empresarios canarios

La pachorra suicida

El silencio atronador de los grandes empresarios canarios sobre la privatización parcial de Aena. En realidad la élite empresarial isleña practica un tancredismo casi perfecto ante la mayoría de las decisiones de política económica del Gobierno de don Mariano Rajoy. Expresión de asentimiento regocijado o de temor reverencial. Sin embargo, la entrada de capital privado (hasta el 49%) en la empresa pública quizás merecería algún gesto. Pero nada. Ni un eructito disidente. Algunos lo achacan a que el sector más directamente afectado por la privatización de Aena es el turístico y el capital canario en el negocio turístico es relativamente bajo. Pero no parece un argumento convincente. Del turismo viven cientos de miles de personas por su capacidad de arrastre económico. Y, sin embargo, silencio desde las organizaciones empresariales frente a los efectos negativos de una privatización absolutamente alérgica a cualquier medida de liberalización y competencia entre los aeropuertos españoles, con los efectivos negativos que cabe esperar en la eficiencia del sector, en el coste de las empresas y, finalmente, en los precios que deberán abonar los consumidores. Por supuesto, el Gobierno central, con la abadesa Ana Pastor tejiendo y destejiendo en su celda conventual del Ministerio de Fomento,  no ha contado en absoluto con ninguna “sensibilidad autonómica” en este asunto. Esa cantinela que circuló durante algunos meses y que prometía, muy vagamente, que se establecería alguna fórmula societaria que permitiese entrar en la suculenta meriendola a los empresariados locales. Pues no. El proceso de selección de los inversores se ha atenido a los viejos principios del capitalismo castizo: entran los grandes, queridos, mimados, atragantados amiguetes de toda la vida.
La privatización de Aena es, política, económica y operativamente, una chapuza impresentable. Un mecanismo para recaudar pasta rápidamente mientras los criterios de estrategia comercial brillan por su ausencia. Un ejemplo más, aunque particularmente peligroso, del seudoreformismo del que hacen gala Mariano Rajoy y su equipo ministerial. Durante décadas Aena ha sido un gigantesco monopolio que se desplazaba torpemente entre inversiones prodigiosas y ruinosos saldos de explotación, orgulloso de sus propias dimensiones, como un obeso ligeramente oligofrénico. Del bolsillo del gigante colgarán ahora una docena de empresas y fondos de inversión que intentarán – y conseguirán – birlarnos la cartera antes, incluso, de pisar un aeropuerto. Ahora, tardíamente, el Gobierno autonómico anuncia que acudirá a los tribunales. Esta era una batalla política en el que Paulino Rivero no ha gastado ni la décima parte del tiempo y el esfuerzo de lo que dedicó a sus obsesiones petroleras. Pero suya no es toda la responsabilidad. La pasividad de las élites empresariales del país – ese silencio esquinado y rentista –  ayuda a que este país cada vez sea más inviable. Vaya que si ayuda.

