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La evaporación del futuro

Uno de los productos cuyo consumo está garantizado en los próximos años es el miedo. El Estado consumirá muchísimo miedo en el futuro inmediato y lo mismo harán los ciudadanos: miedo a la pobreza, miedo a incumplir compromisos, miedo a perder el trabajo, miedo a ser incapaz de diseñar un análisis comprensible de lo que está ocurriendo, miedo a no poder pagar la hipoteca, miedo porque se agota tu subsidio de desempleo, miedo a que la deuda pública llegue a ser inmanejable por las presiones de los mercados.  Nos llevará mucho tiempo volver a domesticar aceptablemente la incertidumbre, si es que ocurre. En la presente campaña electoral se ha agregado un nuevo – pero fundamental – matiz a la estafa política e intelectual habitual en estas liturgias democráticas: los principales partidos, sus respectivas cúpulas directivas, sus mismos candidatos, no saben ni pueden saber lo que ocurrirá ya no el próximo año, sino el próximo mes. ¿La economía italiana saltará por los aires? ¿Los Gobiernos alemán y francés desarbolarán la UniónEuropeapara crear su zona euro? No es ya disparatado, en este vertiginoso momento, plantearse si los próximos presupuestos generales del Estado, los que con toda seguridad presentará Mariano Rajoy a las Cortes en el próximo febrero o marzo, estarán redactados en pesetas o en euros. Más que nunca los programas electorales están escritos en el aire mefítico del fondo de un pozo a oscuras. Más que nunca las propuestas desprenden el tufo rancio de la nadería, porque todo se puede ir al diablo en cuestión de días o semanas o meses.

Todavía viviremos –salvo sorpresa mayúscula, en absoluto descartable – unas semanas de prórroga. Con suerte las navidades constituirán el paréntesis habitual de narcolepsia lúdica y festiva. Pero a partir de enero todo cambiará.La UniónEuropeaha establecido ya que España no cumplirá el déficit comprometido del 6% y con la boca chiquita el PP ha condicionado sus prometidas rebajas fiscales a que el mismo no se haya superado a finales de diciembre. Las perspectivas de crecimiento y paro en España anunciadas desde Bruselas son bastante espeluznantes: la primera registrará un encefalograma plano, si es que no se entra en una nueva recesión, y las segundas indican que continuará el aumento del desempleo: varias decenas de miles de parados más se sumarán a lo largo del próximo 2012. Cabe recordar que el objetivo de reducción del déficit público para 2012 es del 4,4%. Si finalmente –como auguran los oscuros profetas dela Unión– el déficit a finales de 2011 se queda en un 7% aproximadamente, en 2012, se quiera o no, se reconozca o se ignore, el nuevo Gobierno deberá llevar a cabo un recorte en las cuentas públicas superior a los 30.000 millones de euros, casi tres veces superior al que, en el año 2010, aplicó José Luis Rodríguez Zapatero. 30.000 millones de euros. No es una cifra modesta, no. Si quiere puede usted, desocupado lector – un 28% de los potenciales lectores de este artículo se encuentra, precisamente, desocupados – sumarle los 180.000 millones que el Estado deberá pagar a los tenedores de bonos y obligaciones. Y los 60.000 millones que, muy probablemente, haya que destinar para el saneamiento, supuestamente definitivo, de las entidades financieras, bancos y cajas de ahorro, por las nuevas normas sobre la composición de sus depósitos, su exposición al ladrillo o su desastrosa gestión en el caso de las segundas.

Que a estas alturas, y con todas las señalas rojas de emergencia encendidas, se continué cínicamente sosteniendo, por socialdemócratas y conservadores, que se mantendrá el malherido Estado de Bienestar, que no sufrirán aun más los sistemas públicos de educación y sanidad hasta un punto de implosión operativa, que los servicios sociales y asistenciales se conservarán milagrosamente, es una bofetada a los ciudadanos. Una burla grotesca y humillante. Una mentira ponzoñosa digna de auténticos rufianes y no de responsables políticos en una democracia más o menos civilizada. La política parece a punto de desaparecer, volatilizada su autonomía frente a los poderes financieros globalizados, pero la élite política pretende seguir autorreproduciéndose como si no ocurriera nada. El establishment político cada vez gobierna menos – y no se trata de añorar románticamente soberanías nacionales, sino de asumir que las cesiones de soberanía a estructuras vagamente federales son todavía más vagamente democráticas —  pero su obsesión por ocupar ese Gobierno minusválido continúa, como es obvio, intacta. Suponen – y a un servidor le pasma semejante suposición – que el sistema político e institucional no puede sufrir una crisis de legitimación tan extensa y grave que acabe socavándolo irremediablemente. Es su penúltima certidumbre. Sinceramente, a medio plazo, no estaría tan seguro. Las consecuencias económicas de la crisis sistémica – producto de la convergencia global entre una revolución tecnoindustrial inusitadamente poderosa y un reformismo retrógrado que ha eliminado las limitaciones y obligaciones del capital financiero – están entrelazadas a sus consecuencias políticas, y la consecuencia política más trascendental consiste, precisamente, en la erosión de la democracia, en la desintegración de la autonomía de la acción política, en el descalabro de la autonomía de los individuos, en  la evaporación del concepto de ciudadanía.

