inmigración

Una nueva goberanza para las crisis

En una ocasión un compañero de partido le comentó al gran líder democristiano Amintore Fanfani – entonces fuera del Gobierno – que su sucesor estaba sufriendo múltiples crisis y no sabía cómo reaccionar. Fanfani pareció asombrado. “Pero entonces puede distraernos poniéndose el traje de una crisis de cada día…Mejor tener muchas crisis que no molesten a todo el mundo que tener una crisis que fastidie a todos”. Fanfani, por supuesto, tenía razón, pero haría falta todo su talento camaleónico – vale decir: cristianodemócrata – para ponerla en práctica. No es el caso de Ángel Víctor Torres, por supuesto, pero curiosamente nadie se le comenta.

Toda la atención política se centra en La Palma, donde gracias a unos servicios de emergencias –y un Povolca – que se han ampliado, revisado y perfeccionado con el paso de los años no ha habido que lamentar un muerto. Ni siquiera un herido. La crisis volcánica de La Palma – y su impacto económico, social y medioambiental – es y debe seguir siendo una prioridad de las administraciones públicas, pero no puede ocupar todo el espacio de la política canaria. Y se corre ese peligro obviamente, porque la erupción estalla cada día, cada hora, con una fuerza simbólica y psicológica que fascina, perturba y llega a obsesionar en su terrorífico esplendor. Pero vivimos y viviremos gestionando crisis en los próximos años. Nuestro horizonte no es una tranquilidad pancista que se fue definitivamente al traste en la crisis de 2008, sino la habilidad y resilencia en la gestión de las crisis que se agudizarán, acumularan o surgirán en el futuro. Los gobiernos de Canarias, a partir de ahora, más vale tarde que nunca, deben asumir que les tocará básicamente desactivar crisis o aprovecharlas a partir de un nuevo modelo de gobernanza a diseñar entre todos los actores políticos. El turismo de masas se agostará en las próximas décadas y Canarias envejecerá como destino preferente. El cambio climático amenaza nuestro desarrollo y la conservación de nuestros ecosistemas. La sociedad canaria envejece y baja la natalidad. La desigualdad no ha hecho más que crecer, y las políticas asistenciales tienen sus límites. El maná financiero que llueve desde Bruselas se secará del todo antes de un lustro y muy pronto se exigirá de nuevo control del gasto, equilibrio presupuestario y austeridad. El desarrollo socioeconómico de Marruecos y la situación general del Magreb puede suponer –lo hará –la semilla de una nueva crisis. Nadie recuerda apenas lo que se consideraba la normalidad antaño. Pero no volverá. Entramos en un periodo duro, intenso, cambiante y crítico de nuestra historia.  En Canarias no se debería seguir gobernando igual mientras se enmascaran puerilmente las responsabilidades de todos los grandes partidos a lo largo de los cuarenta años de autonomía. Son imprescindible tres cosas: acuerdos amplios y transversales entre las principales fuerzas políticas, una reforma  para una administración autonómica más ágil y rápida, eficiente y eficaz y una postura muy activa y proactiva frente a Madrid y Bruselas. Y no solo para exigir perras, sino compromiso geoestratégico y desarrollo estatutario, entre otras cosas.

Ahora todo es La Palma. Pero solo el pasado domingo llegaron más de 340 migrantes a las costas de Canarias. En ocho pateras: siete tocaron Lanzarote y una el sur de Gran Canaria. Ya son cerca de 11.000 personas desde el pasado enero y no podemos contar todos los que se han ahogados o muertos deshidratados durante la travesía. Por supuesto, Lanzarote está al límite. No dispone de los suficientes recursos de acogida. Han circulado imágenes de una nave don docenas de migrantes hacinados. Una nave mal acondicionada con charcos y mantas y colchones insuficientes. Ellos también tienen su volcán. Les quema en el pecho. A menudo lo han perdido todo, salvo la esperanza, y les aguarda, si tienen mucha suerte, un doloroso proceso de arraigo. Como siempre el Gobierno de Canarias mira hacia otro lado. No se preocupen, ya se los llevarán. Circulen y no miren. No nos queda empatía para todos.

 

Publicado el por Alfonso González Jerez en General ¿Qué opinas?

Un mal día

Cuando un columnista cuenta que no encuentra asunto del que ocuparse lo que suele ocurrir es que prefiere encontrarse desocupado. Lo grave, lo que amenaza con la parálisis irreparable del articulista, ocurre cuando cualquier asunto que se le ocurre le hastía. El eterno retorno del presidente Paulino Rivero sobre el control poblacional en Canarias, por ejemplo. La única novedad al respecto es que Rivero insiste de nuevo en sus angustias maltusianas sin que estén próximas elecciones en el horizonte. Es terriblemente cansino todo esto: recordar que la mayor tasa de inmigración las sufrió (y disfrutó) el Archipiélago en el primer lustro del siglo, en la coyuntura más desaforada de crecimiento de la construcción y sus industrias anexas; precisar que los que venían a trabajar aportaban igualmente riqueza al país y a las arcas públicas; insistir vanamente que los problemas sociales y asistenciales no están ligado causalmente con el crecimiento de la población, sino que están originados por un modelo de crecimiento económico y acumulación de capital terriblemente frágil, oportunista y escasamente redistributivo. ¿Para qué insistir? Si da exactamente lo mismo. Por supuesto, si fueran expulsadas de Canarias medio millón de personas el desempleo descendería muy apreciablemente. Quizás nos quedábamos con un paro del 9 o 10%. El mismo que en nuestra etapa más esplendorosa, por cierto, en aquel paréntesis de leche y miel chorreando por el cemento armado entre los dos siglos. No sé cómo no se nos ha ocurrido antes esta medida de política económica y ruego que a los que están recibiendo a muchos cientos de jóvenes canarios en los dos últimos años, Francia, Alemania, Dinamarca o Reino Unido, no se les ocurra en el futuro inmediato.

¿El discurso del Rey? Ya lo han leído ustedes todo. Es espléndido y bochornoso, pertinente e inapropiado, lúcido y avestrucista, esperanzado y pesimista. Es un discurso plenamente real, es decir, irreprochablemente irreal, cuya semántica sirve para un roto y un descosido, sirve para cualquier cosa, en efecto, salvo para convencer de que sirve para algo.

¿Política internacional? Pues Maduro afirma que Hugo Chávez no solo ha mejorado, sino que está a punto de conseguir un título en halterofilia y controla hasta el último folio timbrado que revolotea por Miraflores.

Hay días en que uno no está para nada.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?