Retiro lo escrito

Renovación turística

A uno le gustaría saber cuántos hoteles de cuatro estrellas se construirían en Gran Canaria si la normativa legal actual – y la inminente ley de renovación turística – permitiera hacerlo. Un hotel turístico de cuatro estrellas estándar tiene un coste de entre ochenta y noventa millones de euros, y de esa inversión total, tradicionalmente un 65% procedía de créditos bancarios. ¿Existe realmente una oferta para la construcción de hoteles de cuatro estrellas en Gran Canaria, existe una demanda que sea capaz de transformar esta inversión en un negocio anegados por coyuntura económica? ¿Dónde están los proyectos? ¿Qué empresarios sacan el cuello de las manifestaciones de protesta de la patronal hotelera grancanaria y están dispuestos a significarse? ¿Qué grupo de inversores disponen de 500, 700 u 800 millones de euros en cash o en créditos financieros para crear una decena de hoteles capaces de renovar la oferta turística isleña?  Tanto José Manuel Soria como José Miguel Bravo han apelado en las últimas semanas a “la oferta y la demanda” del mercado como el único criterio razonable para autorizar construcciones hoteleras en el Archipiélago. No es un argumento deleznable, pero es que ni el más benévolo observador atisba ni una voluntad inversora evidente ni una demanda acuciante. Lo único que resulta acuciante para el modelo hotelero (y turístico) de Canarias es insistir obsesivamente en la calidad alojativa y en unificar la terrible fragmentación normativa que todavía existe en la regulación de la actividad turística, algo en lo que insisten, cargadas de razón, las enmiendas presentadas por Nueva Canarias a la ley de Renovación Turística.
Sería interesante disponer de  una  alternativa viable (y diferenciada del suicidio chupóptero) a la  inteligente regulación pública del sector, a la que el proyecto legislativo del Gobierno autonómico no contribuye demasiado. En Hawai funciona una Autoridad Turística (la Hawai Tourism Authority) que ha desarrollado desde principios de siglo un plan estratégico que, por cierto, incluye incentivos fiscales y laborales para la rehabilitación hotelera. Debe estar plagada de comunistas, Hawai. Lo que es seguro es que no hay pleitistas nauseabundos que intentan enmascarar la insignificancia de su gestión (en materia turística, por ejemplo) con invocaciones a la patria mancillada y al despotismo tinerfeño.

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Oceanografía del tedio

Como tantos escritores que aspiraron a una ostentosa y enciclopédica complejidad, lo mejor de Eugenio d’Ors ha quedado en sus textos marginales y sus empeños supuestamente menores, como Oceanografía del tedio, un título afortunado para un ensayo lleno de gracia, humor y elegancia sobre las infinitas posibilidades que brinda el aburrimiento, una fenomenología del hastío como grata maldición del hombre más o menos civilizado o por civilizar. Esta ciudad, esta isla entera tiene su propia oceanografía del tedio, estando como está sumergida en una burricie fascinada por sí misma, una Atlántida provinciana de prodigiosas mentecateces y falsedades de baratillo: basta con ponerse la escafandra y descender hasta la calle y se encontrarán
…tertulias radiofónicas trufadas de políticos que hablan objetivamente sobre sus propios partidos y lanzan una verborrea inacabable y, por supuesto, incontaminada por sus propios intereses
…apasionados debates sobre la pertinencia de honrar a un difunto con el nombre de una calle en los cuales se gastan días, se perpetran titulares, se frangollan columnas, se improvisan análisis histórico-filosóficos y la izquierda local hace el imbécil con esa vocación oligofrénica que se ha convertido en su más destacada seña de identidad clínica, ya que no ideológica
… silencios estruendosos acerca de las asfixias financieras en las que agonizan las más importantes corporaciones públicas y que estallarán más temprano que tarde para pasmo generalizado de ciudadanos que creen que son ciudadanos por vivir en Santa Cruz de Tenerife, por ejemplo, y no en Chiguergue
…prodigiosas presentaciones de aviones que volarán algún día gracias a la energía solar y que han sido antecedidas por presentaciones similares y no menos pasmosas a lo largo de la última década, para demostrar la radiante presencia de Canarias en los avances tecnológicos que marcarán el siglo XXI, aunque los contenedores de basura sean más frecuentados que los manuales de ingeniería aeronaútica
… exclusivas exclusivamente compartidas de una candidata en un festejo local lamentablemente accidentada a la que se dedica más tiempo periodístico y más atención popular que al recorte de las becas y a los estudiantes universitarios que deben dejar sus estudios por el incremento de las tasas
Y todo es gratis. Basta con descender por las escaleras hasta la calle, abrir la puerta y  con aguantar la respiración.