¿Y Canarias? Canarias – esta es otra realidad elemental cuidadosamente censurada – lo va a pasar mal. Especialmente mal. Y lo pasará mal porque, sencillamente, dispone de un sistema económico extremadamente dependiente del gasto público – de una amplísima panoplia de subvenciones y ayudas que abarcan desde la agricultura a los transportes – y de la inversión pública. Quizás, como gusta en repetir premonitoriamente el presidente del Gobierno autonómico, Paulino Rivero, Canarias se convierta en un problema de Estado pero, en ese caso, no será el mayor problema que deba soportar el Estado español.

¿Y las izquierdas? Muchos se preocupan – y no niego que sea preocupante – por su situación en el presente. Pero lo más dramático, respecto a la izquierda, es precisamente el futuro. Para las izquierdas, que durante doscientos años lucharon (y en muchos sitios y coyunturas consiguieron) un mundo más habitable, más digno y más justo, el presente solía ser de otros. El presente era de la injusticia, de las causas perdidas, de los objetivos no plenamente conseguidos, de las derrotas atroces, de los trileros y los explotadores, pero el futuro era suyo: el futuro era el espacio de un proyecto político democrático, participativo, distributivo y benemérito. Pero en el universo cognitivo de las izquierdas el futuro se ha diluido como categoría significativa. Antes era un dato conocido, y hoy es el vacío más vertiginoso, y por eso los que hasta anteayer anhelaban la disolución del Estado ahora lo defienden (llamándolo lo público) fervorosamente, y los que tachaban al Estado de Bienestar como una engañifa socialdemócrata para abandonar la revolución, son sus más ardorosos apologetas. Las izquierdas miran hacia el pasado inmediato en una actitud paradójicamente conservadora y solo oponen, desvaídamente, una ética de la resistencia   frente a la antaño heroica (y a menudo catastrófica) ética de la emancipación. Los más estúpidos siguen confiando en el derrumbe total y definitivo para construir entre las ruinas la enésima utopía. A estas alturas no es raro que la escriban con hache.

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Entre el ser y la nada

Básicamente los empresarios y agentes culturales tienen razón en su bronca protesta contra el hundimiento del presupuesto de la Viceconsejeríade Cultura y Deportes del Gobierno autonómico en casi dos tercios. Uno piensa que, incluso, tienen más razón de lo que suponen, lo que es curioso, en vista de algunos de sus peregrinos argumentos y de la peligrosa ignorancia de la que hacen gala respecto al apocalipsis económico, presupuestario y fiscal en el que estamos instalados. Incluso sin discutir la necesidad de recortes en unos presupuestos generales centrados en aminorar el impacto en los sistemas públicos de sanidad y educación, el Gobierno autonómico yerra en someter  a una desertificación feroz al sector de la industria y la promoción culturales en el Archipiélago. Las autoridades de la Consejeríade Economía y Hacienda quizás sean conscientes, en líneas generales, de las consecuencias negativas inmediatas del hachazo que se propinará a los recursos presupuestarios dela Viceconsejería de Cultura, pero es evidente que no se ha evaluado la proyección que, a largo plazo, tendrá esta brutal amputación financiera. Las consecuencias fundamentales son tres:

1. Quedará afectado gravemente una de los objetivos básicos de un Estado social y democrático: la contribución para estimular el acceso de la ciudadanía a los bienes culturales, sea un concierto, una exposición plástica o una obra de teatro. Prolongada en el tiempo – porque los presupuestos generales de 2012 inauguran un nuevo ciclo y la recuperación de las cuentas públicas no es previsible en los próximos años, quizás en los próximos lustros – esta situación significa un ataque en toda regla, un ataque en carne propia si se quiere, a la democratización cultural de una sociedad. El binomio producción/consumo cultural es, asimismo, un catalizador de cohesión social, y representa un acicate fundamental para la interlocución pública, con todas sus consecuencias en impacto mediático, imagen pública y peso simbólico.

