Izquierda Unida

Con IU no Podemos

Cada día siento una mayor admiración por los impulsores de Podemos, que demuestran una inteligencia política y una astucia estratégica poco menos que intachables. Ayer Pablo Iglesias, referente fundamental y grímpola televisiva de Podemos, descartó definitivamente cualquier pacto político-electoral con Izquierda Unida, para desolación de Alberto Garzón y otros compañeros obsesionados por el cortejo. Iglesias explicó – de veras, es para quitarse el sombrero – que su objetivo no es  confluir en un frente de izquierdas, sino estimular y encauzar “la unidad popular”. Por supuesto, lo que vote finalmente esa unidad popular es un asunto lateral al que Iglesias no se quiso referir. Ya no sirven las decisiones que toman “dirigentes políticos en un despacho”  ni los pactos “por arriba”. Lo fascinante de las declaraciones de Iglesias es que dibujan implícitamente las verdaderas razones por las que los promotores de Podemos no quieren saber absolutamente nada de IU.
Con el uso de esas expresiones derogatorias (“acuerdos en despachos, pactos por arriba”) Iglesias alude, como es obvio, a la coalición que encabeza Cayo Lara, no a su plataforma política. Podemos no pactará con Izquierda Unida porque las encuestas demuestran que no necesitan semejante acuerdo. Es más: podría ser contraproducente para los intereses de Podemos, porque la vincularía con un partido del establishment, con su herencias, sus derrotas, sus debilidades y contradicciones. El principal patrimonio de Podemos es la novedad o, si se quiere, la inocencia política y, sobre todo, histórica. Están libres del pecado mortal de la gestión y por eso tiran piedras evangélicas y las que se les devuelven apenas les afectan.  Demasiado sabe Pablo Iglesias – que fue no hace tantos años asesor de IU – que cualquier acuerdo con Podemos no dependería de un ukase de Lara o Garzón, sino que  se vería sometido a discusión y votación en los órganos de representación y dirección de la coalición nucleada alrededor del PCE. Pero para justificar sugestivamente su negativa el profesor Iglesias tiene que caricaturizar a Izquierda Unida como si fuera el Partido Liberal Fusionista de don Práxedes Mateo Sagasta.
Y atención: Podemos todavía no ha celebrado su asamblea o congreso fundacional que lo transformará, Íñigo Errejón mediante, en una organización política con estructura propia y reglamentos definidos, y sin embargo, su modesto portavoz ya ha sentenciado con claridad meridiana que con IU, ni a la esquina, porque las esquinas, gracias a Podemos, ya están a reventar con gente empoderándose de lo lindo. Empoderándose básicamente para votar a Pablo Iglesias

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Miedo

He escuchado una charla de Juan Carlos Monedero titulada algo así como El miedo tiene que cambiar de bando y he encontrado lo de siempre: marxismo escolástico, relato moralizante y medias mentiras que no hay que desnudar porque los trapos sucios no se lavan ni en casa ni en ninguna parte. Los trapos sucios son una tradición que debe respetarse y si a alguien le apestan tus calzoncillos ideológicos es porque carga con una odiosa pituitaria burguesa. Eso de que el miedo cambie de bando empezó a escucharse (o a leerse en algunas pancartas) en las concentraciones del 15 de marzo de 2011 y no es, precisamente, de lo más afortunado de esas jornadas que ahora mismo –y me parece lamentable –se antojan irrepetibles. Que el miedo cambie de bando  no es un eslogan que recoja un anhelo de libertad y de justicia, sino  una expresión quintaesenciada de resentimiento y rencor. Pero esta peña es así, capaz de ofrecernos espectáculos como su apoyo enaltecido a la ley habilitante que Nicolás Maduro ha obtenido de un parlamento en el que su fuerza política cuenta con las tres quintas partes de los escaños. Uno de los botarates de esta izquierda, Agapito se debería llamar y se llama, ha argumentado que el régimen venezolano es más democrático que el español, porque la ley habilitante solo permite a Maduro gobernar por decreto durante seis meses, mientras que en España Rajoy gobernará por decreto durante cuatro años. Sí, es una soberana estupidez, pero una estupidez que se rescata a sí misma por ser de izquierda, es decir, genéticamente incuestionable.
Izquierda Unida llevaba en su programa electoral la reforma del Consejo General del Poder Judicial, incluido la fórmula de designación de los magistrados que lo componen, esa inmunda subasta con la que los partidos mayoritarios se han asegurado la cooptación prostibularia de una institución constitucional. Pues bien, IU ha entrado en el reparto, y podrá proponer un magistrado en la inminente renovación del CGPJ. Desde su fundación en IU siempre han deambulado dos almas entrecruzadas: la socialdemócrata y posibilista y la comunista, rupturista y dizque revolucionaria. Francamente no sé cual es la más pavorosa y la que colabora más activamente al desarme real de la izquierda política española. Entre un Valcárcel y un Monedero es difícil elegir, como es muy duro optar entre la melancolía o el asco.