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Televisión pública

El Gobierno de Andonis Samarás ha cerrado la radiotelevisión pública griega a través de un decreto de dudosa legalidad y que no comparten sus socios del gabinete ministerial. Salió un hediondo trajeado por las pantallas para decir que pocas horas más tarde se clausuraban los canales de radio y televisión. El portavoz gubernamental adoptó un tono de irritación moral que es muy frecuente entre los canallas más aventajados. Explicó que la plantilla laboral de la ERT era excesiva (unos 2.700 trabajadores) el despilfarro escandaloso y la gestión negligente y caótica. Sin duda en beneficio de la brevedad omitió que el aumento desproporcionado de la plantilla laboral y la gestión calamitosa de la ERT en el último cuarto de siglo son responsabilidad exclusiva de los gobiernos conservadores y socialdemócratas que se han sucedido en Grecia, no de los periodistas, los técnicos o los administrativos de la cadena. Como se sabe la troika había pedido las cabezas de varios miles de funcionarios a cambio de nuevos préstamos. A Samarás le ha fallado – entre otras razones, porque es un rematado necio – la venta de la empresa pública griega de  gas natural  al consorcio ruso Grazpom y ha hundido el buche en la televisión pública para poner en la calle a un mínimo de 2.000 profesionales.
Hace algunas semanas José Manuel Soria apuntó, refiriéndose a la televisión autonómica canaria, a una dramática alternativa: o se prefiere mantener el canal regional o se opta por alimentar a los niños isleños malnutridos. Sinceramente no sé qué resulta más miserablemente vomitivo en este aserto, si la demagogia crapulosa del ministro de Energía o la consideración implícita de que en esta famélica situación el señor Soria y el Gobierno del que forma parte no tienen ninguna responsabilidad.  La televisión autonómica canaria –como cualquier televisión pública – no puede reducirse valorativamente  a un agujero financiero. Su coste presupuestario es muy inferior a la media del país y representa 30 millones de euros en el presente ejercicio. Supone un nicho de trabajo directo o indirecto para varios cientos de personas y contribuye (o debería contribuir) a dinamizar la esclerótica industria audiovisual del archipiélago. Cuando el PP gobernó en Canarias no dudaron en atornillar en su dirección a varios tiralevitas que se dedicaron básicamente a cobrar. Otra cosa es cómo se gestionen sus contenidos. Porque francamente, en los últimos años, y tal y como señala inmejorablemente mi  amigo Calandraca, sus noticiarios son una suerte de magacín de curiosidades cuidadosamente seleccionadas para eludir cualquier atisbo de información, con Paulino Rivero interpretando el papel del león de la Metro mañana, tarde y noche. Y cuando ruge entre chácaras ya sabemos que él está ahí para evitar que nos invadan las malas noticias.

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La turronera

Nunca he sido capaz de ver en Inés Rojas una consejera del Gobierno regional o una dirigente política. Por su planta, su gestualidad, sus andares, su voz  de bolerista que hace gárgaras de pólvora y su misma forma de gestionar su chiringuito siempre me ha recordado a una turronera. “A todos los lugares llega la turronera”, cuenta Amaro Lefranc en un viejo libraco sobre las islas, “al amanecer del día en que se celebra la fiesta local. Se emplaza en el sitio de mayor tráfico o afluencia, y permanece horas y horas sentada sobre una piedrezuela aparente o sobre una banqueta de tijera que forma parte de su ajuar ambulante”. En su caso Rojas ha sustituido el tonique por una Consejería y la silla de tijera por un escaño, pero el caso es el mismo. Ahí está sentada ofreciendo sus turrones de buena voluntad con expresión generalmente compungida, como lamentando la pobreza involuntaria de su género. No tardará el día en que proclame que somos unos desgraciados. Ayer estuvo a punto de decirlo en el pleno parlamentario mientras la oposición descubría, por enésima vez, que en su caja de turrones no había nada y que no queda una mísera peladilla para las decenas de miles de ciudadanos que no disponen de recursos para tres comidas decentes diarias.
Una cosa es no tener dinero y otra no tener vergüenza, pero las turroneras, a menudo, saben que con vergüenza no se puede visitar feria alguna. Antes de fin de año llegaremos a los 400.000 desempleados en el Archipiélago pero las administraciones públicas siguen sin consensuar la organización de  la apertura de los comedores escolares durante el verano y la señora Rojas y sus turroneros son incapaces de presentar en la Cámara un plan de choque contra la pobreza y la exclusión social. Rojas y sus turroneros no se conforman con un plan, sino que se han lanzando a diseñar toda una estrategia, y ya se sabe que una estrategia exige sosiego, meticulosidad, información precisa, paciencia. Para entretener el tiempo los futuros beneficiarios de la Estrategia contra la Pobreza en Canarias — que estará preparada, no nos precipitemos, allá por diciembre — pueden seguir creando menús improvisados en los contenedores de basura o merendando en la casa de los abuelos o interponiendo acciones judiciales cuando los desalojen de viviendas públicas. Cada cosa a su tiempo, cada estrategia en su caja de turrón, cada turronera en su escaño mientras se escucha el viejo cantar de las ferias de toda la vida e Inés Rojas, presencia ausente en todas las catástrofes, practica uno de sus mohines de conmiseración:

