petróleo

Falacias

Lo escucho muy a menudo en esta discusión, que jamás ha considerado convertirse en un debate: “No conozco ningún país que haya renunciado a explotar un yacimiento de petróleo”. Sinceramente me asombra una aseveración como esa. Porque lo que demuestra la experiencia histórica disponible es que, desde un punto de vista democrático, pocos países han decidido nada al respecto. Fuera de Europa y Norteamérica la mayoría de las naciones petroleras fueron sujetos pasivos de una explotación petrolera controlada y rentabilizada por intereses empresariales foráneos que disfrutaron de su pertinente protección política y en su caso, militar. Pueblos como los venezolanos, los saudíes o los camerunenses no decidieron absolutamente nada y por eso mismo, desde los años setenta, se han desarrollado en África, Asia y Latinoamérica procesos de expropiación y nacionalización de los pozos de petróleos y de las industrias de refino. Otro argumento contundente en esta interminable bullanga alude siempre a Noruega: gracias al petróleo del Mar de Norte los noruegos disponen de un espléndido Estado de Bienestar. Se trata más de una falsedad que de una inexactitud. El modelo social noruego estaba sólidamente consensuado cuando, a finales de la década de los sesenta, se descubrió petróleo y gas natural. La explotación de tales riquezas  se gestiona por empresas de titularidad pública y es el Gobierno quien controla, fiscaliza y planifica los recursos. Una inteligente legislación establece que la gran mayoría de los beneficios obtenidos se ingresan en el Fondo Nacional de Petróleo, convertido en uno de los mayores fondos de inversiones de todo el planeta.

Considerando algunas cansinas obviedades (esto no es el Mar del Norte, Canarias no es Noruega, Repsol no es una empresa pública, ni siquiera una ONG, existe un riesgo potencial nada desdeñable que afectaría a la industria turística) la oposición a las prospecciones en las inmediaciones de Fuerteventura y Lanzarote cuenta, me parece, con argumentos válidos, que resultan poco afectados con vagas e improvisadas promesas sobre un impuesto especial sobre extracciones petrolíferas en Canarias. Los defensores de las prospecciones podrían y quizás deberían aportar razones más ponderadas y realistas y no limitarse a emulsionar el sueño de una lotería petrolera que, en demasiados casos, ha terminado transformándose en una pesadilla.

Publicado el por Alfonso González Jerez en Retiro lo escrito ¿Qué opinas?

Un sueño

Lleva días esperándome en la puerta. No digo que sea agradable, pero se las arregla para no ser antipático. Lo primero que hace, por supuesto, es sonreír y estrecharme la mano:

–Buenos, días, amigo. Y mejores días que vendrán en el futuro sin duda alguna. ¿Ha notado usted que la gente es, por lo general, sorprendentemente incrédula respecto a su buena suerte? Permítame, permítame un momento acompañarlo en este hermoso amanecer…Pues puede parecer raro, oiga, pero es así.  A la gente la buena suerte le pone nerviosa. Eso sin contar con la gente, que también la hay, a la que la buena suerte despierta todo tipo de torturantes desconfianzas y dudas postizas… ¿Ah, quiere tomarse un café? ¿No le importará si le invito?

–Imagino que no tiene usted nada mejor que hacer – mascullo.

–¿Yo? Pero si estoy encantado por este fortuito encuentro…

–Lleva usted en la puerta de mi casa a las siete de la mañana desde hace quince días. No le deben pagar mal, no.

–No me quejo. ¿Por qué quejarse de la buena suerte? ¿Por qué fruncir el ceño ante un fenomenal golpe de fortuna? ¿Medio de pata? ¿Un crosán?

–Sólo café. Pepe, cóbrate aquí.

–Permítame…

–De ninguna manera.

–Si usted sabe que es inevitable. No me decepcione usted, que es hombre inteligente, dialogante y realista.

–¿Está seguro?

–Por supuesto. Tenemos informes. Oh, no ponga esa cara. Gracias a internet se sabe todo de todos hoy en día.

–¿Y de ustedes?

–Por supuesto. Nosotros somos los que somos. Nuestra transparencia es completa. Mire, se lo diré con claridad: 25.000. Serán 25.000 puestos de trabajo directos los que genere la explotación de las reservas petrolíferas. Y otros tantos indirectos, por lo menos. Estas islas vivirán una formidable reconversión económica, industrial y tecnológica. ¿Quiere usted quedarse atrás?

–Es mi sitio favorito.

–Vamos, vamos, seguro que hay algo. Un sueño no cumplido. ¿Qué es el petróleo?, se preguntará usted. Pues es eso. El material con el que se fabrican los sueños. No imagina usted lo infinitamente moldeable que es. Puede adoptar cualquier forma, cualquier color, cualquier volumen, cualquier espíritu. Y la resistencia es inútil, créame. Se lo digo con el corazón en la mano y un ministro en la otra.

–Bueno – musité –. Hay algo…Sí, pudieran conseguirlo, yo…En fin… Si fuera posible…

–Diga, diga – y le brillaron los ojos entrecerrados

–Una columna en El Día

Me miró largamente y cabeceó con tristeza y dijo:

–Oiga, que solo somos la primera empresa multinacional de este país…

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