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Desafección empresarial

Es muy improbable que la cumbrecita entre las organizaciones empresariales de Tenerife y Gran Canaria celebrada anteayer haya despertado simpatía en el Gobierno autonómico.  Muy particularmente la aquiescencia mostrada por José Carlos Francisco a las quejas y protestas de sus homólogos grancanarios contra le ley de Renovación Turística, exigiendo que puedan construirse hoteles de cuatro estrellas y no solo palacetes de gran lujo, ha escamado lo suyo en las inmediaciones de la Consejería de Economía y Hacienda. Por primera vez en muchos años las patronales de ambas provincias se han sentado, han dialogado y han mostrado su decisión de sistematizar estos encuentros y pronunciarse comúnmente en los asuntos que atañen a ambas, que con casi todos. Los dirigentes empresariales no suelen pronunciarse explícitamente en términos políticos pero la sintaxis de sus silencios, sus reservas, sus pausas y sus puntualizaciones suele ser bastante clara. La aproximación escenográfica entre la CEOE tinerfeña y CEE grancanaria está dictada, por supuesto, por la agudeza y prolongación de una recesión económica espeluznante que ya amenaza la viabilidad de Canarias como país. Pero eso no es todo.
En la raíz de la actitud del empresariado isleño está una creciente (aunque silenciosa, perfumada y educadísima) desafección hacia el Gobierno autonómico. Que Francisco sea un hombre capaz de entrar y salir de un jacuzzi sin romper una pompa de jabón no contradice su autonomía presidencial. Las recientes elecciones en la CEE han llevado a la dirección de la organización a un equipo de obvias simpatías (no exentas de críticas puntuales) por el Partido Popular. Y aunque en la patronal de Tenerife se mantenga la continuidad de dirigentes e intereses largamente vinculados con CC el infinito cansancio que produce el Ejecutivo regional, la hartura generalizada por el marasmo retórico y la gestión desnortada, no es menor aquí que allá. La dirección política en el proceso de renovación – y reforma – del REF es un ejemplo, aunque ciertamente no el único, de la emergente irritación de los empresarios tinerfeños, que al igual que los sindicatos mayoritarios, vieron limitada su participación a un par de reuniones donde algunos cargos intermedios sacudieron unos folios como Juan Tamariz, en sus desopilantes espectáculos de magia, sacude un pañuelo que no parece muy limpio. Un horror. Y una torpeza indescriptible. Y una irresponsabilidad supina. Confundir la renovación del REF – en su estrategia negociadora, en su concepción normativa, en la redefinición de sus instrumentos – con una carta a los Reyes Magos de Bruselas es algo que pone muy nerviosos a los empresarios. Y a cualquiera con dos dedos de frente.


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Oh, el REF

Me encantaría estar presente en las reuniones esas que el Gobierno celebra con empresarios, sindicatos y otras gentes de mal vivir sobre el Régimen Económico y Fiscal, célebre martingala que, después de treinta años de régimen autonómico, el 90% de la población continúa desconociendo casi con entusiasmo. Esta misma ignorancia bostezante es uno de los fracasos más evidentes del régimen autonómico mismo, pero le trae absolutamente sin cuidado. Los estudiantes de secundaria de New Hampshire conocen perfectamente el sistema político de su estado: deben estudiarlo y lo entienden como algo propio y que les incumbe íntimamente; la mayoría de los canarios, en cambio, no sabe ni cuántos diputados integran su parlamento. Con semejante nivel cabe esperar la capacidad crítica y la sutileza argumental de los ciudadanos isleños hacia su régimen político, que suele alcanzar su más depurada expresión en apotegmas como todos los políticos son unos mamones, esto es una mierda, vétete por ahí o deso no me preguntes, mijo. ¿Y el REF? Bueno, el REF es una criatura mitológica de la que se escucha hablar de vez en cuando, a veces un dragón bondadoso y casi filantrópico, otras una valkiria que vampiriza al sufrido pueblo y está a sueldo de la oligarquía empresarial. En consonancia con tanta excelsitud popular, los políticos y tecnócratas que nos han tocado en suerte en esta coyuntura histórica han entendido el REF, cuya renovación debe ser aprobada por Madrid y Bruselas el próximo año, como una cornucopia de píos deseos y demandas agónicas que no se le pueden negar, porque estaría feísimo, a una desdichada región ultraperiférica, cuyos habitantes tienen bastante castigo con no poder acercarse en coche a Cuenca y disfrutar de las Casas Colgadas y de la repostería de Valdecabras. Nada de estrategias articuladas, de valoraciones inteligentes, de conexión con los acelerados cambios normativos y reglamentarios en Europa actualmente en curso, de correcciones autocríticas. Nada. Dámelo todo. Sí, las reuniones deben ser indescriptibles.

— Bueno, este es el REF – Paulino Rivero sonríe-. ¿Qué les parece? ¿No está quedando mono?

— Hombre, presidente…

–No me digas que se nos ha olvidado algo… Ustedes, los empresarios…

–Nos gustaría que parte de las ayudas se dieran en metálico y parte en unicornios…Es que a nuestros hijos y nietos les gustan mucho los unicornios…

–Sin problemas, sin problemas… ¿Y los sindicatos?

–Caramba, presidente…Pues ya que lo dices… Quisiéramos más fondos para combatir el desempleo y el reconocimiento al derecho ultraperiférico a disponer de un jakuzzi como mínimo por cada bloque de viviendas…

–Hecho.

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