                                                             “Te he visto en Guía, en Los Silos,
                                                             en Güimar, Fasnia y La Cuesta:
                                                            si en tanto sitio te encuentro
                                                           es porque sos turronera”
(Nota: el chiste gráfico que se incluye aquí es obra de uno de los grandes humoristas canarios de estos desgraciados años, Archipiélago Machango, que a su vez es el generoso autor de la cabecera de este blog. Para disfrutar de su ingenio mordaz y a veces desolador no duden en visitar su sitio: www.archipielagomachango.com)

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Hoteles

Frente al mar –y con una cerveza – las cosas ya han pasado para siempre o están a punto de empezar. El mar es siempre respiración asistida al horizonte y bajo esta luz prodigiosa todas las culpas y los olvidos son redimidas por el ritmo de las olas espumeantes.  Estoy a punto de fundirme beatíficamente con el agua marina o la malta cuando aparece el empresario hotelero. El empresario hotelero me mira fijamente, parece querer apurar el paso, al final se detiene, me vuelve a escrutar y decide sentarse. Intenta simular un cansancio que se le ha incrustado en los ojos y en la espalda.
–Hombre, tú por aquí…¿Pensando en los pecados de la economía canaria?
–¿Los pecados?
–Sí –sonríe torcidamente y le pide una caña al camarero con un gesto-. Porque ese es el nivel del análisis económico de todos ustedes: el Gobierno, la oposición, los partidos, los sindicatos, los periodistas…Para ustedes la economía real – de la que no entienden un carajo – es cosa de buenos y malos, de buena voluntad o perversos deseos de joder al personal, de almas puras o de pecadores…¿No es así?
–¿Por qué apareces por aquí un domingo? ¿Para fastidiarme la mañana? Ten piedad.
–La que tienen ustedes. ¿Así que estás de acuerdo en las chorradas del presidente, exigiéndonos a todos que compremos productos canarios o que contratemos a más personal?
–Hombre, yo…
–¿Sabes una cosa? Hay que ser un poco ignorante para solicitar lo primero. En mayor parte de los hoteles ya no se cocina. Se adquieren almuerzos y cenas en empresas de catering. Que se dirija a ellas y le expliquen dónde pueden comprar carne, pescado y legumbres canarias a precios competitivos.Y en cuanto a lo segundo… ¿tú, el presidente, los funcionarios o los sindicatos saben cómo se construyeron los hoteles de cuatro y cinco estrellas en los últimos quince años? Con créditos bancarios. Créditos que seguimos devolviendo. ¿Sabes cuánto debe a los bancos Sol Meliá? Más de 1.000 millones de euros. ¿Y la cadena NH? Más de 800 millones de euros. La construcción de hoteles se expandió aquí y en toda España hasta hace cinco o sesis años gracias al dinero barato. Se concedieron créditos gigantescos en la época de la burbuja, porque la burbuja inmobiliaria también fue una burbuja hotelera. Ahora todo es distinto. Cada mes se pone en venta algún hotel en Canarias. No pueden seguir afrontando su deuda bancaria renegociada año tras año. El 90% de los hoteles abiertos en Canarias sobrevive duramente haciendo equilibrios sobre los delgadísimos márgenes de beneficio que restan después de afrontar el pago de la deuda bancaria – se levantó de la silla –. Ah, y a esta cerveza me invitas tú, listillo…

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