2. Supondrá tirar directamente a la basura veinte años, quizás veinticinco años, de un esfuerzo presupuestario en el que, pese a la improvisación de ocurrencias, estupidez gestora, el despilfarro, las tentaciones de dirigismo y la confusión entre inversión y gasto, se ha realizado un esfuerzo presupuestario continuado, que de una manera u otra, ha contribuido a la creación de una urdimbre de empresas con capacidad para generar y mantener, directa e indirectamente, miles de puestos de trabajo, y a una red de centros y espacios de titularidad pública ahora abruptamente destinados a la soledad.  El último cuarto de siglo, por tanto, no ha existido, y las infraestructuras creadas durante el mismo (auditorios, teatros, centros culturales, espacios artísticos) tendrían el mismo papel que la Estatuade la Libertaden el filme El planeta de los simios: testigos melancólicos de lo que pudo haber sido y no fue.

3. Significa renunciar a una de las escasas opciones estratégicas de actividad económica y creación de puestos de trabajo con que cuenta el Archipiélago. Tal y como explica Javier Jiménez, en los últimos años se han desarrollado ciertas sinergias, todavía iniciales, entre las administraciones públicas y el sector privado que apuntaban a superar, precisamente, el mero subvencionismo. En todo caso la transformación de un conglomerado heterogéneo y difuso de actividades poco capitalizadas en una industria autosuficiente y articulada lleva su tiempo. Es una tarea de colaboración entre el sector público y el privado a medio y largo plazo que en Canarias – no conviene olvidarlo – parte de anteayer, a mediados de los años ochenta, en unas islas en condiciones económicas delicadas, una sociedad civil desarticulada y un aislamiento, agravado por la dictadura franquista, de muchas décadas. Vaciar presupuestariamentela Viceconsejeríade Cultura y Deportes significa bloquear, en definitiva, una actividad económica y empresarial que podría y debería conectarse con las únicas fortalezas económicas que registra Canarias: el turismo de calidad y la potencialidad del archipiélago como plataforma internacional – en los campos de la edición y la cooperación cultural, por ejemplo.

La actitud de los más concernidos por la catástrofe presupuestaria, sin embargo, ha sido sorprendente. Tienen un parte sustancial de responsabilidad en la situación a la que se han visto abocados, como la tiene el equipo del viceconsejero, Alberto Delgado, que eludió durante tres años una reorganización del gasto y los programas más selectiva, prudente e inteligente. En su inmensa mayoría las empresas y promotores culturales no han intentado siquiera avanzar más allá – y en absoluto es fácil — de una relación de dependencia estructural de los presupuestos públicos. Lo sorprendente es que la única solución en la que insisten estrepitosamente consiste en el mantenimiento de los presupuestos de la Viceconsejeríade Cultura; si acaso, se reclaman “dispuestos” a un descenso “solidario”, después de recordar que las partidas presupuestarias no han dejado de disminuir en los últimos años. Detrás de estas gemebundas aseveraciones hay un rasgo preocupante, pero muy ilustrativo: los presupuestos de la Viceconsejeríade Cultura, tal y cómo se desprende de tales declaraciones, son suyos. Es difícil encontrar un concepto tan fuertemente propietario sobre los presupuestos públicos en otros sectores profesionales y económicos. Y eso es un error conceptual fundamental: los recursos presupuestarios no son de ningún colectivo empresarial o profesional en concreto, son de todos. Los empresarios y promotores culturales canarios han llegado a la compleja tesitura de soportar una tempestad devastadora que obligará a cierres y a fusiones empresariales, pero, sobre todo, de reinventarse casi radicalmente. Se puede insistir hasta la náusea en la queja, la indignación o el estupor, pero el miserabilismo  presupuestario no se modificará  en los próximos años. Lo que debe exigírsele al Gobierno no es dinero, no es ni puede ser un compromiso presupuestario, sino un compromiso político y técnico que podría concretarse en las siguientes pautas:

a) Un compromiso explícito del Gobierno regional para potenciar todos sus recursos políticos y técnicos a favor de la inclusión de empresas y actividades culturales del Archipiélago en fondos dela UniónEuropea, potenciando los proyectos de partenariado, y asesorando directamente a los interesados.