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Más izquierdas

Después de los comicios autonómicos y locales, la mayoría de los dirigentes de las izquierdas isleñas han cumplido rigurosamente con su liturgia poselectoral, que se articula en dos ritos. El primero consiste en escarnecer las maldades del sistema electoral, que si bien es un ejercicio coherente y aplaudible en el caso de las elecciones autonómicas y sus malhadados topes, se me antoja bastante grotesco cuando se habla del Cabildo Insular, como lo hizo Ramón Trujillo, quien aseguró que se había birlado a la coalición SXT- Izquierda Unida un consejero al que tenía derecho. Toda vez que el procedimiento para la elección de los consejeros de los cabildos insulares es idéntico al que rige en la elección de los concejales de los ayuntamientos, es decir, se atribuyen en función de los resultados del escrutinio entre los partidos que hayan obtenido al menos el 5% de los votos válidos emitidos, aplicando para la proporcionalidad la fórmula de divisor d’Hont, cabe deducir que Trujillo sostiene su argumentación exclusivamente en argumentos morales. ¿Cómo es posible que nosotros, que somos los buenos, no obtengamos ni ese mísero consejero, que además era yo? Intolerable. Es fruto de una maldad artera y planificada. Al parecer el señor Trujillo no conocía previamente el régimen electoral y se vio sorprendido por su intrínseca villanía en la noche del pasado día 22. Sí, sinceramente, Trujillo, y tantos otros trujillos de las izquierdas en los últimos veinte años, me recuerdan la irritada observación de Max Weber en El político: “Esa manía clerical de utilizar la ética para tener razón…”
El segundo rito consiste en llamar lúcidamente a la unión de las izquierdas en la lucha final. Es un clásico, pero en esta coyuntura, y observando los resultados electorales, existen razones para reformularlo. En un magnífico análisis de los resultados electorales, Daniel Cerdán ha señalado que el voto disconforme con el establhisment partidocrático en Canarias ha llevado a uno de cada tres electores a votar en blanco, a votar nulo o a preferir a opciones políticas sin representación parlamentaria, casi todas de izquierda o centro-izquierda. En todo caso la confluencia de las izquierdas en una sola plataforma político-electoral no puede ser un debate sobre cuotas en las listas o conciábulos ideológicos. Debería empezar pasado mañana. Y no únicamente en las instituciones, sino, sobre todo, en la sociedad civil canaria, cuya fortaleza y autonomía son todavía una hipótesis. Las más importantes fuerzas de las izquierdas canarias tienen que priorizar un trabajo político conjunto y coordinador en el espacio público canario antes que emperretarse en frangollar alianzas electorales tres meses antes de que se abran las urnas.

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Observación

A propósito de las explicaciones de Ramón Trujillo sobre la derrota electoral de SXT-IU al Cabildo, una derrota perfectamente predecible (y predicha) hace tres semanas, recordé de nuevo la frase de Max Weber en El Político: «Esa manía clerical de utilizar la ética para tener razón».

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