y venenosa que recuerdo que se haya presentado en una tierra estercolada por innumerables mociones de censura, la que ayer arrebató al PSC-PSOE la Alcaldía de Granadilla de Abona y convirtió a un señor llamado Regalado en su sucesor, sin que Coalición Canaria finalmente expulsara a sus concejales, porque ya se sabe que a caballo Regalado no hay que mirarle los dientes. Entre las reacciones apasionadas – aunque poco apasionantes – que registra esta cruel y terrible historia está la de Juan Fernando López Aguilar, que exige que los socialistas rompan el pacto  que sostiene al Gobierno autonómico “por las continuas humillaciones” de los coalicioneros.  Al parecer para los granadilleros no fue ni puede ser una humillación que el PSOE presentara a un imputado por delitos graves a la Alcaldía en las elecciones locales del pasado año ni que González Cejas se niegue en redondo a dimitir hasta que el juez fije la apertura de juicio oral, y no exige que el magistrado cante antes el Azarejé al revés porque don Jaime es un demócrata. Que el mismo González Cejas lleve incumpliendo el pacto desde el principio del actual mandato – CC no ha entrado en el gobierno municipal y el socialista se las arregló para continuar en el machito con los votos de un concejal de IU y otro de Ciudadanos – es, al parecer, irrelevante, al menos, visto desde Bruselas.
¿Por qué el PSC-PSOE decidió ausentarse de la reunión del fin de semana con chuscos pretextos sobre los compromisos playeros de Julio Cruz? ¿No puede Julio Cruz irse a la playa otro día en que no esté en juego, según decía él mismo, el Gobierno de Canarias? ¿Por qué Coalición no mantiene la expulsión fulminante de los concejales propuesta por José Miguel Barragán  – la única manera de impedir materialmente la moción de censura – y modifica su decisión? ¿Porque ya había pactado con el PSOE un documento según en cual dimitía un concejal socialista – Nicolás Jorge – y uno coalicionero simultáneamente? Pues sí, el documento existe, de hecho, existe, como borrador, desde el pasado viernes, pero no había sido aun firmado por nadie. Es la crisis municipal peor negociada que recuerde servidor, y sus resultados, para ambas partes, serán francamente caros. Si, como dicen los peor pensados, esto es una ruptura propiciada y mimada por el clavijismo para desplazar al PSOE y lanzarse en los brazos del PP  no les arriendo las ganancias secuestrados por Asier Antona y teniendo que pagarle hasta el tabaco a Casimiro Curbelo durante los próximos tres años, con el precio añadido de perder La Laguna para la próxima década. Si, como afirman los más chalados, el PSOE debe marcharse a toda hostia consagrada, brindando una hueca lección del calderonismo político, ignoran que el partido está desarbolado, desactivado y descangayado, y reconstruirlo desde la oposición sería cuadrar un círculo de miserias, cansancios y fulanismos. Qué mañana tan hermosa la que amaneció este martes en el sur de Tenerife iluminando las esperanzas de un futuro espléndido para el PP y para Podemos.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?