b) Un compromiso del Gobierno regional para buscar nuevos incentivos fiscales a la actividad cultural con el objetivo final de alcanzar una ley canaria del mecenazgo en esta legislatura, estimulando la participación del capital privado.

c) Un compromiso del Gobierno regional para facilitar el acceso preferente a otros programas y líneas de ayuda en otros departamentos del Ejecutivo.

d) Un compromiso del Gobierno regional para estudiar, al menos, una modificación de los reglamentos dela RICpara su materialización en proyectos empresariales ligados a la cultura y el ocio.

e) Un compromiso del Gobierno regional en establecer planes de colaboración reales y realistas, dotados de ficha técnica, con ayuntamientos y cabildos para maximizar los recursos presupuestarios existentes en materia de política cultural, fomentando la emprendeduría y la promoción de promotores.

No es mucho, ciertamente, pero peor es nada, es decir, continuar emitiendo manifiestos y convocando reuniones catárticas de humillados y ofendidos. 

 

 

 

 

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Después de ETA

El fin de ETA. La violencia terrorista etarra muy probablemente ha acabado, ETA misma, todavía no, y su placenta ideológica y cultural, aun menos. La actividad de la organización ETA ha acabado como resultado de la inviabilidad del asesinato y la coacción como metodología de acción política sedicentemente revolucionaria enla Europa del siglo XXI. Ha terminado por el acorralamiento, cada vez más sistemático, diligente y coordinado, de las fuerzas policiales y de los servicios de inteligencia españoles y franceses. ETA ha cerrado la tienda porque, en esta situación de debilidad estratégica, táctica y económica, cada día más agudizada, la mayoría de sus matarifes se inclinaron a admitir que la opción de participar en las elecciones y defender los postulados de un independentismo de izquierdas – adobado aun con todos los perifollos retóricos del comunismo y el asamblearismo – resultaba políticamente más rentable que seguir asesinando, secuestrando, amedrentando a la gente. ETA contó durante muchos años con un apoyo social amplio, que por supuesto no se limitó a la izquierda abertzale. Era un apoyo de variado y repulsivo registro semántico: los que apoyaban el asesinato político como vía insurreccional o estrategia de tensión, los que no lo apoyaban, pero lo consideraban un factor ventajoso; los que sentían asquitos, pero decían comprenderlo, entre cabezadas quejumbrosas, por la terrible opresión que sufría el País Vasco. Para la derecha peneuvista eran hijos descarriados y atrabilarios, pero, por supuesto, eran antes hijos que delincuentes: sangre de su sangre que a otros hacía sangrar. Siempre a otros. La dictadura franquista fue la mecha del independentismo etarra,  pero este variopinto apoyo se mantuvo intacto, más o menos, hasta mediados de los años noventa, y solo a partir del atroz asesinato de Miguel Ángel Blanco comenzó a erosionarse seriamente: para pasmo de los terroristas, Ermua se puso en pié, y la reacción cívica se convirtió en legión de manifestantes hartos de sangre, miedo y necedades. En ese momento (1997) Euzkadi llevaba ya 17 años de gobierno autonómico ininterrumpidamente presidido por el PNV, 17 años de concierto económico, 17 años de diputaciones y ayuntamientos libremente elegidos, 17 años de desarrollo legal y normativos propios, 17 años con su propia política educativa, cultural y lingüïstica. Y había transcurrido más de una década desde que el Estado había abandonado toda tentación de violencia extralegal y extrajudicial: lo mismo que otras organizaciones e iniciativas estatales y paraestatales anteriores, el GAL, además de matar y torturar, significó un daño profundo, y no precisamente una solución, en el intento de desterrar la violencia etarra y desacreditar a sus apologetas. “España no sigue matando”. No era España, por supuesto. Y las instituciones democráticas españolas juzgaron en tribunales, sentaron en el banquillo y sentenciaron a prisión a un exministro, un exsecretario de Estado, un teniente coronel dela Guardia Civil y varios agentes y colaboradores necesarios. Parala España constitucional el GAL era una anomalía criminal y por el sistema legal español fueron juzgados y sentenciados como delincuentes. En cambio los asesinos etarras, para el sector mayoritario de la izquierda independentista, no eran vulgares matones, sino valientes gudaris cuyo nombre y gestas deberían honrarse, y así se hacía, y se sigue haciendo, en mítines, asambleas y manifestaciones. Son víctimas, también, y que nadie lo olvide, pero se les homenajea como a honestos verdugos.

2. Conflicto de legitimidades y doble programa. ETA deja de matar. No anuncia su disolución y tal vez no lo hará nunca: queda latiendo como una calavera sonriente suspendida en hibernación, como una amenaza fantasmal que custodia su propia historia. Queda un problema, claro: la convivencia democrática. La reconstituida izquierda independentista – y no solo Bildu, sino organizaciones como Aralar, que comparten análisis básico – tiene un programa de máximos y otro de mínimos y se moverá ágilmente entre ambos. El programa de máximos consiste en exigir que el Gobierno español negocie un proceso para una consulta sobre la independencia cuyos resultados se comprometa a respetar ante autoridades y observadores internacionales. “Ya no se mata, se secuestra ni se extorsiona. Hemos elegido la vía democrática y legalista. ¿No cabe todo en esta democracia de ustedes? Pues queremos y tendremos la independencia”. Bildu y sus aliados fácticos saben, por supuesto, que este programa es inasumible actualmente por el Estado español, pero dedicarán el próximo año y medio, hasta las elecciones autonómicas, para articular un frente soberanista con el PNV – ya se le ofreció a los peneuvistas una coalición electoral de cara a las elecciones del 20 de noviembre, rápidamente rechazada — y con el respaldo activo de su muy ampliada base municipal y provincial. El programa de mínimos se fundamenta en una negociación sobre “los resultados del conflicto”, según la estilística etarra y batasunera más tradicional: amnistía, liberación de presos, acercamiento de los mismos, modificaciones legales o hasta estatutarias. Son dos programas sobre los que Bildu y sus colegas pedalearán simultáneamente y sin riesgo aparente de caídas estruendosas. Básicamente los dirigentes de Bildu son brillantes estrategas políticos y magníficos propagandistas, como ha demostrado la llamada Conferencia de San Sebastián. La gestión de los recursos públicos les interesa – por el momento — mucho menos, salvo en lo que toca, precisamente, a las necesidades de adoctrinamiento, agitación y propaganda. Un sketch  del programa Vaya semanita lo explica muy bien: en un ayuntamiento vasco unos concejales de Bildu con mayoría absoluta son advertidos por el interventor municipal sobre los problemas con el servicio de basuras. Los concejales se indignan y gritan al unísono: “¡Vamos a manifestarnos inmediatamente!”. Persiste, por supuesto, la proyección sistemática de un conflicto de legitimidades, que se mantiene al rojo vivo mientras se utiliza la legalidad vigente para denunciarlo desde el poder político y presupuestario que otorga el control de diputaciones y ayuntamientos.

3. La mística de la violencia revolucionaria y un totalitarismo de rostro humano. El sustrato de la mística de la violencia revolucionaria no ha desaparecido, aunque se renuncie a matar por objetivos políticos. La democracia, para Bildo y sus congéneres, es únicamente un conjunto de reglas que pueden y deben utilizarse para imponer un proyecto político irreversible desde una mayoría social al que le bastaría el 51% de los votos para sentirse legitimada per secula seculorum. El socialismo, el otro elemento del binomio programático, es un apéndice sin importancia. Es el suyo un socialismo cuyos principios y métodos no van más allá de enunciados abstractos y que entran en contradicción directa (por ejemplo) con los intereses sociales que defiende el PNV. Así que, en realidad, la independencia lo es todo, y la euskadización a machamartillo de Euskadi el objetivo prioritario. Sí, eso es todo: la independencia como cura de todos los males sociales, bálsamo de un dolor secular, apósito para la melancolía de una patria imaginaria, pago de la sangre derramada, llave de oro que abrirá la única puerta que conduce a la feliz dignidad del pueblo. Los que no compartan esta radiante necedad siguen siendo traidores al pueblo vasco y no tendrán sitio en el sagrado recinto de la libertad.      

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Diccionario para una crisis vulcanológica

Armas, Alpidio: Presidente del Cabildo de El Hierro que se metió en política después de ser rechazado en el casting de Dante’s Peak// Según una antigua leyenda bimbache, lagarto de Salmor que se transformó en presidente del Cabildo Insular al inhalar los gases sulfurosos de una antidiluviana erupción volcánica// Él mismo y sus circunstancias. 

Carracedo: Científico que suele tener razón y que es apabullantemente consciente de que suele tenerla.// Fuente de información universal a la que se rinde, con excepciones, unánime y hasta reverencial acatamiento. (véase Nemesio).

Civismo: Impulso connatural y admirable en el pueblo herreño que les lleva a no arrojarse por las ventanas, ni a liquidar a sus familiares usando escopetas de cañones recortados, ni a enterrar veinte kilos de quesadilla en las macetas de sus casas ni a atacar furibundamente a los equipos dela Cruz Roja con horcas y cuchillos.

La Restinga: Pueblo fantasma de El Hierro, habitado hasta el otoño del año 2011 y convertido después en un parque temático financiados con fondos dela RIC por los cuatro de siempre y dirigido, en una primera etapa, por don Eligio Hernández.

La Respinga: Nombre por el que es conocida la localidad de La Restinga en los medios de comunicación peninsulares y que es pronunciado con regocijada fruición por las locutoras de las televisiones nacionales// Locución popular: “Esto es la Respinga”. Se utiliza para evidenciar una situación particularmente grave, conmovedora o asombrosa. Según Corominas, no guarda necesariamente relación con el tamaño.

Mancha, La: Amenazante extensión de color pardo-verduzco sobre el mar, a corta distancia de las costas herreñas que, según los especialistas en tertulias radiofónicas y televisivas, tiene su origen a) en una incipiente erupción volcánica submarina a unos200 metros de profundidad; b) Un atentado ecologista contra el Mar de las Calmas relacionado con la construcción del puerto industrial de Granadilla; c) Una manifestación de organismos marinos a favor de la reposición de Belén Allende en la presidencia del Cabildo Insular; d) Una señal evidente de un tsunami; e) Es otro tremor, f) Hay que preguntarle a Carracedo; g) Es lava; h) No es lava; i) Huele muy mal; j) No huele; k) La erupción avanza; l) La erupción se ha detenido; ll) Es una oportunidad para reanimar la actividad turística en El Hierro; m) Es sospechoso que casi haya coincidido con la llegada de las tropas del Ejército español; n) Hay que llamar a Carracedo, o) No puede hacerse nada; p) Que abran el túnel; q) la carretera vieja no está tan mal; r) pasamos a publicidad; s) es otro tremor; t) Son los restos de los restaurante de marisco y pescado deLa Restinga; u) Simplemente se trata de salmuera; u) Todos los peces de la zona han quedado sancochados; v) Se aproximan más tremores; w) un indiciode la necesidad de que intervengala Armada, z) que le pregunten a los pescadores.

Mero: Pez osteíctio del orden perciforme al que en ningún momento se le advirtió sobre la posibilidad de una erupción submarina en las proximidades de la costa herreña con grave riesgo para su vida y domicilio. Las asociaciones ecologistas, sin descartar a los propios meros, estudian presentar una querella criminal contra el viceconsejero de Pesca del Gobierno de Canarias.

Nemesio: Científico incomprendido que consigue hacerse entender en un dialecto poco estudiado del idioma español. Pica mucho entre horas.//Científico que ha comprobado la curiosa pero persistente tendencia ajena a equivocarse sistemáticamente en los puntos más relevantes de cualquier análisis (véase Carracedo).

Nobleza: Siempre es baturra.

Normalidad: Situación que se vivirá en El Hierro, ocurra lo que ocurra, para eludir, precisamente, cualquier circunstancia anómala// Eufemismo vulcanológico.// Fastidio que impide a los periodistas hacer su trabajo y proporcionar jugosos datos e imágenes sobre el desorden, la angustia, la incertidumbre y la desgracia.

Nonangenarias: Especialistas en geociencias que, gestionando un conocimiento infuso que se pierde en la noche de los tiempos, han sustituido, en los principales centros universitarios del mundo, a sismólogos y vulcanólogos.// Señoras de edad provecta con una memoria portentosa que va más allá de la fecha de su DNI. // Señoras de edad matusalémica que custodian los derechos de propiedad de los volcanes sobre la liliputiense soberbia de los seres humanos. Siempre aciertan en la lotería y si les duelen los juanetes resulta una señal inequívoca de lluvias torrenciales, bruscas bajadas de temperatura o erupciones submarinas.  

Novena Isla: La que, según una extensa y entusiasta tribu de frikis, está a punto de emerger al sur de El Hierro. Algunas fuentes señalan que se ha visto por las inmediaciones a Tomás Padrón con una bandera herreña bajo el sobaco.

Pancho, el Mero: Conocido pez que habitaba en el Mar de las Calmas y que alcanzó una enorme popularidad, en la primera década del siglo XXI, gracias a un reportaje promocional que se emitía a todas horas, con una evidente voluntad sádica, en los espacios publicitarios de Tele 5. Hasta finales de 2011 se aseguraba que había sido pescado y devorado en una caldereta, pero estudiosos como Sergio de Armas, en su monografía No fue un mero almuerzo, señalan que Pancho pudo haberse suicidado para evitar ver la destrucción de El Hierro por una erupción volcánica o la llegada de Alpidio Armas al Cabildo Insular (véase Armas, Alpidio).

Robot submarino: Aparato legendario, de gran sofisticación tecnológica, tan difícil de localizar y encontrar como el vellocinio de oro//. Aparato submarino sobre el que una asociación de televidentes ha sugerido que incorpore a su tripulación a los presentadores y artistas del programaLa Gala, dotados con cámaras para analizar la erupción submarina en las proximidades de El Hierro, a condición de que nunca más vuelvan a la superficie.

Sismógrafo: Aparato cabalístico que registra los tremores y difunde los temores (véase Tremores).

Santana, Juan: Director general de Seguridad y Emergencias del Gobierno de Canarias que transmite, gracias a su fluidez verbal y su código gestual, la misma tranquilidad que un eficiente empleado de pompas fúnebres.

Tremor: Personaje ficticio de la serie del videojuego de lucha Mortal Kombat// Primera parte de la obra Tremor y temblor, del vulcanólogo aficionado Sören Kierkegaard// Señal continua asociada a una actividad eruptiva que, como su propio nombre indica, produce mucho miedico y que muestra a menudo un comportamiento sinuoso y poco fiable para despistar a los políticos y los periodistas con el artero propósito de dejarlos en ridículo.

 

 

 

 

 

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Autoretrato del escritor (con Melini al fondo)

Tengo que agradecerle a Nicolás Melini el artículo publicado el pasado miércoles en Diario de Avisos, en supuesta réplica a uno anterior de un servidor sobre la actitud – la falta de actitud, digamos – de los escritores isleños  frente al Salón Internacional del Libro Africano (SILA). Y tengo que agradecérselo porque Melini, en su gesto de dignidad ofendida, tan generoso que se arroga la representación de todos los letraheridos de nuestras ínsulas baratarias, ejecuta un magnífico autorretrato del escritor canario, cuya figura central es él mismo, y el fondo, una galería de espejos que lo repiten hasta el infinito. Este narcisismo radicalmente satisfecho consigo mismo, no es, por supuesto, una patología isleña. Los escritores suelen estar encantados de conocerse, muchos no entienden que el ordenador o la olivetti no aplaudan estruendosamente cuando terminan su novela y el legítimo afán  de colonizar un espacio público o incluso de profesionalizarse les desliza por un laberinto inacabable donde el reconocimiento lisonjero de su obra – entiéndase: no su obra en sí — es la única brújula digna de fidelidad. Una fidelidad perruna. Lo que encuentro distintivamente irritante es esa combinación letárgica entre arrogancia de escriba, ignorancia despreocupada e hipocresía militante que queda patente cuando los escritores canarios (con las escasas y agradecidas excepciones de rigor) no muestran el más modesto interés por un proyecto como el SILA y, sobre todo, cuando toman la palabra para disculpar ridículamente su indolencia vital e intelectual por lo que ocurre alrededor.

Porque Nicolás Melini, en su pequeña y sentida apología de la ausencia, no dedica una sola palabra al Salón Internacional del Libro Africano. Todo su esfuerzo se centra en explicar que los escritores isleños no tienen que estar ahí. Para explicar que los escritores canarios no tienen que estar ahí –  al contrario que los escritores africanos, europeos y americanos, tan impertinentemente presentes – Melini se refiere a convocatorias y saraos literarios a los que novelistas, poetas o dramaturgos no asisten si no se les invita para participar activamente en los mismos. Melini, para entendernos, es como Javier Marías, Michel Houellebecq o César Aira: si no es él el que está bajo el foco, no va. El escritor palmero se asombra mucho de que en provincias no entendamos estas cosas elementales, que presenta como una ley tan universal como la gravedad. No hay cosa tan lamentable como un provinciano en Madrid – los hay a miles — que desde la capital dicta normas planetarias para cubrir púdicamente sus antojos, sus apetitos o sus renuncias. Al SILA, como ocurre en otros eventos de esta naturaleza, llegan cada vez más numerosas solicitudes de participación: escritores, profesores o editores de Benín, de Costa de Marfil, del Senegal o de Angola que quieren asistir, participar, intercambiar información, debatir, negociar. En su inmensa mayoría no son adolescentes sensibles en busca de tocarle las solapas a un escritor famoso, y es una suerte, porque en los salones del SILA no encontrarían a Melini, ni a sus solapas, ni a sus solapamientos. Son escritores, profesores y editores intensamente comprometidos con el libro y la literatura, a menudo en condiciones políticas y sociales angustiosas,  y que no esperan a ser invitados, con una calesa puesta a su disposición, mientras levantan sus prodigiosos castillos verbales en el patio de su casa. Pero más allá de los ringorrangos protocolarios, ¿ninguna curiosidad, en serio? ¿Ningún interés? ¿Te da lo mismo? ¿Se reúnen aquí grandes escritores de los que aprender, profesores a los que escuchar su experiencia en universidades de tres continentes, editores con los que quizás trabajar en otros idiomas, en otros ámbitos, en otras culturas?  Es una puerta abierta a un conjunto de horizontes ilimitados: novelas y poemas, bellezas y horrores, tradiciones y vanguardias, conflictos y esperanzas, luchas por la palabra y por desmontar los discursos legitimadores de la barbarie, relatos tan hermosos y viejos como el mundo, bibliotecas por construir y voces que inaugurar, temblando de erizada belleza en el amanecer de un idioma literario. El festín está puesto y se enriquecería aun más con otras propuestas. Pero no te han invitado. No te han dado el tarjetón. Así que pasas de largo. Buen viaje, como siempre, hacia tí mismo.

Antes hablé de hipocresía. Durante años – y desde siempre – la crítica sobre el miserabilismo cultural de Canarias ha sido imprescindible. Y sigue siéndola sin duda. Sin embargo, cuando dos empresas privadas, Mirmidón y Baile del Sol, impulsan un proyecto tan ambicioso y complejo como el SILA, y saben interesar en el mismo a las administraciones públicas (Unión Europea, Casa África, Gobierno de Canarias, Cabildo de Tenerife) la indiferencia injustificable brilla con más intensidad que la crítica justificada. Y por los mismos escritores que se lamentan quejicosamente de la falta de reconocimiento en su propio país, de las dificultades de publicación, de la nula atención de una crítica literaria que no sabe valorarlos adecuadamente o que, sin más monsergas, no existe. Nicolás Melini, junto a otros escritores canarios, forman parte de un movimiento, el que se ha nucleado alrededor de un libro, Generación 21, y de una colección editorial puesta en marcha con entusiasmo por un editor admirable, Ánghel Morales. Me parece muy bien: quieren atención, buscan notoriedad, se unen para sumar esfuerzos y beneficiarse mutuamente como autores en busca de lectores, escrutinio crítico y nuevas oportunidades de edición. Se trata de una operación reiteradamente practicada en la literatura canaria, como en otras, con resultados variables. Pero, considerando incluso alguna salvedad, los escritores isleños de Generación 21 detienen sus críticas exactamente en el límite de sus intereses particulares. Lo demás se las trae al pairo, sin reparar en que en lo demás está incluida la sociedad que los lee (o no los lee),  las políticas institucionales que les afectan (o no los afectan) y el mundo editorial que les proyecta (o que no les proyecta) hacia sus hipotéticos lectores. En el caso de Nicolás Melini esta interés excluyente por los escritores, pobrecitos, esta priorización del yoísmo literario llega a extremos paroxísticos: basta recordar las intervenciones en las que solicita que los poderes públicos, a través de un conjunto de políticas sabiamente concertadas, ayuden al escritor a concentrarse en su obra, eludiendo la molestia de trabajar para comer, y desde el supuesto de que este esfuerzo institucional redundaría cualitativa y cuantitativamente en una emulsión literaria sin duda excepcional.

Al final de su artículo Melini deplora que mi catilinaria haya zaherido a los escritores canarios; ha sido un desmán “que nos hemos llevado sin comerlo ni beberlo”. Me parece una observación muy sincera, una acusación cargada de sentido. No se los ha invitado ni a comer ni a beber, no se han comido ni bebido nada, en suma, y todavía se les critica.

 

Publicado el por Alfonso González Jerez en Me pagan por esto ¿Qué opinas?